Amor y Destino: Dos juegos prohibidos

By: Ennovi


CAPITULO 24: El Recital de Navidad.

Las luces iluminaban la ciudad, las canciones, la nieve creaban la atmósfera perfecta para aquella noche.

Pero nada brillaba con tanta intensidad que el teatro de la Nacional de música, luces destellantes alumbraban las afueras del lugar, los vehículos iban llegando uno a uno mientras que un chico los estacionaba en la parte de atrás, la gente elegantemente vestida y bien abrigada entraban con sonrisas en el rostro y ocupaban las butacas entre charla, risas y buen humor, esperando el momento en que todo comenzara.

Y mientras el bullicio entraba poco a poco al teatro, atrás en los camerinos, los nervios afloraban en todo momento, las madres de los niños que participaban en el recital, se empeñaban en que sus hijos lucieran impecables, veías a mas de una colocándole más gel a uno, otra arreglándole el traje y otras más tomando fotos de su niño antes de salir a escena, si bien los pobres chiquillos estaban nervioso, se ponían a un más con sus madres sobre de ellos.

Pero nadie estaba más nervioso que la hermosa mujer rubia que terminaba de arreglarse en el camerino contiguo, no había ensayado su canción, peor aún, no tenía ni más la remota idea de que canción tocaría, temía hacer el ridículo delante de todas esas personas que venían a ver y a escuchar el recital, se coloco los aretes dorados y se miro en el espejo, sonrió satisfecha, estaba lista, solo tenía que esperar a que su turno de salir llegará.

Fue el primero en llegar, ocupo una de las butacas que se encontraba en una de las orillas, desde su asiento se alcanzaba a ver al grupo de niños que se iban formando en hilera, esperando su turno para salir, sonrió para sí mismo y se pregunto una vez más que hacía en ese lugar, escucho como iban entrando más gente y volvió el rostro para buscar un rostro conocido, y lo encontró, Hao Asakura había llegado y al encontrar su rostro se fue a sentar a lado suyo.

-Len, ¡Qué milagro que te dejas ver!-dijo con una sonrisa mientras se sentaba a su izquierda.

-Ya vez, pensé que sería bueno salir a distraerme un poco.

-Sí, hace mucho que no te veía, he tenido tanto trabajo últimamente que ya no me alcanza el tiempo, pero hoy cancele todo para poder venir a ver a Anna.

-¿Anna tocara en el recital?-pregunto sorprendido.

-Sí, creí que sabías, es más supuse que fue ella la que te invitó.

-No, en realidad me invito Yoh.

Ya estaba casi lleno el teatro cuando llegaron.

-¡Maldición!-grito Horo Horo, provocando que varias ancianas lo miraran despectivamente.

-Cállate hermano-le reprendió Pilika por lo bajo-Este no es lugar para andar blasfemando.

-Será mejor que busquemos asientos-la dulce voz de Tamao sugirió.

Revisaron el lugar con la mirada, todo estaba casi lleno.

-Ahí-dijo Jean y señalo tres lugares vacíos en una de las orillas del teatro.

Caminaron hasta llegar al lugar señalado, solo había dos hombres que platicaban entretenidos, Pilika fue la primera en pasarse y sentarse, le siguió Lyserg y por ultimo Jean, Horo Horo y Tamao se quedaron sin asiento.

Platicaba con Hao de trabajo, de que pronto regresaría a China y cosas superficiales, Hao por su parte platicaba de su naciente amistad con Jean y Len no pudo evitar hacer una mueca de desprecio, estaba tratando de borrarla de su rostro cuando escucho:

-Oh, mi hermano y Tamao se han quedado sin asiento-exclamó.

Hao levantó la mirada y vio a su cuñada junto con su grupo de amigos, su mirada se ilumino al encontrar del otro extremo a Jean.

-Tamao, Jean, ¡Qué sorpresa!-les dijo provocando que todos se miraran y sonrieran.

Len volteo lentamente, esperaba lo peor, de todas las personas que pudieron sentarse a su lado aquel día, tenía que ser “ella”, la que ocupara el asiento de a lado. Cuando se volvió totalmente sus ojos se encontraron con los de Pilika, un grito de asombro y de horror fue expulsado por los dos:

-¡Tú!

Todos dejaron sus efusivos saludos para mirarlos, sus expresiones alegres cambiaron por unas serias y sombrías, al notar como Pilika miraba con infinito odio a Len.

-Esto es el colmo-bufo-Habiendo tantos lugares en el mundo tenía que venir a ocupar uno, justo a lado de Len Tao.

-Pues yo no estoy muy contento-repuso Len.

-Chicos, tranquilícense-dijo tímidamente Tamao.

-No, ¿saben que?, Yo me cambio de lugar-dijo furiosa Pilika, y se levanto.

Justo en ese momento las luces se apagaron, el recital estaba a punto de comenzar.

De la sorpresa Pilika volvió a sentarse, pero debido a la oscuridad, se tropezó con su propio pie, cayendo en las piernas de Len.

Él joven alzó las manos instintivamente, pero no pudo ocultar su sonrojo y el leve temblor de su cuerpo, ella se quito rápidamente, se disculpo y se sentó, ella también estaba sumamente ruborizada, por instantes volvió a sentir ese nerviosismo que experimentaba cuando la abrazaba o cuando sus cuerpos estaban sumamente cerca.

Tamao y Horo Horo veían divertidos aquella escena, pero dejaron de sonreír al notar que ellos no tenían lugar.

-Ya sé-le dijo ella-busquemos a Yoh, quizás nos permita ver el recital atrás del telón.

-Me parece buena idea, eso es mejor que sentarse vestido de gala en el suelo-susurro.

Y caminando despacio en la oscuridad fueron en busca de Yoh.

Llego taradísimo, las luces ya estaban apagadas y la voz del presentador se alcanzaba a escuchar en la entrada.

Choco con dos personas que pasaban y que no distinguió en la oscuridad, buscó con desesperación un lugar, había rentado el traje y no iba ensuciarlo sentándose en el piso.

-¡Ese del copete, que se siente!-escucho que gritaban.

Era verdad su peinado despistador era sumamente grande, tenía que sentarse y ya.

Para su sorpresa y alivio encontró un lugar casi enfrente, se dirigió cautelosamente y se sentó.

-¿Podría despeinarse?, Su cabello no me deja ver-dijo molesta una voz femenina.

-Lo siento señorita-y se volteo para mirarla.

Ryu ahogo un grito de sorpresa al encontrarse cara a cara con la hija del diablo, Jean estaba sentada justo atrás de él, ella por su parte oculto su asombro y sonrió.

-Perdóname, no debí ser tan grosera, además este recital es para escuchar, no para ver-dijo tratando de ser lo más amable que podía.

El se quedó boquiabierto por aquellas dulce reacción y de reojo alcanzó a ver que Hao los miraba con curiosidad, sonrió sarcásticamente, era por eso que se comportaba tan linda y amable, devolvió su vista al frente.

Cuando el se volteó ella hizo una mueca de desagrado, él era su segunda opción y no lo iba a ahuyentar con sus desplantes, esta vez la técnica sería diferente.

El presentador anuncio al primer niño que esa noche deleitaría a todos con sus dotes artísticos.

Yoh sonreía satisfecho de que todo estuviera saliendo como él esperaba, metió la mano en su bolsillo y estrujo unas hojas que tenía guardadas.

Al escuchar el nombre del niño, le pidió que avanzara y esperara hasta que el telón estuviera bien arriba.

-Todo saldrá bien Ken-le dijo con una gran sonrisa mientras le daba una palmada cariñosa en su espalda.

El niño asintió con la cabeza y avanzo mientras la multitud aplaudía.

Pudo distinguir a Hao y a todos sus amigos y se sorprendió al notar que Len y Pilika estaban sentados juntos y que ambos mantenían una actitud nerviosa.

Se miraban de reojo, y cuando sus miradas se encontraban se miraban con desconcierto y sobresalto, Lyserg no hallaba correcto esas acciones, así que se tomo la mano de Pilika y la obligaba a verlo a él, no eran celos, bueno un poco de celos, pero él entendía que ella se sintiera incomoda, después de todo él la había ayudado hace tiempo.


Horo y Tamao habían logrado pasar al área de camerinos que se hallaba iluminada, alcanzaban escuchar el suave sonido del piano y decidieron que debían encontrar lo más rápido posible a Yoh sino se perderían todo el concierto.


Anna esperaba pacientemente, aunque se sentía nerviosa, trataba de ocultarlo con esfuerzo, nunca en toda su vida había hecho algo frente a un público tan numeroso y que esperara tanto de ella, pero en especial no quería defraudar a Yoh.

-Señora Asakura-escucho mientras llamaban a la puerta.

-Adelante.

Una de las organizadoras del evento entró.

-Disculpe, pero el maestro desea que se forme atrás con los demás niños, piensa que usted se ha de estar aburriendo mucho, aquí sola.

-Sí, esta bien.

La chica sonrió y abrió la puerta, Anna salió primero y la siguió la muchacha quien cerro la puerta después de salir.

La fila de niños se iba acortando cada vez un poco más, para cuando Anna llegó, busco con la mirada a Yoh pero no lo encontró y se pregunto en donde estaría, la organizadora se despidió, tenía que supervisar que las luces le estuvieran dando claramente a Tokugawa, Anna le agradeció y se recargo para ver mejor.


Jean miraba a Hao discretamente, se veía tan atractivo con frac, sus cabellos atados en una cola de caballo y esa mirada tan llena de poder, definitivamente estaba enamorada de ese hombre, era una lastima que esa rubia desabrida lo tuviera y no lo disfrutara, y que además de todo él cancelara cada una de sus citas para venir a verla tocar una canción, que dudaba que se supiera, ya que hacía de todo con Yoh menos tocar el piano, o por lo menos esa clase de piano.


Salió rápidamente de su estudio, había trascritó la partitura a otras hojas menos arrugadas y amarillentas, faltaba poco para que Anna pasara y no debía entretenerse más.

Cuando llego la miro recargada y no pudo evitar contemplarla totalmente hechizado, y no era para menos, era noche la rubia lucía extremadamente hermosa, llevaba un vestido rojo entallado con una hermosa caída en la falda, sus cabellos rizados y atados en una linda coleta, zapatos rojos y de tacón alto completaban su atuendo.

Anna estaba cada vez más nerviosa, Yoh no aparecía por ningún lado y solo faltaba un niño.

Yoh despertó de su ensoñación, al percatarse que el ultimo de los chiquillos había pasado y estaba comenzando a tocar, la abrazo por detrás provocando que ella se sobresaltara.

-Yoh, me asustaste-le dijo-¿Dónde has estado?

-Estaba preparando tu canción-le dijo mientras la soltaba y la miraba a los ojos-Luces realmente hermosa esta noche.

-Gracias-contesto tímidamente.

-Ten, esta es tu canción-y le extendió dos hojas de papel-y tu regalo de navidad.

Anna las tomo y abrió los ojos en par en par.

-¡Oh Yoh!, Esta es la canción que compusiste-exclamó.

-Así es, y es para ti-la miro tiernamente.

-¿Pero porque?-pregunto emocionada.

-Porque es tú canción y la compuse solo para ti, la nombre Hanna-y sonrió.

-¿Hanna?-y lo miro extrañada.

-Sí, así la nombre, es la combinación de nuestros signos, ya que esta canción representa todo lo que siento por ti, lo mucho que te amo y lo maravillosa que es la vida ahora que tu estas junto a mí.

Anna estaba sin palabras, así que le agradeció de la única forma que podía en esos momentos.

-Tal vez esté atrás del telón-sugirió Horo.

-Sí es cierto, aunque sí lo encontramos ya será demasiado tarde, nos hemos perdido todo el recital-dijo sonriendo.

Y tomaron el camino hacía detrás del telón.

Anna lo abrazó y después de susurrarle un “te amo”, lo beso apasionadamente, poniendo en ese beso todos sus sentimientos sin contenerse.

-Ahí est... -no termino la frase, se quedó parada pasmada, mirando como Yoh y Anna se besaban.


Len y Pilika alcanzaron a divisar a Yoh y Anna besándose, y notaron que Tamao y Horo Horo estaban ahí observando, su expresión se llenó de infinito horror.

-¿Sucede algo?-pregunto preocupado Hao al notar la expresión pálida de su amigo, y al ver que no contestaba trato de mirar hacía el lugar en donde Len mantenía la vista fija.

Estaba volteando cuando el grito desesperado de Pilika lo obligo a regresar su rostro.

-Perdón, pero, Len, me pisaste-dijo nerviosa.

Len volteo a verla extrañado, ella le habló con la mirada.

-Así, perdón, no me fije-dijo rápidamente-Hao, amigo lamento haberte asustado, últimamente he sufrido de claustrofobia-sonreía nervioso, trataba por todos los medios de que no volteara, “es que nunca piensan separarse”


No lo podía creer, simplemente no podía, lagrimas rodaron por sus mejillas, cerro los ojos tratando de borrar aquella imagen de su mente, no era cierto, nada era cierto, su alma se desmorono totalmente.

Horo volteó a mirarla, la decepción y el dolor adornaban su rostro, lloraba silenciosamente, él mismo tampoco podía dar crédito a lo que sus ojos estaban viendo, era cierto, todo era cierto, los rumores, lo que escucho aquel día en su casa, y su hermana lo sabía y les había guardado el secreto, sintió como la furia y la indignación se apoderaban de él, apretó fuertemente los puños, iba a abalanzarse sobre Yoh, quería matarlo a golpes, estaba decidido cuando la temblorosa mano de Tamao lo detuvo.

-No, Horo-murmuro.

Iba a protestar pero ella puso dos dedos en su boca.

-Es un sueño, esto no es realidad, él no es Yoh y ella no es Anna, nos hemos confundido-sonreía.

Horo Horo la miraba extrañado, no entendía porque ella decía todas esas cosas, cuando la realidad saltaba a la vista.

-Tamao, es cierto-dijo bajito.

-No, no, Horo, estas equivocado-negaba con la cabeza y con los ojos cerrados-No, es un sueño, nos equivocamos de lugar, eso es todo-abrió los ojos y lo miro-Ven, vámonos, tenemos que encontrar a Yoh, sí queremos ver el final del recital-lo tomo de la mano y lo jaló-Horo, por favor, no le digas a nadie de que manera nos confundimos, ¿de acuerdo?

Horo solo atinó a asentir con la cabeza, Tamao parecía tan convencida de sus palabras, que de no haber sido por que lloraba amargamente, lo hubiera convencido totalmente.


Se separaron y sonrieron.

-Es tu turno-y le sonrió.

Anna avanzo decidida y un murmullo de admiración invadió la sala

Hao la miro embelesado, no había duda alguna de que era afortunado, él era el que tenía el amor de esa hermosa mujer.

Jean solo la miraba con desprecio y repugnancia que se acentuaron más al ver la expresión idiota en la cara de Hao, “no sé que le ve a esa, yo definitivamente estoy mucho mejor”

Len y Pilika respiraron aliviados, pero nuevamente se tensaron, al recordar que ellos no fueron los únicos que los vieron y miraron como los otros dos testigos se acercaban hacía ellos.

Tamao y Horo llegaron, se sentaron en el suelo, sin decir nada, tan solo querían ver el gran final, no habían encontrado a Yoh y tal vez ya nunca lo harían.

Anna comenzó a tocar, esa canción, era suya, así que le puso todo el sentimiento que pudo, y toco maravillosamente durante los quince minutos que duraba la canción, no hacía falta ni más ni menos para decirle a Yoh con esa misma canción que ella sentía lo mismo por él.

Termino de tocar, agradeció y salió, mientras la multitud aplaudía de pie.

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CAPITULO 25: Año nuevo, dificultades nuevas.

Ha pasado casi una semana desde lo sucedido en el recital, la vida ha marchado normal, o eso han querido aparentar todas las personas que salieron dañadas aquel día.

Y Hao Asakura ha invitado a una cena de año nuevo a su hermano y su cuñada, él mismo arreglo cada detalle e inclusive le ayudo a preparar la cena a su esposa.

Anna Asakura no estaba muy contenta con esta cena exclusivamente familiar, le impedía verse con la persona que amaba, debido a que tenía que supervisar hasta el mas mínimo detalle, su esposo quería que todo estuviera perfecto.

Y el gran día llegó, Hao decoro toda la casa con globos y serpentinas de colores mientras que Anna acomodaba la mesa, cuando ambos terminaron subieron a su recamara a cambiarse de ropa, Yoh y Tamao estaban por llegar.

Llamaron a la puerta, Anna bajo inmediatamente a abrir, se alisó el pliegue de su vestido, respiro hondo y trato de poner su mejor sonrisa.

Abrió.

Yoh y Tamao habían llegado, esta ultima cargaba un recipiente de cristal, ambos sonreían.

Tamao paso primero mientras que Yoh miraba con deleite a Anna, solo la había dejado de ver por una semana y la había extrañado como un loco.

-Anna, que hermosa eres-le susurro cuando entró.

La aludida le hizo señas de que ese no era el lugar, pero en cuanto vio que se alejaba, sonrió.

Hao los esperaba en la sala, al ver a su hermano lo abrazo fuertemente a Tamao la saludo respetuosamente. Anna llego un momento después y se coloco a lado de Hao.

-Me alegra que hayan podido venir-dijo con una sonrisa-Pero por favor siéntense, están en su casa-y él se sentó junto con Anna.

Yoh y Tamao se sentaron en el sillón del frente.

-Me encanto tu trabajo en el recital, se ve que has trabajado mucho con Anna-miro tiernamente a su esposa y tomo su mano-Te estoy sumamente agradecido.

-No es nada, ella ha demostrado tener aptitudes para el piano.

-Sí, mi Anna es una cajita de sorpresas, ¿verdad amor?- beso su mejilla y la abrazo.

-Estas exagerando, solo toco el piano para complacerte-dijo incomoda.

-Y así debe de ser, ¿no lo crees así Tamao?-y dirigió su mirada hacía su cuñada.

-Por supuesto, las buenas mujeres deben complacer hasta en el más mínimo detalle a sus maridos-abrazó a Yoh por el torso-Yo lo hago con Yoh.

Súbitamente Tamao beso a su marido delante de todos, ninguno de los tres se lo esperaba, Hao solo sonrió divertido, Anna se tragaba con esfuerzo los celos, ante sus ojos Tamao le estaba haciendo poner en claro que Yoh era de ella, mientras que a Yoh no le quedo de otra más que corresponder al beso, durante este, abrió los ojos para mirar a Anna y pedirle perdón con la mirada.

-¡Tamao, no debiste hacer eso!, ¡No estamos en la casa!-le reprendió Yoh cuando lo soltó.

-Disculpen-dijo sonrojada, su mirada se poso en Anna quien respiraba hondamente para tratar de contenerse.

-No hay problema-dijo Hao con una sonrisa-Solo demuestran cuanto se aman.

-Sí, cuanto nos amamos-repitió Tamao.

Por un breve instante todo quedo en un incomodo silencio, Yoh y Anna no dejaban de lanzarse miradas apasionadas, cosa que era bien percibida por Tamao quien se repetía mentalmente “no es cierto, son figuraciones mías, él me ama”tratando de convencerse, como lo había hecho esa vez en el recital y Hao pasaba por alto todos estos incómodos detalles, para él las cosas marchaban de maravilla.

-La cena ya esta lista-dijo Anna-Si gustan podemos pasar a la mesa.

Asintieron con la cabeza y se levantaron, Hao y Anna fueron los primeros en salir de la sala para dirigirse al comedor atrás de ellos Yoh y Tamao los seguían de cerca.

Una mirada asesina apareció en los ojos de Yoh cuando Hao tomó a Anna por el talle y le beso suavemente su cuello, era una caricia común de Hao para con su esposa, Anna se sobresalto pero se dejo, mientras que Yoh apretaba sus puños con fuerza.

Llegaron al comedor y se sentaron.

Anna comenzó a servir y fue pasando plato por plato, los demás platicaban y daban las gracias por la comida.

Sintió un leve roce en su pie y miro hacía el frente, Yoh le sonreía sugestivamente, ella se quitó su zapato y correspondió a la caricia.

-¿Y cuales son tus próximos planes?-le pregunto Hao a su hermano.

-Seguir con las clases de piano, aún les falta mucho a TODOS mis estudiantes.

-¿Quieres decir que Anna continuara con las clases?-pregunto Tamao.

-Así es, querida, Anna tiene mucho potencial-contesto mirando a su amante y acariciando un tanto más fuerte su pie.

-Me parece perfecto, yo estoy de acuerdo-exclamo contento Hao.

-¿Pero no descuidara sus labores domesticas?-se apresuro a decir, tenía que convencer a su cuñado de que Anna ya no tomara más clases de piano.

Yoh miro extrañado a Tamao, ella nunca se comportaba así.

-No lo creo, hasta ahora ha cumplido muy bien, no me opongo a que tome esas clases-dijo un sonriente Hao.

Anna respiro aliviada.

-¿Y para cuando los niños?-pregunto Tamao.

A Anna quien tomaba un poco de agua en ese momento, casi se atraganta al escucharla.
-¿Anna, para cuando encargaras a tu primer hijo?-insistió Tamao.

-Yo creo que dentro de unos años más, todavía no me siento preparada-miro a su marido-Hao me apoya, ¿no es cierto?

-A sí es, yo creo que dentro de un año, ya tendrás un sobrino con quien jugar Yoh, ¿no te agrada la idea?

Definitivamente no le agradaba ya que inevitablemente frunció levemente el ceño, la sola idea de que su hermano tocara a Anna le hacía hervir la sangre y sentía que moriría de dolor si ella paría a un hijo de Hao.

-Sí, mucho-respondió secamente.

-¿Y tu hermano, para cuando?-pregunto Hao.

-Tal vez este año-y miro a su esposa.

A Tamao se le ilumino el rostro, sabía que estaba equivocada, lo demostraba el repentino cambio de parecer de Yoh.

-¿No es muy pronto?-pregunto un tanto molesta Anna mientras retiraba su pie del de Yoh.

-Prometimos esperar y darle tiempo al tiempo-respondió y entrelazo con su pie el de Anna-Hay se me cayó la servilleta-exclamo, en realidad la había tirado a propósito.

-Yo la levanto-se apresuro a decir Anna y se agacho debajo de la mesa.

-No, no te molestes, yo la recojo-dijo Yoh y también se perdió debajo de la mesa.

Tamao y Hao se miraron confundidos pero ignoraron rápidamente sus acciones y volvieron a comer.

-Me quieres decir como es que este año tendrás un hijo-dijo Anna apretando los dientes.

-Tranquilízate, un poco de teatro no nos hace daño-y acaricio su mejilla-Prometimos darles largas y falsas esperanzas.

-Perdóname-suspiro-solo que, no me agrada la idea de que alguien más sea la madre tus hijos-y le sonrió.

-Esta bien, yo tampoco concibo la idea de que tu tengas a los hijos de Hao, con solo pensar que te tocara, Ahhh-gruño-Me hace sentir tan mal.

-¿Estas celoso?-pregunto con una divertida sonrisa en el rostro.

-Sí, ¿y como no estarlo?, eres la mujer que amo-y rozo con suavidad sus labios.

-¿No logran encontrar la servilleta?-pregunto una voz masculina desde arriba provocando que el beso no se consumara.

-Creo que debemos subir-murmuro Anna-Te prometo darte un largo beso en nuestra próxima clase-y le guiño un ojo.

Yoh sonrió complacido, para después decir.

-Aquí esta- tomo la servilleta y se incorporo.

Anna hizo lo mismo un instante después.

-¿Por qué tardaron tanto?-pregunto con suspicacia Tamao.

-La servilleta se metió en un hueco y no la encontrábamos querida-respondió con una sonrisa confiada Yoh.

Y Tamao le creyó, ya no tenía porque dudar, le daría un hijo, él lo había dicho delante de Anna y de Hao, lo que había visto el día de Navidad solo fue una confusión, un sueño como ella misma había dicho.

Terminaron la cena en paz, charlando de tonterías y todos sonrientes, Yoh y Anna volvieron a entrelazar sus pies y no los separaron hasta que termino la velada.

-Ha sido una gran noche, gracias por invitarnos-se despidió Tamao.

-No, gracias a ustedes por venir-dijo Hao.

-¿Te veo espero mañana Anna?-pregunto Yoh.
-Por supuesto, me encantaría convertirme en una gran pianista-contesto con una sonrisa.

-Bien, entonces, nos vamos, Hao, Anna, hasta luego-tomo a su esposa del brazo y salieron de la casa de su hermano para dirigirse rumbo a la suya.

Encuanto cerraron la puerta, Hao bostezó.

-Entonces, Anna, espero que esta casa quede bien limpia, me voy a dormir-dijo mientras se estiraba.

-¿Es que no piensas ayudarme?-dijo molesta.

-Amor-y le beso la mejilla-Yo mañana tengo que ir a trabajar, debo descansar, ¿me comprendes, verdad?-Anna lo miro con fastidio y el malinterpreto su enojo por un sí-Entonces como sí me entiendes me voy a dormir, buenas noches-la beso suavemente antes de perderse escaleras arriba.

En cuanto se perdió de vista, Anna se limpio con su mano el beso, ¡qué se creía que era su criada!, Suspiró resignada y se puso a escombrar su casa.

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Horo Horo se había mantenido encerrado en su habitación durante toda esa semana, inclusive se negó a bajar a cenar en año nuevo, no quería ver a nadie y mucho menos a su hermana, con ella se mostraba frío, cortante, no le hablaba y evitaba a toda costa toparse con ella, cosa difícil ya que vivían en la misma casa.

Tendido en su cama miraba el techo, lo que había visto lo tenía muy conmocionado, jamás imagino que esa persona a la que tanto admiraba, fuera capaz de hacer sufrir a la persona que menos se lo merecía y que le había dado tanto.

Y lo que más le dolía era el hecho de que Tamao se convenciera a sí misma de que lo que vio fue una simple ilusión, le lastimaba que ella estuviera tan enamorada de Yoh que se negara a ver la cruda realidad.

Aunque también le apenaba el hecho de que su hermana supiera todas esas cosas y se hubiera convertido en cómplice de Anna, sin detenerse a pensar lo mucho que sufriría Tamao y Hao.

Hao, que ruin hacerle algo así a su propio hermano, engañar a su esposa nada más y nada menos que con la esposa de su hermano, tal vez si lo hubiera hecho con una persona diferente, la rabia que sentía sería menos, aunque lo dudaba.

Tenía unas ganas locas de ir a contarle a Hao toda la verdad, aunque muy posiblemente no le creyera ni media palabra, quería golpear a Yoh hasta matarlo, desmembrarlo parte por parte, tratando de causarle un poco del dolor que Tamao sintió cuando lo vio besándose con Anna, cuando le dijo que jamás tendrían hijos, era por eso, como iba querer acostarse con Tamao, cuando ya se había revolcado con su cuñada, tampoco podía creer que Anna hiciera semejante desfachatez, él la conocía desde siempre, desde que ella era una niña y jugaba a las muñecas con su hermana, siempre creyó que era una chica tranquila, tal vez un tanto amargada por los terribles golpes que la vida le dio, jamás se imagino que hiciera algo tan asqueroso como engañar a su marido, capaz de provocar tanto daño, por un poco de diversión y de placer.

Suspiro profundamente, pero él nada podía hacer, había prometido no decir nada y tratar de creer que lo que vio fue un sueño, una terrible pesadilla que lamentablemente era real.

Tampoco podía juzgar tan a la ligera tanto a Yoh como a Anna y se reprendió por haberlo hecho minutos antes, conocía de sobra a esta ultima y sentía que ambos debían tener alguna buena razón para estar haciendo lo que estaban haciendo, aunque ninguna razón por muy buena que fuera justificaba todo el daño que estaban provocando.

Llamaron a su puerta, suaves golpes en la madera lo sacaron de sus pensamientos.

-Hermano, déjame entrar, por favor-escucho decir a la suplicante voz de su hermana.

-¡Lárgate de aquí!, ¡Que no entiendes que no quiero ver a nadie!-dijo duramente.

-Por favor, estoy preocupada por ti, llevas ahí metido mucho tiempo-su voz sonaba entrecortada-casi no comes, Horo, podrías enfermar.

-Lo que haga o deje de hacer es muy mi problema, sí me quiero quedar aquí muriéndome de rabia, es mi problema no el tuyo, ¡A sí que vete y déjame en paz!-le grito.

-No entiendo porque me tratas así, ¿qué te he hecho para que me grites de esa forma?-pregunto entre sollozos.

-A mí nada-su voz sonó fría.

-¿Entonces?, ¿Por qué eres tan frío conmigo?, ¿Por qué me evitas?, No te das cuenta de que me lastimas, eres mi hermano y te quiero mucho.

Lagrimas en los ojos se le acumularon al escuchar llorar de esa forma a su hermana, él también la quería y tal vez ella no era de todo culpable, solo trataba de ser una buena amiga, como él lo hacía con Tamao.

Se levanto y abrió la puerta, encontró a su hermana llorando tristemente.

-¿Por qué hermano, porque?-volvió a preguntar.

-No te lo puedo decir Pilika, lo he prometido, además de que todo fue producto de mi imaginación-le dijo mientras la abrazaba tiernamente-Perdóname por ser un tonto y un mal hermano, tú no tienes la culpa de lo que paso-y la miró a los ojos.

Ella dejó de llorar y lo abrazó aún más fuerte en forma de respuesta, no iba a preguntar más, comprendía porque, súbitamente recordó que él y Tamao vieron a Yoh y Anna besándose, sí bien no armaron un escándalo y jamás lo haría era porque Tamao así se lo pidió, de alguna forma su hermano pensó que ella lo sabía todo y no se equivocaba, tal vez creyó que ella les servía de celestina o algo parecido, y se sintió defraudado, ella mejor que nadie sabía que su hermano aún amaba a Tamao.

Horo Horo la soltó y seco una ultima lagrima con su mano.

-Así esta mejor, ahora baja y prepárame algo rico de comer, me muero de hambre-dijo con una sonrisa.

-Sí hermano-respondió sonriente, su hermano y su apetito voraz habían vuelto.

Se dirigió a la cocina.

Horo la miro partir con una gran sonrisa, tal vez la idea de Tamao no era tan mala, pretender que nada había pasado era lo mejor, mientras les diera un poco de momentánea felicidad.

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Amor mío:

Te escribo esta carta desde mi lejana y querida China, que sí bien no esta tan lejos y solo nos separa un poco de mar, para mí la distancia es un gran abismo.

No sabes cuanto te extraño, desde la ultima vez que nos vimos, ya no puedo seguir fingiendo más o por lo menos ya no podré por mucho tiempo, te pido por eso que regreses a mí, vida mía.

Ya no deseo que me hagas sufrir ni un minuto más, tu ausencia me pesa cada día un poco más, recuerdo inevitablemente cada uno de tus besos, de tus caricias, a pesar de que fue hace poco que veniste a verme, te necesito a mi lado, en especial por un gran y significativo detalle, que espero te emocione.

Amor, estoy embarazada, tendremos un hijo, por eso es necesario que vuelvas, no podré ocultárselo por mucho tiempo a mis padres, debes regresar y pedir mi mano, de lo contrario van a matarme, ya es suficiente atormentarlos con mi aparente locura como para darles un disgusto aún mayor, tú sabes que aceptare gustosa tu propuesta de matrimonio.

Yo nunca te he pedido nada, siempre he hecho cada cosa que me has pedido, porque te amo, pero ahora necesito ayuda, necesito que vuelvas a mi lado y juntos criemos a este ser maravilloso que ahora crece dentro de mí, que es producto de nuestro clandestino amor que mantenemos desde hace años.

No te preocupes por el dinero, yo sé que estas en Japón por tu trabajo y porque buscas un buen patrimonio para mí y para ti, pero ahora eso es lo de menos, lo que necesito es que vengas a China y pidas lo más pronto posible mi mano, no me obligues a ir por ti, en mi estado no juzgo conveniente viajar, además a mi padre el dinero le sobra y doy por seguro que nos dará una buena cantidad, con tal de que la deshonra no caiga en la familia.

Por eso te pido que olvides tu orgullo y te concentres solo en la felicidad de ser padre y de formar una familia junto a la mujer que amas y que te ama.

Esperando pronto una contestación satisfactoria, me despido de ti.

Te ama por siempre:

Jun Tao.

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CAPITULO 26: En busca de la alianza.

Lo había citado en medio de la nada, y llevaba quince minutos de retraso, como odiaba ala gente impuntual, sentada y cruzada de brazos miraba ala gente pasar.

La miro y su ceño se frunció, se acerco cautelosamente, tratar con esa mujer era mortal.

-¿Qué deseas de mí?-pregunto y se sentó a lado de ella.

Ella lo miró de arriba debajo de manera despectiva.

-Llegas tarde-dijo con dureza.

-No vine a que me des clases de puntualidad, me citaste para algo y quiero saberlo de una buena vez-mantenía su vista fija en el horizonte.

-No podía esperar menos de ti informante-y sonrió.

-Deja de llamarme así quieres-le dijo molesto-ya es suficiente conque esa odiosa anciana me llame así, como para que cualquiera me llame de esa forma.

-Yo no soy una cualquiera-dijo ofendida.

-Basta de estupideces, vas a decirme que es lo que quieres ¿sí o no?

-Sí, quiero que me ayudes-lo miro profundamente-Estoy enterada de que Yoh y Anna son amantes.

Ryu no pudo evitar poner cara de sorpresa.

-No me digas que no lo sabías, porque ten por seguro que no voy a creerte-dijo después de ver la expresión en el rostro del muchacho.

-Claro que sé, ese es mi trabajo, que tiene esto que ver-volvió a adoptar su porte serio.

-Mucho, porque yo quiero a Hao Asakura para mí.

Ryu lanzo una sonora carcajada.

-No te conformaste con tener a uno, ¡ahora deseas tener al otro!, Vaya que eres previsora-dijo con sorna.

-No estoy jugando-dijo firmemente-sabes de sobra que lo de Yoh fue simple diversión, ¿o ya olvidaste porque me separe de él?

-No, no lo he olvidado, una de los motivos fue que me descubriste.

-Aunque ese no fue el factor principal, me ha servido de mucho el saber que los Asakura tenían a un detective privado-y sonrió maliciosamente.

-¿Y puedo saber para que te ha servido saber que soy yo el informante de los Asakura?

-Es muy sencillo, necesito que me ayudes, escúchame, es primordial que yo me convierta en la esposa de Hao.

-¿Y me puedes decir como lo vas a lograr?-una sonrisa burlona se dibujo en sus labios-porque según sé Hao es un hombre casado.

-Es para eso que te necesito, para que deje de serlo-dijo secamente.

-Pues conmigo no cuentes-y se levanto.

-Es que acaso no quieres destruir a Kino.

Él la miró recelosamente, después de todo talvez su propuesta sería interesante, después de meditar por unos segundos volvió a sentarse.

-Chico listo-murmuro.

-¿Y bien?, ¿Qué se supone que ganare con todo esto?-saco un encendedor y un cigarrillo, lo encendió.

-La consumación de tu venganza por supuesto.

-Ya no me interesa vengarme por ese lado, he encontrado uno mejor, pero esto será divertido, sí hablamos de dinero, con mucho gusto te escuchare-y saco un poco de humo.

-Era de esperarse, te daré 50000 yens, sí me ayudas-y lo miro fríamente.

Ryu volvió a reír.

-Mujer, eso es muy poco para mí, olvídalo, Kino me paga mucho más-y volvió a levantarse.

-Quieres que Yoh se entere de que su amigo, al que le confió su preciado secreto, es en realidad un espía de su abuela-dijo con voz elevada y amenazante.

-¿Me estas sobornando?-la miraba molesto.

-Tómalo como quieras, ¿vas a ayudarme?, O ahora mismo voy a ver a Yoh-le arrebato el cigarrillo y fumo un poco.

A Ryu no le quedó otra opción, la miró con desprecio y volvió a sentarse una vez más.

-Te escucho.

-Así me gusta, el plan es muy sencillo y no creo que te cueste trabajo convencerlo-volvió a fumar-Convence a Yoh de que lo más adecuado es que huyan del país.

-¿Nada más?, Yo pensé que eras mas lista-dijo burlón.

-Ja, ja, ja-dijo con fastidio-no quiero escándalos, no me convienen.

-Bien, supongamos que lo convenzo, ¿y luego que?

-Ahí es cuando entró yo, comprare boletos de avión, que te gusta, ¿España, te parece bien? Y se los entregare como muestra de ayuda y amistad.

-No va a creerte, te conoce demasiado, además de que sospecha que te interesa su hermano.

-¡Ahí esta!, Algo más a mi favor, yo le dejo el camino libre y él hace lo mismo por mí, no creo que se niegue, ni ella tampoco, Anna es capaz de largarse hasta Timbuctú con tal de estar con Yoh, tal vez reniegue un poco, pero yo tengo muchas formas de persuadir a la gente-tiro el cigarrillo y lo aplasto con el pie.

-Ya me di cuenta.

-¿Entonces, vas a ayudarme?

-Cuenta conmigo, Yoh hablara contigo, no te prometo convencerlo, pero ten por seguro de que hablara contigo sí como dices eres muy persuasiva entonces lo convencerás tú.

-¡Pero el trato es de que tú lo convenzas!-le grito.

-Sí, pero es mucho problema para mí-y movió con desdén su mano-yo solo lo convenceré de que hable contigo, claro con engaños, tú harás el resto y date por bien servida.

-Eres un...

-No, no, no-y movió su dedo índice frente a su cara-No te conviene, ni a ti ni a mí, enojarse, ahora somos aliados, mi querida Jean-se incorporo-yo te llamare cuando Yoh este listo, que será muy pronto, así que ve comprando de una buena vez esos boletos, adiós querida Jean-y se perdió en la distancia.

Jean estaba furiosa pero se domino, al fin y al cabo ya tenía a un aliado, la victoria ya estaba asegurada.

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Comenzaba a nevar y miraba desde la ventana cada copo de nieve que caía, pensaba, dentro de poco abandonaría ese país y su memoria al fin se despejaría liberándolo de su tortura interna.

Volteo y miro su antigua fotografía, cuanto daño le había causado, la amaba y sin saberlo la había lastimado, con cada palabra, con cada acción, en especial la ultima, negó con la cabeza, en verdad que el alcohol no era buen consejero.

Pero, la ultima vez que la vio pudo sentir como ella vibraba al estar a su lado, tal vez seguía sintiendo algo por él, sonrió sarcásticamente, eso no era posible, ¿qué mujer amaría a un tipo que casi la viola y que encima la golpea?, temblaba sí, pero de miedo.

Muy a su pesar él no la olvidaba, ¿cómo podría?, Siempre la había amado, tal vez en exceso y hasta de manera enfermiza y posesiva, pero la amaba, su orgullo y su manera de ser lo hacían actuar de esa manera tan celosa, que ahora comprendía no era la correcta y ahora que se daba cuenta ya era demasiado tarde, dentro de poco ella se casaría con otro y la perdería para siempre, no deseaba quedarse para ver como el amor de su vida se casaba con otro, él no era fuerte como Horo Horo, sabía que no aguantaría verla llegar vestida de novia, radiante y hermosa como solo ella podía ser y darle un sí a un tipo que siempre había odiado.

Siempre le dio mala espina ese tal Lyserg, él también la amaba, claro esta que en sus años de escolar, no era lo que ahora es y para desdicha suya, el tipo en cuestión le arrebato a Pilika de sus brazos en un abrir y cerrar de ojos, pero a pesar de todo eso les deseaba lo mejor, la felicidad de ella era su felicidad, en China encontraría quizás a una buena mujer que le hiciera olvidar y con la que formaría un hogar.

Se sirvió un poco de café y se sentó en el sofá, estaba en eso cuando llamaron a la puerta, se levanto de mala gana y sin siquiera preguntar abrió la puerta.

El cartero estaba frente a él, esto le extrañó ya que él casi no recibía cartas, su padre le hablaba siempre por teléfono.

-Señor, me pidieron que le entregara estas cartas personalmente en sus manos-dijo el anciano cartero.

-Gracias-busco en su bolsillo y le dio unas cuantas monedas, después de eso cerro la puerta.

Miro con curiosidad los sobres, eran de color beige con figuras en rojo, ambos despedían un agradable aroma a jazmín, volteo la carta que estaba dirigida a él y se sorprendió al leer quien era el remitente.

-Es de Jun-exclamo en voz alta.

Rápidamente deshizo el sello que mantenía cerrado el sobre y leyó, estaba preocupado, esa situación no era normal, se suponía que su hermana estaba enferma, y jamás desde que llegó a Japón le había enviado una sola carta, se había enojado con él por marcharse, siempre habían sido muy unidos.

Definitivamente lo que leyó lo dejo totalmente aterrado, cuando se repuso del susto, miro el otro sobre, sabía exactamente a quien entregarlo, todo este tiempo fingiendo, ahora debía ayudar a su hermana, se coloco el abrigo y salió a la ventisca, la otra carta tenía que llegar a su destinatario, ya.

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Caminaban abrazados por las calles vacías, algo ya muy común en ellos, a esas altas horas de la noche nadie podía verlos, disfrutaban viendo como la nieve les caía suavemente.

-Es una hermosa noche, ¿no lo crees?-preguntó ella.

-No tanto como lo eres tú-y la apretó con fuerza contra él.

-¿Sabes?, Me gustaría mucho llegar a casa y que fueras tú el que calentara con su cuerpo el futón esta noche-su voz sonaba triste.

-Venga, no te pongas triste, las chicas lindas no deberían nunca entristecerse-y le dio un tierno beso en la frente.

-¿Crees que algún día podríamos estar juntos, para siempre?-y lo miro a los ojos.

-No lo se, mi amor, tal vez sí, tal vez no, todo depende del capricho del destino, aunque sí por mí fuera ten por seguro que inclusive hasta en el otro mundo yo estaría por siempre a tu lado, ¿A que vienen ese tipo de preguntas?-y arqueo una ceja con gesto curioso.

-Nada más, me imaginaba que sí talvez nos hubiéramos conocidos antes, las cosas marcharían de manera muy diferente-suspiro-Yoh, ¿ya te he dicho que te amo?

-Sí, muchas veces-sonrió con ternura.

-Tenía miedo de que no fuera así-y se pegó aún más a él.

-Anna, ¿qué sucede?, ¿Por qué estas tan melancólica el día de hoy?-pregunto preocupado.

-Es que presiento que todo esto esta por descubrirse en un momento a otro, no quiero que me separen de ti, tengo miedo Yoh, de lo que pueda pasar.

-Hey, tranquila-murmuro-pase lo que pase todo saldrá bien, yo estaré contigo, jamás te abandonaré, no podría simplemente no podría.

-¿Enserio?-y lo miro anhelantemente.
-Sí, te prometo amor, estar contigo siempre y para siempre, no importa lo que pase, yo estaré a tú lado siempre, te lo juro-y froto suavemente su mejilla contra la de ella.

Anna sonrió débilmente.

-¿Cómo vas con Tamao?-le pregunto.

-Bien, con lo que dije en esa dichosa cena, en la que por cierto casi me muero de celos-acaricio brevemente con su dedo la punta de la nariz de Anna-ha estado mucho más tranquila, ¿y como marchan las cosas con Hao?

-Igual, casi no lo veo y cuando lo hago tengo que tratarlo como sí fuera el rey del mundo-y frunció el ceño.

-No me gusta que te trate así-dijo molesto-se supone que eres la mujer que ama, no debería pensar en ti como si fueras la muchacha del servicio, es tan molesta esa forma de ser de él.

-Pero ya me acostumbre, además cuando tengo que hacer todo lo que me pide, pienso en ti y así se me hace más ameno el trabajo, no logro entender como siendo gemelos son tan diferentes-coloco su mano en la barbilla.

-Te ves tan hermosa cuando pones esa cara-rió divertido-no sabes cuanto me alegra que seamos diferentes, no me imagino como una copia de Hao, además si fuera como él, tú jamás te hubieras fijado a mí.

-Eso no es cierto, yo no te amo por tu forma de ser-y sonrió al notar la cara de confundido de Yoh-yo te amo por alguna razón inexplicable, aunque reconozco que sí me gusta esa forma tan peculiar que tienes de ser, no cambiaría de ti absolutamente nada-y le beso la punta de la nariz.

-¿Qué quieres decir con que me amas por alguna razón inexplicable?

-Veras, la primera vez que te vi, supe que eras tú lo que tanto había buscado, no me preguntes como lo supe, pero así fue, sucedió algo mágico, como si los dos fuéramos imanes y al conocerte llegue amarte como nunca había amado a nadie y ahora sé que aunque me maten seguiré haciéndolo, es algo que simplemente no puedo evitar.

Yoh detuvo el paso y la puso frente a él para mirarla, la nieve adornaba bellamente su cabeza dorada, él había sentido exactamente lo mismo cuando la conoció, y aún le parecía increíble el saber que esa mujer lo amara de esa manera tan intensa, aparto sus suaves cabellos y se inclino para besarla, le agradaba esa dulce sensación, la beso dulce y lentamente, y ella correspondió con gusto a tal acción, al cabo de un rato se separaron para tomar aire, se abrazaron nuevamente y emprendieron su camino.

-Ya hemos llegado-murmuro.

-Sí, lo sé-le dio un fuerte abrazo y se alejó de él.

Él se despidió de ella con la mano, y ella a su vez le mandó un beso, minutos después entro a su casa.

Yoh camino solo por las calles vacías, definitivamente ya no podía vivir más tiempo separado de Anna, tenía que hacer algo, el problema es que no sabía que.

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CAPITULO 27: Mientes tan bien.

-Keiko, tráeme mi medicina-grito.

Algunos instantes después, la hermosa señora de cabellera negra llegó hasta donde se encontraba su madre.

-Aquí tiene madre-le dijo mientras le extendía un frasco azul.

La anciana tomo dos píldoras del frasco y se las tomo.

-¿Ha sabido algo de mis hijos?-le pregunto.

-No, ese maldito del informante no ha venido, no me agrada en lo absoluto que persistan los rumores.

-Madre, no sería mejor que dejara a mis hijos tomar sus propias decisiones, ya son adultos-se sentó en la cama.

-Sí como no, ¡Yoh no quiere tener hijos!, no me digas que esa es una decisión madura-y la miro con enfado.

-Madre entienda, sí mi pequeño Yoh no desea tener familia, sus razones tendrá, además hace mucho que le llegó a usted una carta donde decía que sí le daría un heredero a la dinastía.

-Pues tu “pequeño Yoh” se esta tardando.

-Usted sabe que esas cosas no se dan a la primera, hay que ponerle mucho empeño, sí le ha dicho que sí, entonces lo hará, no se desespere.

-Tú siempre de confiada, por eso Yoh es como es y hace lo que se le antoja, por eso siempre nos desafía, porque su madre nunca le puso freno a sus caprichos-y la reprendió con la mirada.

-Yoh siempre fue más tranquilo, además de que casi estuvo a punto de morir cuando era tan solo un niño, siempre creí que de esa forma reparaba la falta por mis descuidos, en cambio Hao siempre fue más autosuficiente y siempre me dio la impresión de que no deseaba que le cuidara las espaldas.

-Eso no justifica que hayas tratado con demasiados miramientos a Yoh, al menos no se convirtió en una persona mimada, pero en lugar de eso se volvió un rebelde.

-Ese es su carácter, siempre fue un soñador, ¿recuerda cuando deseaba cambiar el mundo?, Decía que si todos cantaban y tocaban el piano juntos, se acabarían las guerras y todos vivirían en completa armonía-y sonrió.

-Tonterías, el mundo no cambia por esas patrañas, además de que cuando regreso de Europa venía ya con otras ideas bastante escandalosas.

-Eso no es cierto madre, y como saberlo sí solo ha venido a visitarnos dos veces.

-Ahí esta, ya vez lo ingrato que es tu hijo, ni siquiera se toma la molestia de visitar a su madre.

-No me visita, pero me envía cartas cada semana-repuso de manera tranquila-con eso me doy por bien servida.

-¡¿Qué?!, Te envía cartas, ¿por qué a mí no me manda ni un saludo?, es un malcriado-gruño.

-Tranquilícese, sus razones tendrá-y abrazo a su madre para que se calmara.

-No hay razona que justifique el hecho de que no le envié cartas a su abuela, en todo este tiempo solo me ha enviado una, UNA, y solo ha sido para decirme que siempre sí tendrá hijos y ya, no me pregunta como estoy de salud ni nada, TU hijo me saca de mis casillas-refunfuño.

Keiko no dijo nada, a su madre le dolía que su nieto favorito no la tomara encuenta, pero ella sabía que su madre era la directa culpable de eso, siempre corrigiéndolo, gritándole, regañándole, recordándole que era un Asakura, cuando Yoh lo único que quería era tan solo un poco de paz y libertad.

Por eso no le asombro cuando su hijo se rebeló al sistema autoritario de la Dinastía, solo esperaba que no fueran tan duros con él cuando se enteraran.

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Era casi media noche, lo esperaba sentada en el sillón, sus nervios tranquilos y su mirada apagada, no había porque preocuparse, ella sabía en donde estaba, miro el reloj y siguió esperando hasta que escucho el abrir de la puerta.

Entonces su semblante cambio, puso una hermosa sonrisa y su mirada brilló.

Él entró con la felicidad grabada en el rostro y se sobresalto al verla sentada en el sofá a esas horas de la noche.

-¿Qué haces levantada a estas horas?-le pregunto.

-Te estaba esperando.

-Pues bien, ya llegue, ahora a dormir-y miro con impaciencia las escaleras.

-Yo, pensaba en algo diferente, yo no tengo sueño y pensé que tal vez tú y yo...-su voz sonaba tímida.

A él se le paralizo cada parte de su cuerpo, no iría pedirle que...

-Podríamos charlar como antes-termino y lo miro directamente a los ojos.

Él respiro aliviado, por un momento pensó... tantas cosas, solo quería charlar.

Tamao noto la mirada de alivio de su esposo, no ella jamás le volvería pedir que la tocara, ya se había hecho a la idea de que Yoh jamás volvería a amarla, se recorrió en el sillón para que él se sentara.

-Bien, ¿de qué quieres charlar?-dijo animadamente, no podía negarle ese placer, no cuando la estaba dañando inevitablemente.

-¿Qué hiciste el día de hoy?-pregunto.

-Pues dar las clases Tamao, los niños avanzan satisfactoriamente, no sabes el gusto que me da el saber que habrá muy buenos pianistas en Japón-su mirada brillaba emocionada.

Ella sonrió, como amaba a ese hombre, lo abrazo por el dorso y recargo su cabeza en el pecho. Yoh se sorprendió por aquella muestra de cariño que bien sabía no se merecía, pero le debía tanto, que la abrazo de manera protectora.

-Yoh, ¿me quieres?-pregunto al cabo de unos minutos.

Él se sobresaltó por la pregunta, cerro los ojos y al abrirlos respondió:

-Sí, sí te quiero-beso tiernamente sus rosados cabellos-te quiero mucho, eres mi esposa y estaré contigo por siempre.

Ella sonrió débilmente “*Que te quedaras conmigo una vida entera*”

-Tamao, ¿porque preguntas lo que ya sabes?-acaricio suavemente su espalda.

-Nada más, solo quería estar segura de que en verdad me quieres. “*Que contigo adiós invierno solo primavera*”

-Pues entonces no deseo que lo vuelvas a preguntar.

-Esta bien, Yoh, ¿recuerdas cuando me pediste que me casará contigo?.

-Sí, como olvidarlo, fue en la playa-y sonrió.

-Esa vez me dijiste *que las olas son de magia y no de agua salada*, ¿por qué?-y levanto la cara para mirarlo.

-Por que esa es la verdad, yo así lo creo-y acaricio suavemente su mejilla.

-Sí, tienes razón. “*Yo te creo todo y tu no me das nada*”

La joven rozó con suavidad sus labios, él se negó a besarla, ella solo sonrió ante tal reacción. “*Tu no me das nada*”

-Tamao, ¿algún día te gustaría ir conmigo a la escuela?-pregunto mientras la obligaba a recargar su cabeza nuevamente.

-Sí, cuando tú quieras-su voz sonaba apagada, distante. “*Que sí sigo tu camino llegare hasta el cielo*”

-Me gustaría que conocieras a los niños, son tan simpáticos, me gustaría que nuestro hijo fuera como uno de ellos-su voz sonó animada-será un niño muy lindo.

-Sí, un niño realmente hermoso-trato de disimular la tristeza en su voz, sabía de sobra que eso jamás sucedería. “Hay Yoh, *tu me mientes en la cara y yo me vuelvo ciega*”

-Aunque no me molestaría que fuera una niña-continuo él-pero sinceramente preferiría que fuera un niño, Tamao, ¿tu que prefieres?

-Un niño, me encantaría que se pareciera a ti-su voz por instantes se reanimo.

-Sí, será muy divertido, jugar con él, enseñarle a caminar, seremos una linda familia-suspiró, en realidad se imaginaba todas esas cosas teniendo a Anna como su compañera.

-Sí-murmuro. “*Yo me trago tus palabras, tu juegas un juego*”

-Y luego cuando este más grande lo llevare a Izumo a nadar al río-su mirada brillaba con intensidad.

“*Y me brilla el mundo cuando dices luego, cuando dices luego*”

-¿Sabes?, Siento que jamás en la vida he sido tan feliz.

Ella sonrió, adoraba cuando decía esa palabra, la hacía sentir tan radiante. “*Cuando dices siento, siento que eres todo*”

-Yoh, ¿Me prometes que siempre estarás conmigo?-musito suplicante.
Él tragó saliva antes de contestar.

-Sí Tamao, yo estaré contigo-le contesto con amargura.

“*Cuando dices vida yo estaré contigo*”

Él acarició con suavidad su mano y la entrelazó con la suya, era lo menos que podía hacer por ella, brindarle un poquito de felicidad, en compensación de todo el daño que le estaba haciendo al mentirle de esa manera.

Tamao se estremeció por aquella muestra tan repentina de cariño. “Yoh *tomas de mi mano y por dentro lloro*”

Yoh sentía tanta pena por ella que tomo su rostro con una de sus manos e intento mirarla con amor.

Ella sonrió ante tal esfuerzo por parte de él, lo miro con dulzura. “No importa, *Aunque sea mentira me haces sentir viva*”

Acaricio lentamente el rostro de la chica, tratando de recordar que fue lo que le atrajo de ella, muchos años atrás.

Tamao cerro los ojos al sentir sus caricias, de repente se volvió a sentir plena y respiro el aroma de las manos de Yoh. “*Aunque es falso el aire*, no sé porque *siento que respiro*”

Lentamente y haciendo un esfuerzo sobrehumano se fue inclinando lentamente hacía ella.

Tamao cerro los ojos al sentir los labios de Yoh sobre los suyos, suspiro. “Amor, *mientes tan bien*”

Yoh comenzó a besarla lentamente, trataba de ponerle sentimiento al beso, pero no podía, simplemente no podía.

Ella correspondió con gusto, “Hacía tanto que no me besaba, *que me sabe a verdad, todo lo que me das* Yoh”

Ya no pudo besarla ni un minuto más, sus labios aunque suaves, no sabían al delicioso néctar que probaba de los dulces labios de Anna, así que rompió el beso de manera violenta.

Pero a Tamao no le importó, lo miro con amor y devoción, sintiendo como su corazón latía violento con tan solo verlo. “No puedo evitarlo, *ya te estoy amando*”

Yoh sonrió, mientras se reprendía mentalmente, no estaba bien engañarla e ilusionarla.

-Te amo-le dijo Tamao de pronto.

-Yo, yo también-murmuro mientras agachaba la cabeza.

Ella lo miró con dulzura y compasión, “*Mientes tan bien*”

Lo abrazo tiernamente y coloco la cabeza de Yoh sobre su pecho.

-¿Sabes *que he llegado a imaginar* Yoh?-musito cerca de su oído-*que de amor llenas tu piel*-y una lagrima rodó por su mejilla.

-Tamao, ¿estas llorando?-pregunto mientras se liberaba del abrazo y la miraba a la cara.

Ella lloraba abundantemente, sentía un terrible dolor interno. “*Y aunque todo es papel*, me hago tantas ilusiones”

-Ya no llores, querida, estoy aquí, te quiero-le dijo mientras la abrazaba.

Ella lloró aun más fuerte, “Yoh como *mientes tan bien*”

Le llevó un buen rato tranquilizarse, cuando lo logro, lo miro a la cara, Yoh tenía un semblante preocupado y culpable.

-Discúlpame, soy una tonta-le dijo mientras le sonreía-Ya es tarde vamos a dormir-se levanto y camino hacía las escaleras. “*Y aunque todo es de papel*”

Yoh lanzó un resoplido y la siguió.

Se acostaron en silencio, él la abrazo por la cintura y le murmuro un “te quiero” antes de caer profundamente dormido.

Ella acarició con suavidad sus cabellos y sonrió con melancolía.

-*Mientes lo sé*-musito antes de abrazarlo y también quedarse dormida.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Salió de bañarse y se dispuso a vestirse cuando su marido entró a la habitación.

Hao la miro de arriba abajo, llevaba puesto únicamente la diminuta toalla, se veía tan deseable, tan apetecible, además de que hacía mucho que no compartían intimidad.

Anna tembló al notar la intensa mirada que Hao le dirigía.

Lentamente él fue acercándose y se pego a su cuerpo.

-Oh, Anna, hace tanto que no te poseo-murmuro mientras depositaba apasionados besos en su cuello, una de sus manos tratando de desatar la toalla mientras que la otra acariciaba los muslos desnudos de la joven.

Hasta que en un movimiento violento Anna lo separo de él.

-¿Qué demonios?-exclamo.

-No quiero, de acuerdo-y se alejo lo más rápido que pudo de él.

-Pero Anna-se quejo-Hace mucho que no lo hacemos, ¿Sabes?, Yo también tengo necesidades.

-Lo sé, pero no puedo, estoy indispuesta.

-¡Maldita sea!, Constantemente encuentras excusas-dijo frustrado-Siempre que intento tocarte tienes una maldita razón para alejarme.

-Pues yo no tengo la culpa que siempre se te ocurra cuando estoy enferma o indispuesta-contesto molesta.

-Anna es que no te das cuenta de que te necesito ahora-dijo autoritario-Por favor, solo esta vez-suplicó.

-No. No quiero y no puedo, ahora salte, me voy a vestir-su voz sonó fría.

-No, me quedare, sí no puedo tocarte, por lo menos quiero verte-y se sentó en la orilla de la cama.

Ella estaba sorprendida.

-Hao, salté, por favor.

-No, eres mi esposa, estoy en todo mi derecho-dijo con una sonrisa divertida que exaspero a Anna.

-Pues sí tu no te sales, lo haré yo-tomo sus cosas y se dirigió a la puerta-No me sigas de acuerdo-le dijo tajantemente antes de salir y azotar la puerta.

Hao lanzó un gruñido de frustración antes de tirarse de espaldas sobre la cama.

Paso su mano por sus largos cabellos, ya no sabía que hacer, Anna se alejaba cada vez más de él y no encontraba la razón, él le daba todo lo que ella quería, la dejaba hacer su voluntad, sí él fuera realmente dominante, la hubiera obligado a acostarse con él aunque ella no quisiera, pero no era tan maldito como para hacer eso, pero en su interior le hubiera encantado, ya llevaba mucho tiempo conteniéndose, y las reacciones de ella cuando trataba de mantener un contacto íntimo lo frustraban de sobremanera, se desvistió y se coloco el pijama para después meterse en la cama y esperar a que su esposa regresara.

Anna respiro aliviada en la otra habitación, había salido bien librada esta vez, se vistió rápidamente y espero antes de salir, se miro en el espejo y se noto distinta, de hecho ya llevaba una semana sintiéndose mal, sufría de constantes mareos y cansancio durante todo el día, ella lo atribuía a todos los problemas que tenía últimamente, aunque también le daba muchísima hambre y ciertos alimentos le provocaban nauseas.

Alejo todas esas cosas de su mente, ella se sentía bien, más que bien, tal vez si sus molestias persistían asistiría al medico, pero sin decirle a nadie ni media palabra, no quería preocupar a nadie y muchísimo menos a Yoh.

Suspiro y se dirigió a su habitación, cuando entró se encontró con que Hao ya se había dormido.

-Menos mal, así ya no me molestara-murmuro para sí antes de acostarse a su lado.

Se tapo con las cobijas y en unos instantes se quedó dormida.

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CAPITULO 28: Te sigo Amando.

-Pues bien, ya estoy aquí-dijo nervioso-¿qué es lo que tienes que decirme con tanta urgencia?

-Tranquilo amigo, son cosas buenas, pero siéntate para que podamos platicar a gusto-prendió un cigarrillo y le ofreció uno a su amigo.

-No gracias, ¿de qué se trata?.

-He estado evaluando tu situación Yoh, he sabido que tu familia en Izumo ha cesado de molestarte, lo cual me parece perfecto pero no acaba con la molesta situación-hablaba tranquilamente, tenía que sondearlo primero, no podía dejárselo caer así como así.

-Sí así es, estoy desesperado, no sé cuanto tiempo más podré soportar, me duele tanto hacerle esto a Tamao y a mi hermano, pero por otro lado no puedo vivir sin Anna, puedo sobrevivir con mi cargo de conciencia pero definitivamente no podré hacer lo mismo si Anna me falta-en sus ojos brillaba la desesperación.

-¿Y ella como se encuentra?-pregunto aparentando preocupación.

-Bien, en realidad eso creo, últimamente ha estado un poco enferma, lo cual me tiene muy angustiado-estrujaba sus manos con fuerza-ella insiste en que esta bien, pero a mí no me agradan para nada todas las cosas que le pasan.

-¿Ya visito al medico?

-Mañana va ir a verlo, tuve que insistirle mucho, pero al fin accedió, al menos eso me quita un poco del peso que llevo arriba, necesito hacer algo y ya, pero mi cabeza ya no puede pensar ni un minuto más, no sé que demonios voy a hacer, no podré por mucho tiempo seguir dándole largas al asunto de la Dinastía, he hablado con Anna y ella esta de acuerdo, claro que como se ha sentido un tanto enferma, ella tampoco ha tenido cabeza para pensar.

-Ya veo-y expiró un poco de humo-pues yo he estado investigando y hay una persona que desea ayudarlos.

-Ryu-lo miro con desconfianza-¿No le habrás contado a alguien más sobre lo de Anna y yo, verdad?

-Claro que no Yoh-rió-Esa persona se dio cuenta de lo que había entre tu cuñada y tú desde un principio, es más hasta a mí me sorprendió.

-¡Dios mío!-exclamó aterrado, “¿cuántas personas más lo sabrán?”

-No te apures, es de confianza, ha decidido ayudarte, porque es una buena persona-y lo miro comprensivamente. “en realidad es una víbora, pero me pagara muy bien”

Yoh respiro un tanto aliviado.

-¿Pero porque desea ayudarnos?, Sea quien sea no sabe nada de nosotros.

-Yoh, esa persona sabe mucho, en especial de ti y ya te dije que quiere ayudarlos porque es una persona que comprende que cuando el amor llega, pues no queda más remedio que aceptarlo-volvió a fumar.

-¿Es de fiar?-pregunto arqueando una ceja.

-Sí.

-¿Quién es?, ¿La o lo conozco?

-No te lo puedo decir, me pidió que fuera discreto, lo que menos quiere es verse involucrada en un escándalo, me dijo que te ayudaría pero tendrías que ir a su casa a hablar personalmente-y aplastando su cigarrillo agrego-¿tu decides?

Yoh miro hacía el frente por bastante tiempo, meditaba.

-Tengo que hablarlo con Anna-dijo.

-Debo decirte que esa persona no es muy paciente, me dijo que tenías que ir a verla a más tardar el viernes, si no ibas, pues que entonces te olvidaras de su cooperación

-Pero entiéndeme, esto le concierne tanto a Anna como a mí, no puedo hacer algo sin su consentimiento.

-Pues tu sabrás, yo opino que deberías ir a verla, no creo que tu amada se moleste, todo esto lo haces por el bienestar de ambos.

Yoh volvió a pensar unos minutos más.

Ryu sonreía para sus adentros, ya estaba, Yoh había caído.

-Bueno tan solo permíteme llamarla-suspiró.

-Sí, eso esta bien, llámala y juntos platiquen, pero yo debo obtener una respuesta el día de hoy, para avisarle que has aceptado su ayuda.

-¿Me permites?-se levanto y saco el celular de su bolsa del pantalón.

-Claro, claro.

Yoh marco y se alejo una distancia prudente de Ryu.

-Amor, soy yo Yoh, es urgente-murmuro.

Ryu lo veía con cara de satisfacción que fácil era su amigo de convencer, “esa maldita de Jean se saldrá con la suya, no creo que le cueste ni la mitad del trabajo del que me esta costando a mí convencerlo”, su sonrisa se amplio aun más al ver que fácil era ganar dinero de una manera rápida y sencilla.

Al cabo de unos minutos Yoh colgó y regreso a su lado.

-Ella me ha dicho que sí, que es buena idea-se sentó-Sí Ryu, dile a quien quiera que sea que aceptamos su ayuda.

-Me parece perfecto, es lo más sensato que pueden hacer-se levanto-Pues bien, aquí tienes la dirección-le extendió un pedazo de papel.

Yoh lo tomo y leyó la dirección, no estaba tan lejos de su casa.

-Yo le avisare que iras personalmente el viernes, ¿te parece a las cuatro?

-Sí, esta bien, yo llegaré, dale gracias, lo haré cuando la vea, pero quisiera agradecerle antes, ¿sí?.

-Claro yo le diré, nos vemos Yoh.

-Sí, gracias Ryu, eres un gran amigo-y le sonrió agradecido.

Eran en momentos como ese en que él se sentía la peor basura del mundo, en realidad apreciaba al chico, sí, claro que sí.

Le devolvió la sonrisa y se marcho dejando a Yoh sentado en la banca del parque.
El viento comenzó a refrescar, e Yoh supo que también era hora de partir, era el momento para ver a la mujer que amaba.

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Caminaba sin rumbo fijo, había querido ir a dar un paseo, quería tan solo salir de su casa y recorrer las calles del centro.

Iba de buen humor, algo raro en él últimamente, de vez en cuando se paraba en los escaparates a mirar, y en más de una ocasión entro a las tiendas a comprar juguetes y ropa de bebé.

Sería tío, su hermana estaba de encargo y eso lo llenaba de felicidad, ya que con eso se comprobaba que en realidad no estaba loca como muchos decían, él conocía muy bien al padre del niño y sabía que no se negaría y de ser así se enfrentaría a él y a su ejercito de asesinos profesionales. Aunque le tenía intrigado la manera en que él conseguía dinero para viajar hasta China, después de todo él sabía que no tenía mucho dinero.

Siguió caminando con una sonrisa en sus labios, estaba feliz de volver a su hogar, ya había cumplido con el encargo de su hermana y no faltaría mucho para que él y el futuro marido de su hermana regresaran de vuelta a China.

Estaba tan absorto en su propia felicidad que no se dio cuenta y choco con una chica, provocando que los papeles que esta misma cargaba cayeran estrenduosamente al suelo.

-Lo lamento, no me fije-se disculpo mientras se agachaba a recoger lo que se encontraba tirado en el suelo-Aquí tiene-dijo con una gran sonrisa cuando se levantó, pero lo que vio le borro por completo la sonrisa.

Pilika lo miraba sorprendida, tomo sus papeles y le dio las gracias, pero no se movió ninguno de los dos parecía querer moverse.

-Que sorpresa-murmuro ella.

Len abrió enormemente los ojos, ella no se veía molesta ni ofendida ni nada por el estilo.

-Sí, no pensé que chocaría contigo-dijo tratando de dominar el nerviosismo en su voz.

-Es el destino-musitó.

-¿Perdón?-parecía confundido.

-Tu siempre decías eso cuando cosas imprevistas sucedían, solías decir que todo era obra del destino-el viento sopló y jugo con su larga cabellera.

-Así es y aún lo creo, bien, fue un placer verte, hasta luego-sonrió con melancolía y dio media vuelta.

-¡Len!-le grito-Espera-el chico volteo para mirarla-¿Te gustaría charlar?

Él se sorprendió ante tal sorpresa, no se lo esperaba, pero reponiéndose rápidamente asintió con la cabeza y juntos entraron al café donde años atrás Pilika y Anna trabajaron.

Se sentaron y un incomodo silencio los envolvió.

-Bien, pues-Pilika no sabía por donde empezar.

-No, yo soy quien debe de hablar-le dijo Len-Desde hace mucho he querido que me escuches.

-Pues este es el momento-y le dedico una hermosa sonrisa.

Él se estremeció hasta las entrañas con ese solo acto, ella era tan hermosa cuando sonreía.

-Sé que vas a casarte-comenzó.

La sonrisa de Pilika se borró.

-Así es, Lyserg pedirá mi mano la semana que entra, después de la boda nos iremos a Inglaterra.

A él le dio un vuelco el corazón al escucharla.

-Pues yo quiero decirte *que seas muy feliz, estés donde estés cariño*

Ella lo miró con sobresalto, hacía mucho que no escuchaba que alguien le llamara cariño con tanto amor.

-Y quiero que sepas que *no importa que ya, no vuelvas jamás conmigo*, he entendido muchas cosas desde que nos separamos.

-Len, no es necesario-murmuro, quería que parara, estaba sintiendo tantas cosas en esos momentos, en realidad desde mucho antes, desde aquel día en el teatro, cuando cayo en sus piernas recordó súbitamente todos los días bellos que pasaron juntos, la hermosa sensación de plenitud que sentía cuando él la besaba, la abrazaba, la acariciaba.

-Sí, sí lo es-y la miro suplicante-*Deseo mi amor que sepas también que te amo*-y la miro con intensidad-A pesar de estar tanto tiempo separados yo quiero decirte *que no te olvide, que nunca podré, te extaño*

Pilika se quedo sin habla sus ojos se llenaron de lagrimas, Len jamás le había hablado así.

-*Que seas muy feliz, que encuentres amor, mi vida*-continuo, su mano temblorosa se poso en la de ella-*que nunca mi amor te digan adiós un día*-trato de sonreír-porque sino yo mismo iré a vengar cada una de tus lagrimas.

-Len yo no sé...

-Tú no necesitas decir nada-le interrumpió-soy yo el que siempre te ha molestado, así que *perdóname mi amor por todo el tiempo que te ame, te hice daño*, ahora sé que mis celos y mi maldito carácter posesivo te lastimaron enormemente.

-Pero esa es tu forma de ser, yo nunca intente cambiarte-y lo miro con ternura.

-Creo que *te ame de más y fue mi error*, ya que debido a eso, estuve a punto de cometer en tu contra la mayor de todas las atrocidades, tu no tenías la culpa de nada, solo yo soy el culpable de que me dejaras, ¡por mi maldito miedo al compromiso!-golpeo con fuerza la mesa-es por eso *que soledad, estoy sin ti, lo estoy pagando*-agacho la mirada.

-Len, ya basta por favor-le suplico, le estaba partiendo el corazón verlo así de vulnerable.

-No Pilika, sinceramente de deseo *que seas muy feliz, que seas muy feliz* a lado de Diethel-lagrimas silenciosas caían en la mesa, levanto su rostro y dejo que Pilika lo mirara, tal vez con eso lo perdonaría por todo, al ver como ella lo destrozaba-*Mientras que yo te sigo amando*-dijo antes de pararse.

Ella no podía dejarlo ir así, comprendió que Anna tenía razón que todo lo que había hecho era por amor, no justificaban sus acciones, pero él la amaba intensamente, de pronto recordó lo que le dijo Anna: “No cometas el mismo error que yo, no dejes ir lo que ya tienes”, su amiga tenía razón al diablo con el orgullo, que importaba que él le hubiera tratado de hacer lo que fuera, amaba a ese hombre con todo su ser y no lo iba a dejar ir así porque sí.

Corrió tras él y lo alcanzo en la salida.

-No te vayas, por favor, no me dejes-y lo abrazó.

-¿Estas jugado conmigo?-le pregunto un poco molesto-¿No te parece suficiente la forma en que me humille?

Ella lo miró a los ojos con ternura y acaricio su mejilla.

-Jamás cambiaras Len Tao, por eso he decidido que quiero quedarme a tu lado-y le sonrió.

Len abrió los ojos desmesuradamente, se pellizcó para ver que no estaba soñando.

-¡Ay!-exclamo al comprobar que en realidad no era un sueño-Pero Pilika, tu y Lyserg-tartamudeo, no comprendía.

Ella rió divertida.

-No voy a dejar escapar al hombre que amo y con quien me siento completa, no te voy a dejar irte así de mi vida, no puedo, jamás me lo perdonaría-y lo miro con amor.

-Pero todo lo que te hice, yo he sido un completo idiota-dijo, seguía inevitablemente confundido.

-Ya no importa, yo te perdono y te perdonare muchas cosas más, no me importa sí no me llevas vestida de novia y me caso en una linda boda, ya no me interesa eso, yo tan solo quiero estar a tu lado para siempre, con o sin papel-dijo firmemente.

Len sonrió, no podía creer tanta felicidad.

La tomo en sus brazos y dio vueltas con ella, ambos riendo, tomo su mano y lentamente se inclinó hacia ella besándola tierna y profundamente, ella dejándose guiar por la boca masculina que comenzaba a besarla con desesperación, cuando terminaron se miraron a los ojos.

-Estas segura de esto-le murmuro él.

-Por supuesto.

-¿Y que pasara con Diethel?

-Yo hablare con él, entenderá, estoy segura, es un buen muchacho, pero haré eso otro día-acarició su cabello y su nuca-Ahora tan solo quiero que me lleves directo a las estrellas.

Lo acerco hacía ella y lo beso una vez más, sí eso no era la gloria entonces no sabía que era.

Y el destino sonrió complacido.

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-¿Qué te ha dicho él medico?-pregunto preocupado.

-Me saco unos análisis y me pidió que regresara dentro de una semana.

-Pero no es grave ¿verdad?-y la miro con gesto inquisidor.

-No, bueno eso me dijo, que no era grave y yo le creo-dijo traviesamente.

-¿Me escondes algo?-pregunto curioso.

-No, no podría o no por mucho tiempo-y sonrió pícaramente.

-¿Qué es Anna?

-Es una sorpresa, tienes que esperar hasta que este completamente segura-y le dio un beso fugaz.

-Vamos, dime-y la miro suplicante.

-No, ya te dije que tengo que estar segura, pero te puedo asegurar que sí es cierto lo que sospecho, la sorpresa te va a poner muy contento.

-Esta bien esperare-dijo mientras la envolvía en un abrazo.

-Yoh, ¿entonces iras a ver a esa persona?-dijo poniéndose seria.

-Sí, no tenemos otra opción, claro sí queremos estar juntos-y beso su frente.

-Tienes razón, ¿qué crees que te proponga?-y levanto su cabeza para mirarlo.

-No lo sé amor, pero sea lo que sea veré si nos conviene-y le sonrió.

-Espero que sea algo productivo, ya que podría arruinar la sorpresa.

Yoh la miro con curiosidad, no sabía de que hablaba pero sentía que fuera lo que fuera serían muy buenas noticias.

-Anna, ¿qué es?-le volvió a preguntar.

-No, te lo diré-dijo con tono infantil.

-¿ah, no?-dijo divertido.

-No-repitió con el tono anteriormente utilizado.

-Pues entonces no me dejas otra opción que... un ataque de cosquillas-y comenzó a hacerle cosquillas en todo su cuerpo.

-No Yoh, basta, ya, ya-decía entre risas.

-Me vas a decir ya-dijo divertido y también entre risas.

-No-dijo firmemente-Es una sorpresa, ¿no querrás arruinarla, verdad?

-Claro que no-contesto y dejo de mover sus manos, ella después de unas cuantas risas más se tranquilizo.

-Y dices que soy yo la impaciente-le reprocho.

-Esta bien, ya no preguntare-y acaricio los desordenados cabellos rubios de la chica.

-Así me gusta y solo por eso... – lo empujo hasta dejarlo recostado sobre el futón, se coloco encima de él y lo beso con pasión.

-Voy a portarme bien de ahora en adelante-dijo sugestivamente cuando terminaron de besarse-Con besos como esos a quien no le dan ganas de portarse bien.

Ella solo rió para volverse a empinar para besar nuevamente a su amante.

Todo saldría bien, eso solía repetir siempre él, y le creía, confiaba plenamente en él, confiaba que aquella buena persona que iba a ayudarles tuviera una buena solución para que jamás volvieran a separarse y más ahora cuando tenía sospechas de algo que la llenaba de felicidad y de temor al mismo tiempo, no por Yoh, sino por su marido.

Pero mientras lo besaba sabía que había una buena solución para todo y que ella estaría junto a él para toda la vida.

CONTINUARA... Subir

CAPITULO 29: Pequeños inconvenientes.

Su reloj marco las cuatro, caminó más aprisa, solo le faltaba tan solo una cuadra para llegar, todas sus esperanzas estaban puestas en esa visita.

Llego a la suntuosa casa y miro de nuevo la dirección, sí, esa era, subió los tres escalones que lo separaban de la puerta y llamó, suspiro y espero pacientemente.

Al cabo de un rato, la doncella apareció.

-¿Diga?-dijo con su voz fría y gesto arrogante.

-Tengo una cita, por favor avise que Yoh Asakura ha llegado-contesto con una sonrisa.

La joven mujer abrió desmesuradamente los ojos, lo miro de arriba abajo y en sus ojos la sorpresa brillo.

-Enseguida, pase, pase-le dijo mientras se perdía escaleras arriba.

Yoh se dedico a observar cada detalle dentro de la casa, todo se le hacía extrañamente familiar, inclusive podría jurar que a la sirvienta la había visto en otra parte.

-Señor, pase a la sala, mi señora estará con usted en un momento-la voz de la doncella lo saco de sus pensamientos y la siguió.

“Conque es una señora”

La criada lo dejo no sin antes ofrecerle algo que beber.

-No, gracias, así estoy bien-murmuro.

Ella salió dejándolo completamente solo.

La sala era espléndida, todo decorado a la inglesa, en el centro había un piano de caoba y colgado en una repisa se hallaba un violín.
Se acerco a observarlo con detenimiento, le recordaba mucho a uno que había visto años atrás.

-Llegas con quince minutos de retraso-dijo de pronto una voz femenina que lo estremeció.

Se volvió lentamente para encontrarse cara a cara con una hermosa mujer que le sonreía sarcásticamente.

-¿Jean?-articulo con dificultad-¿Eres tú la que desea ayudarme?

-Así es, soy yo, pero siéntate querido Yoh-y le señalo un cómodo sofá.

-Creo que no será necesario, me voy-y se dio media vuelta.

-¿Adónde?, ¿A quien le pedirás ayuda?, No té queda otra opción más que escucharme-y rió.

-¿A donde quieres llegar con esto?-y la miro a los ojos.

-Solo quiero ayudarte, en nombre de nuestro antiguo amor-dijo con voz melosa-Deberías estar agradecido que haya sido yo la que descubrió el idilio que existe entre tu cuñada y tú-se acerco a él y confronto su rostro, Yoh inmediatamente se separo y se sentó.

-¿Qué es lo que quieres?-le pregunto con el ceño fruncido.

-Tan solo deseo que seas feliz.

-¿A quien tratas de engañar?, A mí no me vengas con estupideces como esas, sé de sobra que esto lo haces en beneficio de tu persona.

-Jamás voy a engañarte, ¿verdad?, Me conoces demasiado, nadie como tú me ha conocido de la misma manera y nadie me ha amado tanto como tú-se acerco a él de manera sugestiva y de la misma forma se sentó-¿Te acuerdas Yoh?, Recuerdas como besabas, como me acariciabas, como me decías que me querías-y le beso el lóbulo de su oreja.

-Déjame en paz y dime de una buena vez que quieres-dijo molesto y alejándose de ella.

Ella rió con burla.

-Veo que sí lo recuerdas, y ¿recuerdas también que te querías casar conmigo?-y se mordió seductoramente sus labios.

-¿A que viene todo esto?, No le encuentro sentido-su voz era fría.

-¿Recuerdas?-repitió.

-Sí, sí me acuerdo, fui un estúpido en querer pasar el resto de mis días con alguien como tú, una mujer ambiciosa y cruel, a veces me pregunto sí de verdad has llegado a amar a alguien.

-Oh, claro que sí, es por eso que te cite-y cruzo sus piernas.

-¿No te entiendo?-la miraba confundido.

-Eso no quiere decir que hayas sido tú al que más he amado-negó con la cabeza-eso nunca, he encontrado a alguien que es digno de mi amor.

-¿A sí?, ¿Quién es el pobre imbécil?-pregunto con ironía.

-Tu hermano-contesto tranquilamente.

A Yoh se le fue el aire por un instante, y la miro perplejo, ella solo sonrió ante tal reacción.

-Encuanto a que sí es un imbécil, no lo sé, pero ¿de qué otra forma se le llamaría a un hombre que no se da cuenta de que su esposa se revuelca con su propio hermano?-dijo de manera mordaz.

-Eres una... –se contuvo, no tenía porque gastar energías con alguien como ella-vas a decirme que es lo quieres.

-Es algo muy simple, ambos saldremos beneficiados, mira-se acerco a un mueble y saco dos pedazos de papel-aquí tengo dos boletos de avión para viajar a España, para ti y para Anna, te propongo que te vallas con ella del país, así yo podré quedarme con Hao y tu te quedaras con su esposa, ¿qué dices?

-¿Por qué estas haciendo esto Jean?

-Porque estoy enamorada de tu hermano como una loca, lo quiero para mí-y le dio un pequeño golpe con su dedo en el pecho.

-Dirás a su dinero, no soy idiota ¿sabes?, Sé que tu familia esta en la ruina y sé que buscas un marido rico para desposar, cuando uno pasa tanto tiempo en Europa rodeado de nobles se entera de muchas cosas, y de todos los hombres tenía que ser mi hermano con el que te encapricharas.

-No es un capricho, lo amo.

-¿Tú que sabes del amor?, Por favor, ¡A ti solo te importa tu buena posición!, no es por eso por lo que me dejaste, porque te ibas a casar con un hombre rico, un hombre que te desprecio cuando se entero de lo que hubo entre tú y yo-le dijo exaltado.

-Tú no sabes nada de mí, en ese tiempo era tan solo una niña, hoy he madurado y sí, te confieso que en un principio me acerque a Hao con el fin de quitárselo a su mujer con el firme propósito de tener su dinero, pero conforme lo iba conociendo me iba dando cuenta de que es un gran ser humano, que es una persona maravillosa y acabe enamorándome de él-suspiro-te estoy dando una ayuda, la quieres o no.

-No, no la quiero-dijo firmemente.

-Yoh, entiende, esto te beneficia tanto a ti como a mí-dijo apelando su decisión-Vete con la mujer que amas y yo me encargare del resto, tu familia se enfadara sí, pero es lo mejor que puedes hacer, o que, ¿esperaras a que todo el mundo se entere?, ¿A que Tamao y Hao se den cuenta?, ¿Te parece justo Yoh?, Contéstame.

-Por eso no la acepto, no se me hace justo irme dejando sola a Tamao en este asunto.

-¡Vamos, Yoh!, Déjate de sentimentalismos-dijo comenzando a desesperarse-Tamao lo aceptara, la tormenta será menor si se quedan en el centro del huracán.

-He dicho que no y así se hará, si Anna y yo debemos enfrentar al mundo entero para poder ser felices que así sea, no voy a huir como un cobarde.

-Yoh por favor-ahora su voz era suplicante.

-No y eso es lo ultimo que voy a decir, gracias por tu ayuda, pero no-dijo tajantemente-Sí eso era todo, pues adiós, ya no tengo a que quedarme-dio media vuelta y comenzó a caminar hacía la salida.

-¡Te vas arrepentir de no haberme ayudado!, ¡Yoh Asakura, cuando menos te lo esperes caerás!, ¡Tú y esa maldita mujer!-estos gritos fueron los últimos que Yoh escuchó antes de salir y perderse entre la gente.

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Caminaba de un lado a otro con la carta entre las manos, lo que decía era sumamente abrumador y emocionante a la vez, sería papá dentro de muy poco, regresaría a China y se casaría con ella, solo esperaba a que Jean le pagara lo que le prometió por convencer a Yoh, lo demás sería pan comido.

Sonrió con satisfacción al imaginarse la cara que pondría la anciana Kino cuando se enterara de que Jun Tao había dado a un heredero y que el padre era nada más y nada menos que su informante.

Después de todo no había sido mala idea enamorar a Jun, esa hermosa mujer le daría más satisfacciones que jamás imagino, la quería, es más la amaba aunque en un principio fue venganza y ambición lo que lo orilló a matar a su prometido y a conquistarla, pero con el paso del tiempo llego a amar a esa linda muchacha de hermosos ojos azules, y nunca pretendió jugar con ella, de ser así su hermano y su padre se hubieran encargado muy bien de descuartizarle.

Pero no, él podría ser un cínico y un descarado, pero nunca un patán, no podía abandonar a esa pequeña criatura que era tan suya como de Jun.

Se detuvo a pensar un momento, saco papel y tinta de su escritorio y escribió:

“Querida Jun:

Amor lo que me dices es maravilloso, no encuentro palabras para describir lo feliz que me haces, tienes razón, dentro de poco estaré a tú lado para casarnos y juntos criar a nuestro hijo.

Por el momento me es imposible viajar, he tenido mucho trabajo y no me han pagado aún, así que tendremos que esperar a que me den el dinero parta viajar lo antes posible a tú lado.

No creo que me lleve mucho arreglar mi situación, aquí en Japón, y también sé que no puedes esperar mucho, ya que dentro de poco se notara que estas embarazada y creo que ni tu ni tu familia desean un escándalo social y créeme a mí tampoco me gustaría.

Lo mas probable es que viaje con tu hermano de regreso, al parecer te ha prometido querida, que regresara conmigo aunque me tenga que llevar arrastrando o por lo menos eso fue lo que me dio a entender cuando me entrego tu carta, aunque te he de decir que tu hermano también demorara un poco en su viaje, se ha reconciliado con su novia, espero esto te alegre ya que al parecer habrá doble boda.

De todas formas en caso de que tu hermano no desee volver yo sí lo haré, espero que seas paciente, te prometo regresar lo antes posible, y ni se te ocurra viajar en tu estado, lo primordial es tu salud y la del bebé, por eso te pido que tengas paciencia, yo regresare, por supuesto y espero nunca dudes de que así lo haré, soy un hombre y como tal te voy a cumplir, solo te pido que soportes un corto tiempo más, después podremos ser felices.

Te mando muchos besos y abrazos, también te mando un paquete con ropa y juguetes que tu hermano le ha comprado a nuestro hijo, no sabes que ilusionado esta, pero te aseguro que no tanto como yo, yo del mismo modo he realizado algunas compras y te las envió igualmente.

Esperando soportes un poco más, te ama

Ryu”

Doblo la carta y cogió una gran caja con uno de sus brazos, reviso que llevara todo y salió de su casa con una gran sonrisa en los labios.

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-¿Ha sucedido algo?-pregunto preocupado mientras se acercaba a la chica.

-No, solo deseo que me ayudes-contesto tranquilamente.

-¿Te encuentras bien Tamao?-y se sentó a su lado-Mira yo sé que lo que vimos fue difícil pero...

-Horo Horo lo que vimos fue un sueño, una figuración, creí que todo eso había quedado muy claro-le interrumpió-Sí te pedí que vinieras es porque quiero comprarle un regalo a Yoh y quiero que me ayudes.

-No te entiendo, después de lo que te hizo, mejor dicho de lo que te hace, ¡Y tu quieres regalarle algo!, no ves que solo fomentas su infidelidad.

-Te he dicho que todo fue un sueño-dijo elevando la voz.

-¿Por qué Tamao?, ¿Por qué te niegas a ver?, tanto lo amas que le perdonas que te engañe-y la miro con indignación.

-Fue un sueño Horo Horo-sollozo agachando la cabeza-¡Porque no lo ves así también!, sí tan solo me dijeras que tu también lo soñaste, el dolor aunque fuera un poco, disminuiría-levanto su rostro y él noto que lloraba.

-Pero yo no puedo engañarte, no de esa forma-y acaricio su mejilla, no soportaba verla así, cuando ella lloraba deseaba tener a Yoh de frente para poder matarlo.

-Por favor, solo hazlo quieres-suplico-es difícil, en especial cuando es el hombre con quien pensé compartir toda mi vida, al que amo profundamente, es difícil aceptar que él ya no me ama-sonrió débilmente-por favor Horo, dime que tu también lo soñaste.

No podía resistir esa dulce mirada llena de dolor y amargura.

-Sí Tamao yo también lo soñé-murmuro.

-Gracias, eres tan bueno conmigo-y le dio un fraternal beso en la mejilla, este solo acto lo hizo estremecer-Ahora debes ayudarme a comprar ese regalo para Yoh-dijo recobrando el buen humor.

-¿Y que clase de regalo deseas comprarle?

-Uno que sea de verdad especial, uno que demuestre cuanto lo amo y cuanto deseo que feliz.

-¿Has pensado en algo?-y la miro un poco turbado, no entendía como él también había caído en el horroroso juego de mentirse.

-En realidad sí, me ha costado mucho decidirme a comprárselo, pero sé que eso lo hará muy feliz y creo que a mí también, aunque parezca todo lo contrario, el regalo que deseo darle es para nuestro propio bien, aunque alguien más se beneficiara del obsequio.

-¿Y quien será el tercero?-pregunto con curiosidad.

-Anna, ella también será feliz con el obsequio, y más ahora, cuando ella también le dará un regalo aún más grande que el mío a Yoh-y sonrió con amargura.

-¿Qué quieres decir?, ¿Ella también tiene un presente para Yoh?

-Así es, sé que Yoh se pondrá muy contento con esa sorpresa.

-¿Qué clase de obsequio es?

-Es algo que Yoh siempre deseo, algo que recibirá con gusto ya que es de parte de la mujer que el tanto quiere-y contuvo con mucho esfuerzo las ganas de llorar.

-Es un... –no se atrevió a decirlo, no quería ver derrumbarse a Tamao, así que cambio la respuesta por una pregunta-¿Estas segura que es de... digo es para Yoh, no será para su marido?

-No, estoy segura, yo la vi cuando llego a hacerse la prueba, lucía radiante, feliz, tenia la ilusión grabada en el rostro, sí fuera para Hao la reacción hubiera sido muy distinta, además por lo que me ha dicho Jean, él hace mucho que no la toca, así que el obsequio es de Yoh, en especial cuando ella le dijo a la enfermera que a él le gustaban los niños, es cuando supe que sí, que en realidad era para mi marido-una lagrima silenciosa cayo al piso.

-¿Ella no te vio?-dijo tratando de no verla llorar.

-No, ¿cómo podría?, Si se hallaba tan feliz-seco sus lagrimas-pero eso no importa, yo de verdad deseo darle mi obsequio, que sé le agradara no tanto como el de Anna, pero lo hará feliz y yo lo único que deseo es su felicidad.

-Ya veo y entiendo a que clase de regalo te refieres, conozco un buen lugar donde te lo entregaran rápido y sin preguntas molestas, es barato y un amigo mío trabaja ahí, ¿quieres que te lleve?

-Por supuesto, entre más rápido mejor-y le sonrió-Muchas gracias Horo Horo, no sabría que hacer sin ti, eres un gran amigo.

-Para todo lo que quieras Tamao, yo siempre estaré contigo, ahora vamos-se levanto y la ayudo a incorporarse.

Ella sonrió y tomo su mano, y por primera vez en su vida se pregunto el porque no se había enamorado de él.

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CAPITULO 30: Temblando.

Hao esperaba impaciente en la sala de espera, miraba a su alrededor y constantemente dirigía su mirada al reloj de pulso, necesitaba tanto hablar con alguien y no se le ocurrió mejor persona para dar consejos que su hermano.

-Hermano, que gusto verte, ¿qué te trae por aquí?-dijo la voz masculina de Yoh.

Hao le sonrió para después sentarse en uno de los sillones.

-Tengo un problema y necesito que me ayudes, perdona sí interrumpí algo, pero en verdad necesito ayuda, hace mucho que no charlo contigo-y lo miro anhelantemente.

-Por supuesto, para que estamos los hermanos-se sentó a su lado-A ver, cuéntame, ¿cuál es tu problema?

-Anna, ella es mi problema.

Yoh se estremeció al escucharlo.

-¿Qué sucede con ella?-pregunto nervioso.

-Ya no es la misma-se llevo su mano a la frente-hace tanto que esta tan distante, tan lejos, no sé que sucede con ella-la turbación se dibujaba en su rostro-Ya no deja que la abrace, que la bese, que la toque, hace mucho que dejamos de tener relaciones sexuales, además últimamente ha estado mucho más extraña, van varias veces que vomita, que se marea, supongo que ha de estar enferma-lo miro suplicante-por eso he venido contigo, ella pasa mucho tiempo a tu lado, supongo que han de ser muy buenos amigos, por eso, Yoh, dime ¿tú sabes porque Anna se esta alejando cada vez un poco más de mí?

Yoh trago saliva, claro que lo sabía, de hecho Anna se encontraba arriba en el salón aguardando su llegada, pero no podía decirle a su hermano que su esposa ya no lo quería y mucho menos que ella y él eran amantes y se amaban profundamente, pero tenía que decirle algo, lo que fuera, tal vez una mentira piadosa ayudaría.

-Es porque ya no le prestas atención-dijo de pronto.

Hao lo miro sorprendido.

-Me ha dicho que trabajas considerablemente y pasas mucho tiempo fuera de casa, creo que la has descuidado-continuo Yoh esperando una respuesta por parte de su hermano conteniendo la respiración.

-Eso es todo-y sonrió-pobre de mi linda Anna, le duele que yo no esté a su lado.

Yoh respiro aliviado.

-No me había dado cuenta, ¿qué me recomiendas hacer para que ella vuelva a ser la misma conmigo?-le pregunto.

-Supongo que ponerle un poco más de atención, Anna estuvo un poco enferma y tú ni siquiera te diste cuenta-le reprocho.

-¿Estuvo enferma?-dijo con asombro-Yo no sabía, por eso los mareos y los vómitos.

-Sí, pero no es nada de que preocuparse, ella me ha dicho que esta bien, que no tiene nada malo.

-Ya veo, tienes razón, debo de ponerle más atención a mi mujer, por suerte que tu estas con ella-tomo su mano fraternalmente-me alegra mucho que se hayan entendido, no sabes lo feliz que me hace el saber que las dos personas a las que más valoro en mi vida sean tan buenos amigos-le sonrió cariñosamente-gracias Yoh por ser tan buen hermano y por ser tan amable con mi querida Anna.

A Yoh se le cayo el mundo con el solo escucharlo, su hermano le tenía tanta confianza, y él la estaba tirando por la borda, le dolía lo que le estaba haciendo, pero no podía dejar de amar a Anna, era como si se negara a él mismo.

-Gracias, pero creo que exageras-dijo tratando de sonreír lo más natural posible.

-Claro que no, tu eres una persona tan tranquila y tan honesta, eres un gran ser humano Yoh, me alegra mucho el tener a un hermano como tú, alguien que siempre estará ahí para ayudarme, para escucharme y aconsejarme, yo sé que tu jamás harías algo que me lastimara-y lo abrazo fuertemente al tiempo que le daba cariñosas palmadas en su espalda.

Yoh se mordió los labios para tratar de calmar los cargos de conciencia.

De pronto Hao se retiro de él de manera violenta, para tomarlo por el cuello y olfatearlo con detenimiento.

-Ese perfume... –dijo oliendo el cuello de la camisa de su hermano-Huele a... -volvió a olfatear, para asegurarse-Huele al perfume que usa Anna-y lo miro confundido.

-¿Es... Estas segu... seguro?-tartamudeo nervioso.

-Por supuesto, yo mismo le compre ese perfume, es exclusivo-se agacho y volvió a olfatear, esta vez encontró algo más-¿Por qué tienes manchada la camisa de rojo?-le pregunto seriamente.

-No lo sé-dijo tratando de parecer seguro.

-Es lápiz labial-dijo mirando su dedo manchado de color rojo-Y es exactamente del mismo color del que usa Anna, Yoh ¿me puedes explicar el porque hueles a mi esposa y porque tienes lápiz labial en la camisa?

Yoh estaba al borde del colapso nervioso, no sabía que decir por primera vez, no sabía que mentira era la adecuada, no podía decirle “es porque Anna me estuvo besando el cuello antes de que tu llegaras e interrumpieras nuestros pocos momentos de intimidad”, claro que no, estaba atrapado y la dura mirada de su hermano no estaba ayudando para nada.

-Veras... -dijo tratando de explicar algo lógico.

-No tienes nada que decirme, todo me queda muy claro-su tono de voz era frío.

-Así-trago saliva y se armo de valor, sí lo iba a descubrir, pues que fuera de una buena vez-Pues sí, estas en lo cierto, lo lamento hermano, pero fue algo que sucedió, fue algo que escapo de mi control-dijo en tono serio.

Iba a continuar cuando Hao soltó una fuerte carcajada.

-No importa-dijo dándole un cariñoso golpe en el brazo-De todas formas pensaba compartirla, me alegra que hayas sido tú.

Yoh lo miraba confundido y sorprendido, no entendía absolutamente nada, no podía creer que su hermano fuera capaz de querer compartir a su esposa.

-Hao, yo, no...

-No tienes porque disculparte, ese perfume te lo ha de haber pedido Tamao, así son las mujeres, ven algo que les gusta en otra y luego, luego te lo piden, te comprendo muy bien-y sonrió-¿le gusto a tu esposa?

-Sí-dijo todavía confundido, para luego afirmar-Sí, sí le gusto-suspiro aliviado, hablaba del perfume.

-Me alegro, supongo que lo ha de haber olido en la ropa de Anna y le agradó el olor, y también supongo que le agradó el color del lápiz labial.

-Sí, así fue.

-Pues que bien, pero deberías de cuidar que no te manche de esa manera la camisa, alguien podría pensar que engañas a tu esposa con la mía-y soltó una carcajada divertida.

Yoh sonrió débilmente, “Sí supieras Hao que estas en lo cierto”

-Bueno, me voy, tengo trabajo que hacer, gracias por tu consejo, tratare de seguirlo y ponerle más atención a mi esposa, claro cuando pueda-se levanto y le tendió la mano-Nos vemos luego.

-Sí, adiós, me alegra que pude ayudarte.

-Adiós-le dijo antes de salir por la puerta y perderse entre los pasillos.

Yoh se dejo caer pesadamente en el sillón.

-Estuvo cerca-murmuro, se paso su mano por la cara y respiro hondo.

Sabía que el final se acercaba, tarde o temprano Hao se enteraría de la verdad.

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Se encontraba solo en casa, sentado en el cómodo sillón leía con atención su libro.

Aburriéndose rápidamente lo dejo a un lado y se estiro, sonrió al mirar hacía la ventana.

El sol estaba siendo ocultado por numerosas nubes de lluvia, le encantaban los días así, en especial cuando se encontraba a lado de la mujer que amaba y con la que pronto contraería nupcias.

Lyserg se levanto y se dirigió hacía la ventana, dentro de poco Pilika, la mujer que siempre había amado, sería su esposa y juntos se marcharían de Japón y vivirían cómodamente en su tierra natal: Inglaterra.

Pensaba en toda la dicha que tendría cuando el teléfono sonó, sacándolo de sus pensamientos, rápidamente se dirigió hacía el teléfono y contesto, era el día libre de la sirvienta.

-¿Bueno?

-Lyserg, soy yo Pilika

-Amor, ¿qué sucede?-pregunto con voz alegre.

-Quería ver, sí podías salir conmigo tengo algo importante que decirte.

-Pues, creo que no se va a poder, esta lloviendo y no deseo que te mojes y que te enfermes.

-Es que es urgente-dijo desesperada.

-Pues dímelo por teléfono.

-No creo que sea lo correcto, no es justo que me esconda atrás de una bocina.

-¿Qué sucede Pilika?, ¿Es algo grave?-comenzaba a asustarse.

-En realidad sí, quería decírtelo personalmente, pero, en vista de que no se puede, no me dejas otra opción que hacerlo por el teléfono-suspiro-perdóname de verdad.

-¿Qué quieres decir?-pregunto nervioso.

-Es por la boda, quiero decirte, no se como, bien, no puedo casarme contigo-termino.

-¿Por qué?, no te entiendo-murmuro *temblando, con los ojos cerrados*

-Sí, veras no puedo engañarme y seguir engañándote de esa manera tan cruel.

-¿Quieres explicarte?-pregunto y miro hacía la ventana “*El cielo esta nublado, y a lo lejos tú... *”

-Hace dos días me encontré con Len-se detuvo-Y pues, tomamos un café y platicamos de muchas cosas.

Lyserg esperaba pacientemente, “*Hablando de lo que te ha pasado*”

-¿De que hablaron?-pregunto disimulando el enojo en su voz.

-De cosas, cosas del pasado, de hecho él habló, me dijo tantas cosas Lyserg, cosas que jamás me había dicho-su voz se escuchaba emocionada-Y cuando termino, iba a irse, pero...

Él sonrió con melancolía, “Esta *intentando ordenar palabras, para no hacerme tanto daño, tanto daño*”

-Yo no pude, te juro que no pude, mas bien no quise dejarlo ir, corrí tras él, fue algo inevitable, lo siento-y parecía que era verdad.

-¿Qué sucedió cuando lo alcanzaste?-pregunto con voz apagada, esperando lo peor, “*Y yo sigo temblando*”

-Lo detuve, le pedí que me escuchara, en verdad perdóname, perdóname, pero, pues tuve que hablar con él, decirle que no podía, no debía dejarlo ir, después...

Lyserg contuvo la respiración cuando escucho lo que sucedió después, “*De la mano y con mucho cuidado, os besasteis en silencio*”

-*Donde no había luz*-dijo ella, mientras resoplaba suavemente, le era tan difícil.

-Esta bien-murmuro-¿Y has decidido qué...?-espero a que ella tuviera el valor suficiente, mantenía una sonrisa extraña, una mezcla entre el dolor y la diversión, “*Y me hace gracia tu manera de contarlo, como el que cuenta que ha pensado, que ha decidido*”

-Pues *que seguimos siendo amigos*, sé que te suena estúpido y que tal vez no quieras, después de todo, ya habías hablado con mis padres, por mi parte yo ya hable con ellos y apoyan mi decisión, te piden disculpas por todo esto, pero ellos como yo piensan que no sería justo casarme contigo mientras estoy enamorada de otro y no puedo ser otra cosa más que tu amiga, perdóname, de verdad.

Lyserg lanzo un suspiro amargo, lo estaban dejando, el amor de su vida lo estaba abandonando porque no lo amaba, lagrimas comenzaban a caer inevitablemente, “*Y yo sigo temblando y llorando*”

-¿Sabes Pilika?, Cuando comencé a salir contigo, yo *me había jurado que nunca iba a llorar* cuando me dejaras, pero no puedo dejar de sentir tanto dolor-dijo entre tristes sollozos.

-No llores, de verdad, yo lo lamento, pero no te amo, amo a Len, yo después de todo me he dado cuenta que eres un buen chico, eres muy amable, pero no puedo amarte, no puedo de verdad.

Lyserg lloraba abundantemente, “Estoy, *escuchando cada palabra que no quería escuchar*”

-Pero Pilika, ¿por qué?, yo te amo, todo lo que me dijiste, cuando nos besábamos, nos abrazábamos, te veías tan feliz, no puedes dejarme, te amo, yo quería formar contigo una familia, por favor, recuerda todos los días que vimos el atardecer, recuerda cuando decías que no habías querido a nadie como a mí, por favor, recuerda, no me dejes, no, no por favor, te amo, te amo-dijo desesperado, “Estoy *desgarrándome*”

-En verdad lo lamento, pero no puedo, lamento haberte engañado de esa manera, pero entiende, yo estaba muy dolida, creí que de verdad te quería, pero me di cuenta de que no era así, sí te quiero, más no te amo.

-Por favor, Len es un patán, por favor no me dejes, no me dejes, te amo, he puesto cada una de mis esperanzas en ti, no puedes dejarme así como así, te amo, te aseguro que nadie te amara como yo, por favor, cásate conmigo, yo te haré olvidar a Len, no me dejes, por favor no me dejes-un gran dolor en su pecho punzaba, “Jamás imagine que estaría *suplicándote, intentando hacerte recordar*”

-Contéstame por favor-musito.

Ella suspiraba tristemente.

Su esperanza se esfumo... “*Pero tú solo dices*”

-*Voy a colgar*-murmuró ella y el sonido intermitente de línea ocupada le llegó a Lyserg.

Colgó lentamente y se derrumbo en el sofá, amargo llanto caía por sus mejillas, al ritmo de la lluvia.

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Estaba furiosa dentro de su habitación, su plan principal había fallado.

“Maldito Yoh, siempre jugando al héroe griego, a quien trata de engañar, lo que le ofrecía era una buena oportunidad para largarse con su maldita rubia desabrida, era un plan perfecto, sin escándalos, porque estoy segura de que los Asakura dirían cualquier cosa, todo menos que uno de ellos traiciono a su propia sangre, y doy por hecho que el imbécil de Ryu se habría lavado las manos y más ahora cuando el muy idiota esta por convertirse en un Tao, se habría reído mucho y yo junto con él, ahora estaría consolando a Hao y pronto me convertiría en su esposa, pero no, Yoh tuvo que creerse mártir por unos instantes, y no querer huir como un cobarde, yo le estaba dando la oportunidad de su vida, tendría lo que siempre deseo, a su tan amada Anna, además en Europa no le faltaría trabajo, ahí le pagarían hasta con la vida con tan solo un concierto, como sí yo no supiera que le han enviado miles de propuestas de trabajo con muy buena paga, pero no, el señor quiso quedarse con esa mujer aquí, en vez de que la agarre y se le lleve, no, quiere que todo se solucione de la peor manera, me las pagara, esto no se va a quedar así, ya sé-y una sonrisa maliciosa apareció en su rostro-sí lo que quiere es que su asunto se arregle de la manera complica, pues así será, pobre Yoh, bien sabía él con quien se estaba metiendo cuando rechazo mi oferta, y aún así osó desafiarme, Pues bien, me la voy a cobrar y de la manera que él quiere, quiere escándalo, pues escándalo tendrá, además, yo solo voy a acelerar lo que tarde o temprano llegaría y se sabría, no voy a hacer algo malo, es más hasta es una ayuda para él, un pequeño empujoncito para que él sea feliz, y de paso yo también, lo lamento por Tamao, pero así es la vida, no se puede tener todo, bueno sí, sí se sabe como conseguirlo, y yo ya sé como, ¡La venganza es tan dulce!, ahora solo hay que planear todo cuidadosamente, además aprovechare algo que Hao me comento en la mañana, sí, cuando menos se lo espere, Yoh caerá, hondo, hondo, y yo me voy a divertir mucho”

Se levanto y se miro en el espejo, comenzó a practicar los gestos que haría cuando Hao se enterara, estaba ya de tan buen humor, ella se saldría con la suya, ella nunca perdía.

-Mañana en la noche, será el gran día

Y una chispa de malicia iluminó su cara.

CONTINUARA... Subir

CAPITULO 31: Rumores.

-¿Te encuentras bien?, Supongo que esto se te ha hecho muy difícil-le dijo mirándola de reojo.

-Sí, así es, pero esa ha sido mí decisión y no pienso cambiarla, es lo mejor que puedo hacer.

-¿Estas segura?, Yo no te vi muy convencida.

-Pero sí lo estaba Horo Horo, yo no debo interponerme en la felicidad de Yoh-agacho con tristeza la cabeza-aunque me duela en lo más profundo, debo de aceptar todo lo ocurrido y no vendarme más los ojos, solo me hago más daño.
-Me alegra Tamao que te hayas dado cuenta, yo no soportaba esa manera en la que te cegabas-y apretó sus puños.

-Lo sé y lamento haberte obligado ha mentirme, es solo que amo tanto a Yoh, que no quería aceptar lo que esta a la vista de todo el mundo.

-Yo no creo que todo mundo lo sepa, pero creo que dentro de muy pronto todo mundo inevitablemente lo sabrá-suspiro.

-Yo también así lo creo, tarde o temprano a Anna se le notara su embarazo.

-Y te puedo asegurar Tamao, que Hao no es ningún estúpido, sabrá que ese niño no es suyo, y dudo mucho que ella le diga que llovió, se mojo y quedo embarazada-miro a su acompañante-Se va armar en grande cuando todo salga a la luz.

Tamao solo atinó a mirarlo con tristeza, dentro de ella esperaba que la tormenta no fuera tan grande.

-Pero nosotros nada podemos hacer, solo nos queda mirar.

-No estés tan seguro, yo de cualquier forma estaré dentro del problema.

-Tú ya has hecho demasiado, ¡los has encubierto!, Tú los viste y te tragaste todo tu dolor por defender a Yoh, ¡más daño ya no te pueden causar!-dijo indignado.

-Lo sé Horo, pero yo aún soy la esposa de Yoh, te puedo afirmar que yo también tengo la culpa de todo esto-sus ojos se llenaron de lagrimas.

-¡Pero que disparates estas diciendo!, Tú no tienes la culpa de nada-se notaba molesto.

-Sí, sí la tengo, yo no supe satisfacer todas las expectativas que tenía mi marido de una mujer, no debí de ser tan consecuente con él en todo, atender y amar a un hombre hasta el exceso no es suficiente.

-Para mí lo es-murmuro.

-Tú lo has dicho, para ti, pero para Yoh las cosas fueron muy distintas, sí yo hubiese expresado también mis opiniones, sí tan solo pudiera regresar al pasado y decirle que quería quedarme a vivir en Francia, estoy segura que él hubiera aceptado mi petición, pero no, yo siempre cedí ante todas sus opiniones y decisiones, jamás exprese mis propios anhelos, y sé que a Yoh le molestaba que no tuviera un poco de mano dura, nunca lo dijo, pero yo lo sé, con su infidelidad lo comprendí-comenzó a sollozar-por eso se fijo en Anna, porque ella es libre de pensamiento, habla, dice, impone, ella es lo que tanto él había buscado, debe de estar muy feliz de saber que tendrá un hijo con esa mujer-y rompió en un llanto amargo y denso-Por eso he decidido ir a hablar con Anna hoy en la noche, iré con Len, le diré que le dejo a Yoh para que sea feliz con ella y su hijo.

-No soporto que te pongas así-exclamo Horo Horo mientras pasaba su brazo por su espalda y la abrazaba protectoramente-Quiero que sepas que no debes culparte de nada, la vida da muchas vueltas, tal vez hasta al mismo Yoh lo tomo por sorpresa.

Ella secó sus lágrimas.

-Perdón, pero esto me duele tanto, que no sé si algún día pueda recuperarme, siempre creí que envejecería al lado del hombre que amaba y que pensé que sentía lo mismo por mí-sonrió con melancolía-Me hubiera gustado mucho ser yo la que le diera esos niños que siempre deseo, verlo correr por el jardín jugando con ellos, ¡Me había hecho yo tantas ilusiones!-su voz se torno amarga-ilusiones que se quebraron en un abrir y cerrar de ojos, falsas esperanzas disfrazadas de amor y dulzura, sueños que jamás se realizaran.

-Te entiendo-y la miro con cariño.

-No lo creo, Horo tú nunca has perdido lo que más amabas de la noche a la mañana, no vuelvas a decir que me entiendes, porque no es así-dijo duramente.

Él la jaló de la mano y la acerco a su cuerpo, se inclino y le susurro al oído:

-Tamao, te entiendo por que yo perdí lo más valioso para mí, una tarde, hace ya mucho tiempo-y la soltó.

-Perdóname, yo no sabía, no debí de hablarte así-estaba sumamente apenada-en especial porque has sido sumamente amable conmigo.

-Ya, olvídalo, mejor olvidemos todo esto, te invito un helado, para tratar de endulzarnos aunque sea un poco la existencia-y sonrió tan alegre como siempre.

-Esta bien, vamos-y sonrió de buena gana.

Y juntos se marcharon a la heladería más cercana.
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Acostados en el pasto contemplaban las nubes, les buscaban diferentes y variadas formas, se respiraba un aroma de paz y felicidad.

Sus manos se encontraban entrelazadas, y él de vez en cuando besaba la mano de ella con suavidad, hacía mucho tiempo que no se sentían tan contentos y relajados.

-¿Me amas Pilika?-le pregunto de pronto.

-¿Por qué preguntas lo que sabes?-le contesto ladeándose un poco para mirarlo a los ojos.

-Tan solo quiero escucharlo-y la miro con ternura.

-Pues sí, Te amo Len Tao-le dijo.

-¿Podrías decirlo una vez más?-suplico.

-Te amo.

-Otra vez, por favor-e hizo un gracioso puchero.

-Te amo-dijo entre risas, desde que reanudaron su relación él había cambiado su forma de ser considerablemente.

-No sabes como me encanta como lo dices-dijo Len sugestivamente-Pero sabes que me gusta más que escucharte decir eso.

-No, no lo sé-murmuro pícaramente, esperando ansiosamente la respuesta.

-Besarte-dijo antes de disminuir la distancia que había entre ellos y besarla dulcemente.

-A mí también-dijo ella cuando él rompió el beso.

-Pues entonces...

Se subió encima de ella y la beso con profunda pasión.

Y dieron rienda suelta a sus sentimientos, cada beso era una deliciosa explosión de placer, se amaban de manera inimaginable.

Ella entendía que eso era lo importante, no una boda señorial con pajes y damas de honor, no un papel que dijera que eran marido y mujer, lo importante era solamente eso: amarse.

Ella se había dado cuenta a raíz de los problemas que enfrentaba su mejor amiga, ella estaba casada, un papel y una ceremonia la unían a Hao, pero en realidad algo mucho más fuerte y divino la unía a Yoh, lo mismo que la unía a ella con Len.

Cuando se separaron se miraron a los ojos y se sonrieron tiernamente.

-¿Cuándo te iras a China?- le pregunto.

-Mas bien, es cuando nos vamos-contesto él mientras le tocaba con la punta de su dedo índice la nariz.

-¿Quieres que yo vaya contigo?-pregunto emocionada.

-Por supuesto, mi familia debe de conocer a la mujer con quien voy a compartir el resto de mi vida-y le beso la frente.

-Pero regresaremos, ¿verdad?-y lo miro curiosa.

-Sí tu quieres sí, sí no podemos vivir en donde tu quieras, yo te cumpliré hasta el más mínimo de tus deseos.

-Pues yo creo que Japón es un buen lugar para vivir-dijo divertida.

-Entonces Japón será el lugar indicado para que la mujer más hermosa del mundo viva cómodamente.

-A mí no me interesa eso, yo solo quiero que mi guapo novio viva conmigo.

-Pues así será, Dime, ¿aún quieres casarte?-le pregunto.

-No, yo solo deseo estar contigo y que seas el padre de mis hijos-le susurro en el oído.

-¿Sabes?, Yo también deseo lo mismo, exactamente lo mismo.

Y una vez más se inclino para besar a la mujer que lo llenaba de dicha completamente.

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La noche había caído ya, salieron antes de lo previsto y caminaron por las calles vacías charlando animadamente.

-Dime, ¿Cómo te fue con la persona que deseaba ayudarnos?, ¿Encontró la solución?-pregunto con una gran sonrisa.

Él rostro de él se ensombreció.

-Lamento decirte que no era una decisión sensata.

-¿Quieres decir que no estaremos juntos?-su mirada se apago.

-Yo siempre estaré contigo, hoy, mañana y siempre, no dejare que nadie nos separe- la miro con ternura-Anímate, nos amamos y creo que eso es más que suficiente.

-Entonces, la sorpresa ha sido arruinada-dijo con tristeza.

-¿Sorpresa?, ¿Qué sorpresa?-estaba confundido, pero recordó rápidamente-¡Ah, ya sé!, La sorpresa que tienes para mí, ya vas a decirme que es-y sonrió.

-Tenía planeado decírtelo hoy, por sí habías solucionado algo, pero creo que tu sorpresa nos traerá muchas más complicaciones-e instintivamente se paso su mano por el vientre.

-¿No te entiendo amor?, ¿Qué es?-la miraba preocupado.

-De todas formas te lo tengo que decir-se detuvo y lo miro-Tienes que saberlo.

-¿Saber qué?, Anna me estas asustando, ¿Qué sucede?

-Yoh, yo, pues yo, estoy-suspiro-es tan difícil.

-Anna tan solo dilo-la tomo por los hombros con suavidad y la miro con confianza.

Ella se inclinó y susurro algo en su oído, él la soltó, estaba pasmado sorprendido, la miraba con incredulidad.

-¿Estas segura?-pregunto, no lo podía creer.

-Sí, ya me lo confirmo el doctor.

-Anna te das cuenta de lo que esto significa.

-Lo sé, pero, yo... -sus ojos se llenaron de lagrimas, nunca creyó que él fuera a negarse-Sí no lo...

Su frase fue interrumpida por un fuerte abrazo por parte de él.

-Amor, significa que esto es maravilloso, un bebé, un bebé, ¡vamos a tener a un bebé!-dijo emocionado y viéndola cariñosamente.

Ella lo veía con incredulidad.

-Vaya que fue una sorpresa-la tomo en sus brazos y la elevo-¡Voy a ser papá!-la bajo y deposito pequeños besos en su frente-Anna, no sabes lo feliz que me haces.

Anna lloraba y reía al mismo tiempo.

-Pero, ¿qué tienes?

-Nada, solo que yo creí que te negarías-dijo tratando de controlarse.

-Yo jamás podría, vas a tener un hijo y es mío, yo nunca podría negar lo más maravilloso que pueda darme la vida.

-Aunque, esto nos traiga más problemas-dijo recuperando la compostura.

-Sí, así es-se arrodillo a la altura de su vientre-Traerás muchas complicaciones mi pequeño, pero tus padres lo solucionaran-y volvió a levantarse-Ya lo oíste, lo arreglaremos, así me tenga que enfrentar a mi propio hermano, te defenderé a ti y a mí hijo-poso su mano en el vientre de ella y lo acaricio con suavidad-con mi vida misma sí es necesario.

-¡Oh, Yoh!, Te amo, te amo y no sé que hacer para demostrártelo-dijo conmovida.

-Ya lo has hecho.

-¿Cómo?

-Haciéndome el hombre más feliz del mundo al darme un bebé, un bebé que será muy afortunado, ya que tendrá por madre a la mujer más hermosa del universo-y la abrazo con suavidad-gracias por darme la mejor de las sorpresas, Te amo-acaricio con delicadeza sus cabellos-Ya veras que todo saldrá bien.

Anna lo abrazó con fuerza, le alegraba el saber que Yoh estaba con ella y que amaba al bebé de la misma manera que a ella.


Jean caminaba con una gran sonrisa en su rostro, había convencido a Hao para que saliera temprano y pasara una velada romántica con su esposa, él caminaba a su lado, ansioso por seguir el consejo de su hermano.

Ella de vez en vez buscaba con la mirada, sabía que ellos salían más o menos a esa hora, era la ocasión perfecta para abrirle los ojos a su futuro marido.

Sabía que deberían estar acariciándose y besando por las calles oscuras, las mismas por las que ella y Hao transitaban de manera silenciosa, Yoh iba a arrepentirse, o sí.

-Me alegra el haberme dejado convencer, Yoh ya me lo había dicho, he tenido muy descuidada a mí esposa.

-Sí, por eso me pareció buena la idea de que llegaras temprano esta vez a casa, además que la caminata te destresara un poco-dijo sonriendo.

-Así es, eres una gran amiga, no sé que haría sin ti y sin mi hermano, ambos son tan buenos consejeros.

Jean miro al frente y diviso a lo lejos a dos personas, reconoció a Anna como una de ellas, se estaban acercando.

-Hao, porque no caminamos un poco más aprisa, tu esposa podría irse a dormir-dijo de pronto.

-Claro, claro.

Y ambos apresuraron el paso.


Yoh miraba con ternura a aquella mujer que lo llenaba de infinita dicha, ella le sonreía con ternura mientras pasaba sus brazos alrededor de su cuello, y él a su vez rodeaba su cintura.

-Te amo-volvió a murmurar al tiempo que acercaba su rostro al de él.


Se estaban acercando, Jean pudo distinguir que estaban de pie, a punto de besarse.

“Pero que momento tan oportuno”


Lentamente sus mejillas se acariciaron con suavidad mientras trataban de encontrar su boca, en un rápido instante sus labios se encontraban unidos, besándose, saboreándose y disfrutando cada una de las sensaciones que sentían al estar así, boca con boca, cuerpo con cuerpo.

Hao distinguió a lo lejos a una pareja de novios besándose, sonrió, él y Anna solían hacer lo mismo, algunas veces, en realidad muy pocas veces, miro con más atención mientras se acercaban y lo que vio lo paralizó por completo.

Jean se detuvo unos cuantos pasos adelante y miro la cara de aturdimiento de su acompañante, una sonrisa maliciosa se dibujo en su rostro.

Hao no lo podía creer, esa mujer, la que besaba con inusitado apasionamiento a aquel hombre, era su Anna, era su esposa.

A Anna la iluminaba claramente la luz del farol que se hallaba a una corta distancia.

Hao apretó los puños con fuerza, iba a matar a aquel imbécil que estaba besando y abrazando a su esposa, pero de pronto el dolor y la desilusión acabaron con él, mordía sus labios con fuerza para evitar llorar, dio media vuelta.

-Vámonos Jean-dijo fríamente.

-Hao, ¿estas bien?-dijo aparentando preocupación. “Te dije que te ibas a arrepentir”

-Dije, vámonos-y comenzó a caminar lo más aprisa que le permitían sus pies, atrás de él Jean lo seguía a paso veloz.

Iba destrozado, aniquilado, su esposa lo engañaba, lo engañaba con un vulgar cualquiera.

Dentro de las sombras Hao solo pudo distinguir el rubio cabello y el vestido de su esposa, al amante de su mujer no le había visto el rostro.

Lagrimas de impotencia y de furia resbalaron por sus mejillas, por eso no la dejaba que la tocara, que la besara, porque estaba con otro, por que otro la poseía, porque otro la tenía, por eso el alejamiento, porque ella tenía un amante. “Como pude ser tan ciego y tan imbécil”, se reprochaba.
Llego a su casa y despidió a Jean de manera cortante, ella entendió, era un golpe duro para él, y no pudo evitar sentir pena, después de todo lo quería y le dolía de sobremanera el estado en el que se encontraba, prudentemente se despidió y se alejo, ya llegaría la oportunidad para estar con él y consolarlo.

Se sentó en la sala a esperarla, Anna tenía muchas cosas que explicar.

CONTINUARA... Subir

CAPITULO 32: La verdad sale a la luz.

Llegaron al pie de la escalera al cabo de unos minutos, la felicidad irradiaba a torrentes en sus rostros, era el momento de despedirse.

-Hasta mañana-susurro ella.

-Así es, debes descansar, recuerda que ese bebé debe nacer fuerte y sano, ¿de acuerdo?-dijo él mientras le daba un tierno beso.

Ella sonrió y saco de su bolsa sus llaves, abrió con lentitud, entró y se quedó parada en el umbral, observándolo.

Yoh agito suavemente su mano en señal de despedida, Anna cerro la puerta para después suspirar hondamente, se sentía tan contenta, paso su mano por su vientre y rió con dulzura.


Hao la escucho llegar, mantenía una postura seria, impecable.

Anna se dirigió hacía la sala y la sorpresa invadió su rostro al encontrar a su marido sentado, dirigió una rápida mirada al reloj de pared y descubrió que era muy temprano.

- Que no me piensas saludar, querida-dijo con dureza Hao.


Yoh miro por unos instantes más la casa, sonrió complacido, para después emprender el camino a su casa, esa noche hablaría con Tamao.


Len llamó a la puerta y la figura sonriente de Tamao apareció.

-¿Estas lista?-le pregunto

-Como jamás en la vida-le respondió con una sonrisa.


-Hao, que sorpresa, no te esperaba tan temprano-dijo ella con una sonrisa mientras le daba un beso en la mejilla.

-Eso, es más que evidente-le contestó él, su voz sonaba fría.

-¿Te sucede algo?-pregunto con curiosidad, su marido jamás se comportaba de esa manera.

-No, nada-dijo con una falsa sonrisa.

-Esta bien, ¿quieres algo de cenar?

-No, más bien quiero que me contestes una cosa.

-Claro, ¿cuál?-Anna hablaba con confianza, con naturalidad.

-¿Dónde andabas a estas horas de la noche?-le pregunto con seriedad.

-Pues en las clases de piano, ¿en donde más podría estar?, Además exageras, no es tan tarde, apenas son las nueve y media, ¿sabes?, Yoh me enseño una nueva canción, cuando quieras la tocare para ti, solo para ti-se acerco a él de manera sugestiva y lo miro a los ojos.

A Hao le exasperaba esa forma en la que hablaba, tan segura y tan inocente, sí no la hubiera visto besándose con otro seguramente le habría creído, como otras tantas veces.

-Anna, ¿no tienes nada que decirme?-le pregunto.

Los ojos de ella brillaron confundidos.

-No, no tengo nada que decirte.

-¿Estas segura?, Yo creo que sí tienes algo que decirme-en sus ojos un extraño brillo apareció.

-Sí, yo no tengo nada que decirte, dime ¿qué se supone que tengo que decirte?-y le sonrió.

Hao la empujo levemente, alejándola de él, se incorporo y la miro directamente a los ojos, se veía amenazante.

-Algo, como que, ¡Tengo un amante y me beso con él por las calles!-le grito.

Anna trago saliva y sus manos comenzaron a sudar abundantemente. “Pero quien se lo dijo”

-No, no, no sé de que me estas hablando-dijo con nerviosismo-¿De donde sacas esos disparates?

-De ningún lado, lo sé y punto, y te exijo una explicación, y la quiero ¡Ahora!-la furia se dibujo en su rostro.

-Pues yo no tengo nada que explicarte, no he hecho nada malo y no sé quien te habrá mentido de esa manera y conque fin, pero lo cierto es que eso no es más que una mentira, una horrible mentira-dijo tratando de parecer segura y ofendida.

-¡No mientas Anna!, ¡No quieras verme la cara de estúpido!, ¡Nadie me lo dijo!-sus ojos sacan chispan y su furia iba en aumento-¡Yo te vi!, ¡Te vi cuando venía camino a casa!, ¡Te estabas besando con otro hombre!, Así que ¡No me vuelvas a repetir que no es cierto por que lo es!, ¡Te vi!

Anna comenzó a temblar de miedo, sí él lo había visto no tenía ya porque seguir mintiendo.

-Pues sí, sí, estas en lo cierto, estaba con otro-comenzó a llorar.

-¡Y todavía tienes el descaro de echármelo en cara!, Cómo pude ser tan estúpido, como no me di cuenta antes de que ¡Me había casado con una maldita prostituta!.

-No tienes porque hablarme así-sollozo.

-¡Y como quieres que te diga!, Oh Anna muchas gracias por verme la cara de idiota todo este tiempo-dijo con sarcasmo.

-Perdóname-dijo entre lagrimas.

-¡Perdón!, ¡¿Cómo te atreves a pedir perdón!?-trato de dominar su furia-¿Quién era ese?-pregunto de golpe.

Anna tembló con violencia, Hao no había descubierto a Yoh, todavía podía salvarlo a él de la furia de su esposo.

-¿Quién era ese con el que te estabas besando?-repitió, exasperado por el silencio de su mujer.

-¿Para que quieres saberlo?-dijo dejando de llorar.

-¿Cómo que para qué?, ¡Pues para matarlo a golpes!, ¿Qué creías?, ¡Que lo iba a felicitar por acostarse con mi mujer!-le grito.

-No, yo... yo no te lo diré-y lo miro desafiante.

-¿Qué?, ¡Te exijo el nombre de ese infeliz!

-¡No te lo diré!, ¡No te lo diré!-grito con violencia.

Esto fue el colmo para Hao, levanto su mano y le propinó una fuerte bofetada, que la hizo tambalearse y caer estrenduosamente al piso.


Yoh caminaba tranquilamente por las calles, pensaba, buscaba las palabras exactas con las cuales se enfrentaría a Tamao, de pronto gritos lejanos lo sacaron de sus pensamientos, volvió el rostro y sintió un vuelco en el corazón, a lo lejos distinguió la fuerte voz de su hermano quien gritaba a todo pulmón, las ventanas iban iluminándose poco a poco, y varios curiosos se asomaron para ver de donde provenía tal escándalo.

Estaba paralizado, cuando distinguió la voz de una mujer que también gritaba.

-Anna-murmuro con espanto.

Y echo a correr a toda velocidad.

Tamao y Len caminaban en silencio, de vez en cuando él dirigía la mirada hacía su acompañante, quien miraba un fólder de color beige que llevaba en la mano.

-¿Estas segura de todo esto Tamao?-le pregunto al fin.

-Sí, yo no sé porque todos me preguntan lo mismo-evito la mirada de él.

-Es que no pareces estar muy convencida.

-Pero ya no puedo continuar con esta situación, creo que ya no podría sufrir más de lo que ya he sufrido, además tarde o temprano, él me lo exigiría, es mejor así-lanzo un suspiro-Caminemos un poco más deprisa, ya sabes lo que dicen, al mal paso darle prisa.

Len asintió con la cabeza, admiraba la valentía de esa mujer.


Corría a todo lo que sus piernas le daban, llego a la casa y trato de mirar por la ventana, solo se veía la imponente figura de su hermano, que gritaba con ferocidad y violencia, podía escuchar los tristes sollozos de Anna y la desesperación por no saber lo que estaba pasando lo estaba dominando, escucho el fuerte golpe y la caída estrenduosa de su amante y esto lo hizo reaccionar.

Pero no sabía que hacer, miro con desesperación las calles vacías y la impotencia amenazaba con invadirlo, cuando súbitamente recordó...

Bajo un peldaño del escalón y metió su mano debajo del tapete de la entrada, y sus ojos brillaron al encontrarla...

Tomo la llave en sus manos y se dispuso a abrir.


Anna trato débilmente de levantarse, pero Hao dándole otra buena bofetada la volvió a tirar al suelo.

-¡Ahora sí maldita!, ¡Vas a decirme quien es ese infeliz!

-No, ¡Nunca, lo oyes, nunca!-grito mientras se cubría la cara para defenderse inútilmente del golpe que su marido le dirigió.

-¡Entonces, maldita perra, no me lo vas a decir!-estaba totalmente fuera de sí, los celos y la indignación lo estaban haciendo enloquecer-Pues entonces... – la levanto y volvió a arrojarla al piso, esta vez Anna choco con el pico de la mesa y cayo en un golpe seco, instintivamente se llevo su mano al vientre, sentía un dolor agudo, punzante.

Hao iba a golpearla de nuevo cuando ella comenzó a llorar con fuerza.

-No, Hao, por favor-suplico, pero inútil, Hao estaba sobre de ella y le propinaba una lluvia de feroces golpes-¡Estoy embarazada!-le grito.

Hao paró de repente, miro con asombro como Anna trataba de protegerse el vientre a toda costa, por un momento en su mente nublada por los celos, paso la absurda idea de que el bebé fuera suyo, y una mueca de horror se dibujo en su rostro, pero al cabo de unos instantes, el amargo recuerdo de sus vanos intentos por poseerla le llegaron de manera violenta a su cabeza, no había duda alguna ya, ese niño no era suyo, era del otro, de su amante.

Anna sollozo y miro suplicante a Hao, pedía a gritos callados piedad.

Pero Hao estaba lo suficientemente exasperado, enojado y embriagado por los celos, como para hacerle caso.

-¿Es de ese maldito, verdad?-pregunto apretando los dientes.

-Sí-murmuro ella con débil voz.

-¿Por qué Anna?, ¿Por qué?-sus ojos se llenaron de lagrimas de rabia y de impotencia.

-Por que lo amo, lo amo-confesó.

Hao sintió como la furia y la rabia iban en aumento, amenazando con desbordarse de manera aún más violenta que la anterior, la confesión de su esposa lo hizo arder en ganas de matarla a ella y al ser que llevaba en el vientre.

-¡Maldita seas!-le grito-¡Ahora tu maldito bastardo va a morir!

Se hincó y aparto con ferocidad las manos de Anna que se aferraban a sus entrañas, levanto la mano, estaba decidido, iba a acabar con el hijo del infeliz que le robo a su esposa, no escucho las suplicas de Anna, los ruegos, nada, estaba enloquecido por su sed de venganza, se preparo para darle el golpe más duro y fiero que existiera, iba a darlo cuando una mano detuvo la suya.

Se quedo inmóvil, sin saber que hacer, miro hacía arriba y vio el enfurecido rostro de Yoh frente al de él.

Hao se incorporó en silencio, mirando a su hermano con asombro, las preguntas ¿Qué hace aquí? Y ¿cómo entró?, Rondaban su mente, Anna miro a Yoh con incredulidad, este con un movimiento de cabeza le señalo que se hiciera para atrás, ella sin dudar obedeció.

-No la vuelvas a tocar-le dijo con frialdad en la mirada.

-Yoh, tú, tú no entiendes, ¡La tengo que matar!, ¡La voy a matar!-grito con ímpetu.

Yoh lo sostuvo con fuerza, evitando que se abalanzara nuevamente sobre Anna.

-¡Te dije que no la volverías a tocar!-dijo elevando la voz.

-Y yo te he dicho que tú no entiendes, ¡Esa!, Esa basura que se retuerce ahí en el suelo, ¡Me engaña!, ¡La muy infeliz tiene un amante! Y no conforme con eso, ¡Ella va a tener a un hijo de ese imbécil!

-Ella no tiene toda la culpa-dijo con tranquilidad.

-¿qué?-grito.

-Ella no tiene toda la culpa-repitió y miro a Anna.

-No, Yoh, no, no sé lo digas-suplico.

-¿Decirme que?, ¿De que hablas?-y lo miro confundido.

-No, por favor, Yoh-sollozo ella con ruego.

-¡Cállate! Y ¡Deja que me lo diga!-le grito con ferocidad Hao.

-Yo también soy culpable.

-¡Tú no tienes la culpa de nada hermano!, ¡La única culpable de todo esto es ella!, ¡Ella!-trato desesperadamente safarse de los brazos de Yoh-¡Suéltame!, ¡La voy a matar, a ella y a su maldito bastardo!

Yoh no se contuvo y le propino un fuerte puñetazo a Hao.

-¿Por qué?-murmuro.

-Escúchame, no vuelvas a hablar así de Anna y de su hijo, ya te dije que yo también soy culpable, yo lo sabía, lo he sabido siempre-y lo miro con el ceño fruncido.

-Yoh, tú... –murmuro confundido-Lo sabías, ¿por qué no me lo dijiste?

-Lo siento, lamento haber sido un cobarde, por mi culpa, Anna-y la miro-ve en que estado te ha dejado.

-Deja de defenderla, sí lo sabías, entonces también debes saber quien es el amante de mi mujer, supongo que te lo contó, te exijo que me digas quien es.

-No, Yoh, no-lo miraba con suplica.

-Todo saldrá bien-y la miro con ternura.

-Estoy esperando.

-Soy yo.

Hao se puso pálido al escucharlo, se tambaleo y cayó pesadamente sobre el sillón, no podía ser, no podía creerlo.

-Yo soy el amante de tu mujer, yo soy el padre del niño que lleva en el vientre.

-No, no, no es cierto, ¡lo haces para cubrirla!-se llevó las manos a la cara y negó con la cabeza.

-Es cierto, tan cierto como que la amo, no quería que te enteras así, pero tarde o temprano lo sabrías, así que ahora ven, ven y desquítate conmigo, ven y mátame a mí, pero a ella y a mí hijo no los vuelvas a tocar, ¿me oíste?

Hao levanto el rostro y lo miro con furia, ahora todo le quedaba tan claro, por eso tanto tiempo juntos, por eso el perfume impregnado en su ropa y el labial ensuciando el cuello de su camisa, porque se veían en la escuela, se reían de él a sus espaldas, se levanto y se abalanzo con furia contra su hermano, los golpes por ambas partes no se hicieron esperar, pero era obvio quien llevaba las de perder.

Hao se hallaba debilitado por el dolor, por el cansancio que le producía la decepción provocada al saber que las dos personas que más quería en la vida lo habían traicionado de esa manera tan cruel.

Minutos después Yoh soltó a Hao quien lloraba a torrentes tirado en el suelo.


Corrieron hacía la puerta, invadidos por la curiosidad que les producía los gritos que a lo lejos alborotaban las calles vacías de la ciudad, llegaron a la puerta y escucharon las suplicas y sollozos de Anna, los gritos histéricos de Hao y las palabras frías y duras de Yoh, se miraron a los ojos, ella contuvo la respiración y se quedo de pie, escuchando, confirmando con cada palabra lo que ya sabía, pero aún así, dolía, no era lo mismo haberlo visto y saberlo, que escucharlo de viva voz de los involucrados.

Lentamente bajo los peldaños de la escalera, lloraba.

-¿Tamao?-pregunto su acompañante.

-Creo que ya no es necesario que hable con ella, será mejor irme, Yoh, tarde o temprano volverá a casa, aunque solo sea por su obsequio-dijo con lentitud y con un llanto amargo corrió por la oscuridad y la soledad de las calles.


Yoh se acerco a Anna y la abrazo protectoramente.

-¿Estas bien?-pregunto preocupado.

-No debiste, no debiste-le dijo entre sollozos y aferrándose a su cuerpo.

Hao los miraba con profundo pesar, se notaba a leguas cuanto se amaban, se levanto y se acerco a ellos.

-Quédatela, yo ya no la quiero-y la miro despectivamente-¡Lárguense de una buena vez los dos!, ¡No quiero volver a verlos en la vida!, ¡¿Me oyen?!, ¡Nunca!-y tambaleándose subió escaleras arriba.

Yoh se incorporo y ayudo a Anna a hacer lo mismo, ella hizo una mueca de dolor al levantarse.

-¿Estas bien?, ¿Puedes caminar?-la miraba sumamente inquieto.

Ella acaricio su mejilla con su mano y le sonrió tiernamente.

-Estoy bien, ahora lo estoy-y se sostuvo con fuerza de sus brazos.

-¿Y el bebé?-pregunto con angustia.

-Él también esta bien, lo protegí, no podía dejar que muriera-y sonrió débilmente.

-De todas maneras te llevare a un hospital para que te revisen y te curen todos esos golpes-y le beso con ternura la frente.

Comenzaron a caminar hacía la puerta, lo mejor era que se fueran de ahí.

-Yoh, ¿qué pasara con Tamao?-pregunto Anna.

-Yo creo que se lo diré mañana, lo primordial ahora es salir de aquí, curarte y buscar algún sitio donde estar, además de prepararnos para el gran alboroto que se armara-y la abrazo con suavidad-pero ya no importa lo que suceda, porque ya estarás junto a mí, para siempre.

-Pobre Tamao, espero que ella lo tome mejor de lo que lo tomo Hao-y lagrimas rodaron por sus mejillas.

-Hey, no llores, tranquila, no te preocupes, yo hablare con ella.

-No creo que sea necesario-escucharon al abrir la puerta.

Sus ojos se abrieron y se paralizaron por completo.

-Tamao lo escucho todo atrás de esta puerta.

La figura de Len Tao les sonreía con divertido sarcasmo.

CONTINUARA... Subir

CAPITULO 33: Un buen perdedor.

Yoh no se detuvo a preguntar, saco a Anna de la casa y pidió un taxi lo más rápido posible, ya tendría tiempo para indagar, lo principal ahora, por lo menos para él, eran Anna y su hijo.

Llego al hospital más cercano y pidió atención inmediata, las enfermeras se sobresaltaron al ver el estado en que se encontraba la joven mujer y de inmediato se realizaron las pruebas correspondientes.

Yoh esperaba pacientemente en la sala de espera.

Aún no podía creer que todo hubiera pasado tan rápido y de esa manera, no le cabía aún en la cabeza que pronto un sin fin de problemas caerían sobre ellos.

Rápidos pasos y voces familiares lo sacaron de su aturdimiento.

-Yoh, ¿cómo esta?-pregunto la angustiada voz de Pilika.

Él la miró, venía acompañada de su hermano.

-¿Qué hacen aquí?-y los miro confundido.

-Len nos aviso, Yoh, lo sabemos todo-Pilika se sentó a su lado.

-¿Qué quieres decir con que lo saben todo?

-Sabemos que eres el amante de Anna y que ella espera un hijo tuyo-la voz de Horo Horo sonaba con absoluto rencor.

-¿Quién se los dijo?-pregunto asustado.

-A mí me lo contó Anna hace tiempo-lo miro con compasión-y aunque no lo hubiera hecho, los vecinos se enteraron por todo el escándalo que armaron y ahora media ciudad lo sabe.

-Era de esperarse-dijo Yoh con tranquilidad-Ya me lo veía venir.

-¿Y que piensas hacer al respecto?-le pregunto con el ceño fruncido Horo.

-Primero, hablar con Tamao, es mi deber explicarle, decirle, luego ir con mi familia, supongo que a estas horas Hao ya les ha de haber hablado para decirles y les puedo asegurar que mi abuela no estará muy contenta-suspiro-Solo deseo saber como esta Anna, ya después iré a casa-los miro-Espero que cuiden de ella mientras arreglo nuestra situación.

-Por supuesto Yoh, no te preocupes-le reconforto Pilika.

Pasaron solo algunos minutos más y el doctor se presento.

-¿Algún familiar de la señora Asakura?-pregunto.

-Yo, soy su esposo-dijo Yoh mientras se incorporaba

Horo Horo y Pilika lo miraron desconcertados.

Bien-dijo el doctor cuando examino con la mirada a Yoh-Sea lo que le haya pasado a su esposa, le puedo decir que no fue grave, ella y el bebé están en muy buenas condiciones.

-Gracias-y pudo al fin respirar aliviado-¿Puedo verla?

-No, ahora duerme, le sugiero que la vea hasta mañana, la señora se veía sumamente cansada, con su permiso-les dijo y se alejo a atender a otro paciente.

-Lo ves, ella y el bebé están bien, no tienes de que preocuparte-le animó la chica de azules cabellos.

-Sí, ahora, les encargo velar el sueño de Anna, yo, yo iré a hablar con Tamao.

Les dirigió una sonrisa y salió decidido del hospital.

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Hao se levanto de la cama y salió a la calle después de avisar a Izumo de lo ocurrido, caminaba sin rumbo fijo, con la vista perdida y el alma totalmente adolorida.

La gente que lo veía pasar, murmura a sus espaldas, lo ocurrido había llegado a oídos de extraños, era de esperarse, él era un Asakura y como toda familia rica y pudiente, sus desgracias y dichas eran de dominio popular, él lo sabía, siempre le había gustado eso, le alimentaban el ego y la soberbia, pero en esta ocasión solo le alentaban la desesperanza y la decepción. Lo miraban con tristeza y pena, como sí fuera un discapacitado o algo peor.

Camino a través de las calles, con el cuerpo erguido y la cabeza en alto, la gente no tenía que darse cuenta de cuanto dolor le causaba su situación.

Ni él podía creerse todo lo que había sucedido la noche anterior, todo había salido a relucir, él había quedado como un completo imbécil, al no percatarse de que su esposa y su hermano le veían la cara, y lo que más dolía, era que Anna tendría un hijo de Yoh, un bebé que había protegido a capa y espada, por el simple hecho de que era de su hermano, sabía de sobra que las cosas hubieran sido muy distintas sí el niño hubiera sido de él.

Y muy a su pesar él seguía amando a esa mujer, la llevaba clavada en el pecho, no podía aceptar el sencillo hecho de que no lo amara, peor aún, que nunca lo hubiera amado, se había casado con él por tener compañía, no por que de verdad lo quisiera.

Analizo por un momento la situación, Yoh había tenido razón en decir que no toda la culpa era de Anna, tal vez él también era culpable, siempre había sido tan autoritario con ella, siempre imponiéndose ante sus deseos, nunca escucho lo que ella deseaba o quería, todo siempre se hizo a su manera, su extenuante horario de trabajo le impedían verla, jamás le expreso ternura, cariño, comprensión, sin en cambio, en Yoh encontró todas aquellas cosas y viéndolo de un punto de vista diferente, ellos se complementaban, ella siempre tan fría, tan distante y él siempre tan alegre y tan optimista, hacían una pareja perfecta, a pesar de ser totalmente diferentes.

Y eso le dolía, le dolía hondamente, siempre fue así, Yoh siempre recibió más atenciones, cumplían sus caprichos y le dejaban jugar en el lodo y contemplar la luna y las estrellas, le dejaban tener cuanta mascota se encontraba, en el colegio era el más popular, se llevaba siempre con todos y además tenía talento, un talento que siempre le envidió, su hermano convertía garabatos en bellas composiciones de arte, el mundo lo aclamaba, lo adoraba, Anna se fijo en él por sus múltiples virtudes y no dudaba que su aún esposa amara hasta los defectos de su tan “perfecto hermano”, Yoh jamás fue presumido ni egocéntrico, sino todo lo contrario, siempre generoso, atento y con una sonrisa dibujada permanentemente en su rostro, y aún así, Aunque su hermano le hubiera arrebatado todo, todo lo que él siempre soñó tener, no lo odiaba, no podía odiarlo, por que él inevitablemente también lo quería y lo quería mucho, pero su traición y su orgullo no le permitían aceptar el perdón y la redención absoluta de su ser.


Llego a la casa de estilo ingles y se detuvo a contemplarla, de todas las personas que él conocía, ella era la única que lo comprendía, que lo quería de manera infinita, que lo aceptaba cual es, tal vez ella era lo que buscaba, la que lo haría olvidarse de Anna.

Llamó a la puerta y la doncella lo paso de manera inmediata, atravesó el suntuoso recibidor y la encontró sentada en una mecedora, lo miraba tiernamente y con los brazos abiertos, como una madre que desea consolar a su hijo pequeño.

-¡Oh, Jean!-exclamo.

Antes de dejarse caer sobre su regazo, en medio de un llanto amargo.

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Suspiro hondo antes de entrar, abrió la puerta y encontró todo exactamente igual, o casi todo, su esposa lo esperaba sentada en el comedor, tenía grandes ojeras y señas de que había llorado durante mucho rato.

Al escucharlo llegar, levanto la vista y le sonrió con debilidad y amargura, o sí a esa expresión en su rostro se le podía llamar sonrisa.

-Tamao, yo... –trato de comenzar.

-No digas nada Yoh, ya lo sé todo, ahórrate las explicaciones.

-No quería que enteraras de esa manera, pensaba decírtelo, pero las cosas a veces no salen como uno espera.

Ella le señaló una silla.

-Siéntate, Yoh, no debes sentirte mal, hace mucho que lo sé-dijo con tranquilidad.

-¿Qué?, ¿No entiendo?-balbuceo mientras se sentaba frente a ella.

-Horo y yo te vimos besándote con Anna, el día del recital de Navidad.

-¿Y porque no me reclamaste?, ¿Por qué no lo sacaste todo a la luz?

-Por que yo no soy una liosa como tu hermano, no quería creerlo, fui una tonta y me vende por completo los ojos, no quería que nadie sufriera, me he aguantado todo este tiempo-y una lagrima cayó sobre la mesa.

-Oh, Tamao lo siento, lo siento tanto de verdad-y coloco una mano sobre una de las de ella, Tamao quito rápidamente su mano.

-Yoh, basta, ya no sigas con esta farsa, *sé que piensas marcharte, ya lo sé*

-Tamao, yo no sé que decirte, te he lastimado tanto, pídeme lo que quieres y lo haré para tratar de compensar todo el daño que te he causado.

-No, Yoh, yo no te puedo pedir nada *y no te detendré*-tomo entre sus manos el fólder beige-¿ves esto?, es el divorcio, yo ya firme, solo falta que tú lo hagas y entonces sí, *haz lo que tu quieras*-y le extendió las hojas de papel.

Yoh las miro con detenimiento, tomo el bolígrafo que le ofrecía y firmo en todas las hojas, después volvió a entregárselas a ella.

-¿Desde cuando lo tenías preparado?-le pregunto.

-Desde hace tiempo, decidí que ese sería el ultimo regalo que recibieras de mí, Len me ayudo con el papeleo, fue difícil aceptar que tú amabas a otra mujer y que tendrías al hijo que siempre deseaste con ella-él se sobresalto al escucharla, también sabía lo del bebé, ella sonrió conciliadoramente al notar su reacción-Ahora, mi querido Yoh, ya eres libre, ya puedes estar junto a la persona que tanto amas, *sin embargo recuerda que yo estaré aquí en el mismo lugar*, para lo que se te ofrezca, cualquier cosa, *y sí solo tienes ganas de hablar, con gusto escuchare*

-Tamao, muchas gracias, jamás pensé que lo tomarías de esa forma, yo no tengo palabras para agradecerte lo buena que has sido conmigo.

-Tú felicidad es la mía, alguien hace mucho me dijo que cuando de verdad amas a alguien, lo más importante es que esa persona sea feliz, no importa que no sea contigo y *sí ella supo darte más amor* y *supo llenarte más que yo*, pues ni modo, así es la vida, yo no podía tenerte a mí lado a sabiendas de que no eras feliz, no, yo *claro que se perder, claro que se perder*

-Lamento tanto, haberte involucrado de esta manera-lagrimas comenzaron a caer por su rostro-Tú eres tan buena y yo, yo no merezco lo mucho que haces por mí, aún ahora.

-Yoh, por favor *no tienes porque disimular, esas lagrimas están de más*-su llanto la estaba quebrando por dentro-Perdón, no quise decir que no fueras sincero, solo que estas haciéndome esto mucho más difícil, por favor, *sí tienes que irte, vete ya*, tus cosas están donde siempre, en caso de que te quieras ir, después de todo la casa es tuya, estas en todo tu derecho de correrme para traer a vivir a Anna aquí.

-No Tamao, eso nunca, yo me iré con Anna a otro lado en lo que arreglamos nuestra situación, yo no podría correrte, no después de todo lo que te he hecho-se levanto-yo iré por mis cosas, las maletas supongo están donde siempre-ella asintió con la cabeza-pues bien, voy a arreglar todo aquí para después alquilar una habitación en algún bonito hotel-y salió de la estancia.

Tamao lo miraba complacida, aunque no lo demostrara frente a ella, sabía que su regalo lo había hecho muy feliz, pero muy dentro de ella, le dolía demasiado toda esta resolución.

“Yoh, *sin embargo esperaba que te quedaras, pero el agua hay que dejarla correr*-se mordió los labios con violencia-*Mientras yo me tragaba palabras que no pude decir*”

Yoh no tardo mucho en bajar con una gran maleta azul marino, le sonrió.

-Pues bien, yo creo que ya me voy, tan solo espero que algún día me perdones-dio media vuelta, comenzaba a caminar cuando ella lo llamó.

-¡Yoh!-grito, él volvió la cabeza-*Y sí el viento hoy sopla a tu favor, yo no te guardare rencor*, no te preocupes *claro que sé perder*, después de todo *no será la primera vez*, ¿sabes?-lagrimas corrían traviesas por sus mejillas-*Hoy te vas tú, mañana me iré yo*, *seré un buen perdedor*, tratare de ser fuerte y con suerte deje de llorar algún día, comprenderé que *el mundo no cambiara*, y creo que ya lo estoy haciendo-seco sus lagrimas y vio como Yoh giraba la perilla-*Alguien sin duda ocupe tu lugar*-dijo en voz baja, Yoh ya se había ido, para no volver jamás.

Y en su soledad lloro con desconsuelo.

CONTINUARA... Subir

CAPITULO 34: El recuento de los daños.

Izumo, el viejo y tranquilo pueblo de su niñez, tantos días felices, tanta libertad, no concebía la idea de que estuviera ahí para una no muy buena discusión.

Bajo del automóvil y suspiro, tratando de armarse de valor, se enfrentaría, por fin, a la más grande de las tormentas.

Encuanto entro fue custodiado por dos grandes sirvientes de la casa, parecía un reo llevado al matadero, lo condujeron al gran salón, aquel viejo salón de reuniones y lo dejaron frente a la puerta sin ceremonia alguna, Yoh sonó el gran gong y paso con solemnidad al interior.

Lo primero que vio fue el rostro fúrico de su abuela, parecía un gran jaguar dispuesto a atacar, sentado a su lado el señor Yomei lo miraba con profunda decepción, su padre trataba de consolar a su madre, quien lloraba copiosamente en uno de los extremos del salón, del otro lado su hermano mantenía un porte serio y rígido, tratando de disimular el odio y el dolor que corría por sus venas.

Durante algunos minutos un incomodo silencio lleno de miradas asesinas y suspiros profundos reinó en el salón, él estaba listo, recibiría su castigo.

-Yoh Asakura, ¡Lo que hiciste no tiene nombre!-de repente grito su abuela, todos al escucharla se estremecieron-¿Qué pretendías al enredarte de manera sentimental con tu cuñada?

-Nada-murmuro.

-¡Más alto, no te escucho!

-He dicho que nada, abuela-su rostro se mantenía serio aunque sus labios y su voz temblaban al hablar.

-¿Abuela?, ¡No vuelvas a llamarme de esa manera!, Yo jamás tendría un nieto incestuoso-sus ojos sacaban chispas de infinito rencor-¿Sabes el escándalo que has provocado?, ¿Sabes que has destruido a la dinastía?-el mirar el apacible rostro de su nieto la llenaba de ira-Por lo que veo no, y he de suponer que tampoco te importa.

-Supones bien, a mí nunca me importo su absurda dinastía ni nuestra maldita posición, además no estas en posición de reprocharme nada, ya que tú más que nadie te has encargado de cultivarme este rencor, siempre preocupada por el que dirán, por las apariencias, pero nunca, ¡nunca en tu vida Kino Asakura te preocupaste por mí!-le grito.

-¡Mentira!, ¡Insolencia!, ¿Cómo te atreves a hablarme así?-la anciana señora estaba al borde del colapso.

-Madre, por favor, no ve que le va a hacer daño-soltó de repente Keiko quien se separaba de su esposo y corría hacía su madre con cara de preocupación.

-¡Tú, cállate!, ¿Ves?, Ves lo que tus consentimientos han causado, ve ante ti al mounstro insolente que has creado-dijo con rencor-A mí no me vas a hacer tonta hija mía, sé de sobra que tu estabas al tanto de todo y ¿qué hiciste?, Le cubriste las espaldas a tu hijo, ¡No te importo que le causara un prejuicio a su hermano!, ¡A tú otro hijo!

Keiko se desmonoro en un llanto triste y amargo, Hao miraba con horror a su madre e Yoh se atrevió a salvar la situación.

-Ella no sabía nada, ¡A ella no deben de juzgarla!, ¡El daño lo he hecho yo!, ¡A mí es a quien deben castigar!, ¡Mi madre no sabía nada de esto!-se apresuro a decir.

-Yoh... -murmuro entre sollozos su madre.

-Esa es la verdad, mi madre no me cubrió, mi madre jamás supo nada-dijo con voz más tranquila.

-Nuevamente mientes, ¿Hasta cuando Yoh?, ¿Hasta cuando dejaras de mentir?-esta vez fue la voz amarga de Hao la que hablo.

-Es la verdad.

-¡No quieras verme nuevamente la cara!, ¿Qué crees que no sabemos nada?, Por sí no lo sabías nuestra familia cuenta con un informante particular para cada miembro, él tuyo nos mantuvo siempre al tanto de todos tus movimientos.

Yoh miro a su familia con sorpresa.

-Así es hermanito, tu informante viajo alrededor del mundo contigo, nos mandaba fotos de cada uno de tus conciertos, nos mantenía informados de tu situación, de tus amoríos-y agregó con sarcasmo-Sé que te comiste un delicioso pastel llamado Jean.

Yoh miro a Hao con furia mientras trataba de dominarse.

-¡Yo no me comí nada!, Nuestra relación fue puramente inocente-se defendió.

-Como sea, ese no es el punto a tratar-les interrumpió la abuela quien comenzaba a hartarse-El punto es que el informante dijo que tu madre estaba al tanto de todo desde un principio.

-Y sí les dijo eso, ¿por qué no les dijo desde un principio lo que había entre Anna y yo?

-Por que el muy infeliz... -apretó los dientes con fuerza-¡El muy cínico nos traiciono!, Decidió ayudarte, ¿y sabes porque?, Porque le diste pena, ¡lo convenciste con tu absurda idea de que te habías enamorado de Anna!-se levanto al tiempo que gritaba.

-No es una idea absurda, es la verdad-se defendió.

-Vamos Yoh, el amor no existe, esas son puras estupideces, no me salgas ahora conque tú y Anna se enamoraron profundamente y por eso engañaron a sus respectivas parejas-su abuela utilizaba un tono burlesco que le irritaba.

-¡Pero es la verdad!-dijo empezando a perder los estribos.

-¡Patrañas!, Ese no es el motivo.

-Entonces según tú cual es, ¿qué quieres que te diga?, Que me enrede con Anna para hacerte rabiar, para destruir a la dinastía, para dejar sin matriarcado y heredero a los Asakura-la mirada que le dirigía a su abuela era dura y fría-Pues estas muy equivocada, yo me enrede con ella porque la amo, ¿me oyen?, ¡La amo!, Pese a quien le pese, ¡Yo amo profundamente a Anna!

-Yoh, ¡cállate ya!-dijo con fuerza una voz.

Las miradas se volvieron, su padre se acercaba a él y lo miraba con fijeza, de pronto y antes de que alguien pudiera parpadear o gritar, una sonora bofetada sonó y retumbó por toda la casa, Mikihisha le había pegado en una de sus mejillas.

-Quiero que te calles, no ves que ya has hecho mucho daño-señalo con una de sus manos a su esposa, a sus suegros y a su hijo-Lo que has hecho no tiene perdón, traicionaste a tu sangre, a quien según tú querías con toda tu alma, involucraste a tu madre y todavía, ¡Maldita sea!, Tienes el descaro de escudarte diciendo que todas tus acciones las hiciste por amor, ¡Por favor!, Eres mi hijo y me duele el ver que todos mis esfuerzos por educarte fueron vanos, ¿de qué sirvieron tantos desvelos?, ¿Tanto dinero gastado para poder cumplir tus sueños?, ¿Para que Yoh?, Contéstame, ¿para qué trate de reparar mi error dándote todo?, ¡Sí de buenas a primeras vienes a destruirlo todo!, ¿En que plano crees que quedamos tus padres?, Para nosotros viene el repudio, el rechazo, porque no supimos educar a una criatura que pensamos era buena y generoso, pero que salió ser la peor persona del mundo-agacho su mirada-Estoy tan decepcionado de ti, Yoh, sí alguien me hubiera dicho que harías esto, ten por seguro que jamás, ¡Escúchame bien!-lo tomo de la barbilla y lo miro con repudio-¡Jamás, te hubiera rescatado del río!, ¡Te hubiera dejado morir!, Preferiría mil veces que hubieras muerto cuando todavía eras un niño, así tal vez no le harías daño a nadie-lo soltó y se sentó a lado de Keiko.

Yoh no podía articular palabra, lo que acababa de decirle su padre le había dolido mucho más que el golpe en su mejilla, había atravesado y mutilado totalmente su alma, pero a pesar de todo ese dolor, él iba a defender la verdad, su verdad.

-Es por eso-comenzó con voz más tranquila su abuela-que hemos decidido que Hao determine el castigo de su esposa, en tanto que Tamao determinara el tuyo-miro a su alrededor y parpadeo confundida-¿Y por cierto donde esta?

-Tamao y yo nos hemos divorciado, ella también lo sabía todo y preparo de inmediato los papeles para que estuviéramos legalmente separados, me pidió que fuera feliz a cambio-explico y no pudo evitar sonreír con ternura, para él Tamao había sido una buena esposa.

-¡Pero que estupidez!-bufo Kino, no le cabía en la cabeza que todavía hubiera gente con buenos sentimientos en el mundo-Bueno no importa, debido a esta inesperada y molesta noticia, no nos queda otro remedio que cederle el derecho de Tamao a tú hermano, que en mi opinión es lo más adecuado y sensato que podemos hacer-y con un movimiento de mano le cedió la palabra a Hao.

-¡Piedad!, ¡Hijo, ten piedad!-imploro Keiko.

-¿Piedad?, ¿Me pides piedad madre?, ¿Suplicas piedad para quien no la tuvo conmigo?-los ojos de Hao mostraban indignación-Pero a ti yo no puedo negarte nada-se oculto tras la suplica de su madre para ocultar su debilidad-Yo no puedo castigarte, en todo caso sería a Anna, pero yo creo que con la golpiza que le di es más que suficiente, no sería correcto castigar a una mujer embarazada.

Un murmullo general se disipo en el salón.

-¿Has dicho embarazada?-pregunto con asombro Kino.

-Sí, Anna esta encinta-repitió con voz ahogada Hao.

-¿Tendrás un hijo Hao?-su abuelo le pregunto incrédulo.

-Yo no, el niño no es mío.

-¿Cómo que no es tuyo?, ¿De quien más podría ser?-pregunto con angustia su madre.

-Pregúntele a Yoh- y dirigió su seca mirada a la figura de su hermano.

Todos dirigieron sus curiosas miradas hacía Yoh quien permanecía con el rostro serio.

-El niño es mío-dijo de golpe, provocando un estupor general-El hijo que espera Anna, es mí hijo, alégrate abuela, ya tienes a tu heredero-dijo esto ultimo con sorna-¿Qué no es lo que querías?, ¿No deseabas fervientemente que tuviera un hijo?, Pues bien, lo voy a tener, y Anna será su madre, ella lleva a un niño mío en su vientre.

Su madre se llevó las manos a la boca ahogando un grito de ¿felicidad?, Su padre lo miraba con repugnancia, mientras que su abuelo sostenía a la anciana matriarca para que no cayera al suelo de la impresión, Hao solo respiro hondo y lo miro con tristeza.

-¡Eres un descarado!-grito la anciana después de reponerse-¡Un insensato!, ¡Sí Hao se ha ablandado de pronto y se niega a castigarte, entonces lo haré yo!

Todos se miraron con temor, la anciana bajo hasta donde Yoh permanecía de pie, inmóvil, lo rodeaba como ave de rapiña a su presa, Yoh trataba de controlar su nerviosismo, esa sería la ultima orden que acataría, se paro frente a él y se aclaro la garganta.

-Agáchate-le ordeno, Yoh sin chistar le obedeció.

La anciana le propino dos fuertes bofetadas, saco de su bolsillo unas tijeras y corto un mechón de cabello, lo llevó hasta un gran brasero con llamas ardiendo y lo tiro a las llamas del fuego, luego volvió a subir al lado de su marido.

Todos esperaban, aguardaban con impaciencia sus palabras.

-Desde hoy, tú, Yoh Asakura, has muerto para la familia, tú nombre será borrado del árbol y de la dinastía, en cuanto a Anna Kyôyama, será enviada junto contigo al exilio, yo misma me encargare que ninguno de los dos vuelva a pisar territorio japonés en toda su vida-dirigió su mirada a su hija, yerno, esposo y nieto-En cuanto a ustedes, no volverán a pronunciar los nombres de las personas que causaron tal prejuicio, desde hoy han muerto, no habrá contacto alguno, a menos que yo lo ordene, y Hao, deseo que te divorcies lo antes posible y te busques una nueva mujer, mi deceso se acerca y todos estamos de acuerdo en que Anna ya no podrá sustituirme, Así que tú como único heredero es tu deber Prever de hijos y matriarca a nuestra estimada Dinastía, es tú deber preservar el orgullo de los Asakura-dijo con pasión.

De encontrarse en otra situación menos triste y penosa, de buena gana le hubieran aplaudido.

-Así que, Yoh, vete y nunca más regreses-pronuncio.

-No tienes que repetirlo, lo sé y de buena gana lo haré, me llevare a Anna, me casare con ella y por fin podré ser feliz-dijo con una sonrisa.

Dio media vuelta y se fue, no sin antes dirigir una cariñosa mirada a su madre.

Lo miraron partir sin saber que esa sería la ultima vez que se verían.

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-¿Dónde estará Yoh?-se pregunto en voz alta mientras se terminaba de despertar.

Se levanto y se dirigió al baño, se miro en el espejo, las heridas poco a poco comenzaban a desaparecer, se sonrió y pronto sintió un leve gruñido en su estomago.

-¿Ya tienes hambre bebé?-dijo de forma cariñosa al tiempo que pasaba su mano por su vientre-Esta bien, hablemos a la recepción y pidamos algo rico de comer.

Tomo el teléfono que estaba a lado del buró y marco.

Hacían tan solo unos días que Yoh y ella vivían en un hotel, él le había dicho que permanecerían ahí mientras se arreglaba la situación y el chismorreo cesara, había sido un duro despertar para los dos, mejor dicho para los tres, ya que su hijo aunque no estuviera presente, también había sido presa del huracán, pero sabía que todo esto tardaría más tiempo de lo que pensaban, como figura publica, Yoh se había convertido en noticia nacional, y ya iban varias veces que los miembros de seguridad del hotel sacaban a patadas a todos los reporteros, fotógrafos y paparatzzis que se acercaban a la habitación de ambos, buscando una buena noticia para sus periódicos y revistas, claro que Yoh se había negado a hablar, ¿sí todo el mundo ya lo sabía para que querían sacárselo de su viva voz?, Pasaba de largo y evitaba a toda costa que fotografiaran a Anna, ella por su parte optó por correr las cortinas y prescindía de salir.

Él servicio de la comida llegó treinta minutos más tarde, Anna pago y lo despidió con una buena propina, se sentó en la cama y se dispuso a esperar unos minutos más a Yoh, pero fuertes gruñidos salían de su estomago.

-Al parecer no quieres esperar a tu padre ¿verdad?-sonrió con ternura-Pues entonces ha comer, quiero que seas un bébito muy sano y fuerte-tomo el tenedor y pico un par de sandías picadas, se las llevó a la boca-Mmm, delicioso-exclamó.

De pronto fuertes llamados resonaron, dejo el tenedor y se dispuso a abrir.

-¿Qué sucede?-le pregunto a un agitado botones.

-Señora, abajo, una señorita y un señor insisten en verla, yo les he dicho que tengo estrictamente prohibido molestarla, pero insisten e insisten, el servicio de seguridad esta tratando de sacarlos a la fuerza, pero el joven, que es el más alterado, esta abajo, gritando y armando un gran escándalo.

-¿Son periodistas?-pregunto Anna mientras arqueaba una ceja.

-No, o al menos no lo parecen, no traen cámaras ni nada que se le asemeje, pero...

Fuertes voces se alcanzaban a escuchar por todo el hotel.

-¡Déjenme pasar!, ¡¿Qué no saben quien soy yo?!, ¡Maldita sea!, ¡Soy Len Tao! Y exijo que se me deje pasar-los gritos familiares cortaron la frase del botones.

-Déjelos subir-dijo con una sonrisa.

-Pero, pero señora, su, su-el pobre botones sudaba no sabía que decir-bueno, el señor Asakura determino que usted no podía recibir visitas.

-Pero él no esta, así que hágalos subir, ¡Ahora!-dijo enfurecida.

El botones suspiró resignado y se dispuso a bajar para calmar el alboroto.

Al poco rato una Pilika toda despeinada y un Len con el rostro enrojecido aparecieron ante su puerta.

-Pasen, pasen, y disculpen a todo ese ejercito de seguridad-dijo mientras cerraba la puerta.

Ambos chicos pasaron y se sentaron en los cómodos sillones que había en la habitación.

-¿Interrumpimos algo?-pregunto Len al ver la mesa llena de deliciosos platillos y a su amiga todavía en camisón.

-No, en realidad sí, estaba por tomar un pequeño desayuno.

-¡Pequeño!, Anna, con toda esta comida podrías alimentar a todas las tribus africanas del Congo-exclamo sorprendida Pilika, pero después mirando un plato agregó-¿Es pastel?

-Sí, sí es pastel, ¿quieres un trozo?

-Claro, por favor, como sí no me conocieras Anna.

La chica rió divertida mientras que Len las miraba con fastidio “Dios las hace y ellas se juntan”

-¿Por qué tanta seguridad?, Pareciera que Brad Pitt estuviera hospedado aquí-pregunto mientras cortaba un trozo de pastel.

-Sí, lo sé, también es un fastidio para mí, pero Yoh así lo decidió, no quiere que me entrevisten ni me tomen fotografías, cree que en mi estado no sería saludable exponerme a tantos corajes, chismes y demás, pero yo comienzo a aburrirme, pero le prometí esperar a que todo se solucione.

Len y Pilika intercambiaron miradas nerviosas.

-¿Sucede algo?-pregunto asustada al ver el intercambio de miradas por parte de sus amigos.

-¿Acaso no lo sabes Anna?-dijo Len con incredulidad.

-¿Saber que?, Díganme, ¡hablen!-dijo comenzando a alterarse.

-Vamos Anna, tranquila, no le hará bien al bebé-trato de tranquilizarla Pilika.

-¿Le paso algo malo a Yoh?, Respóndanme-suplico con angustia.

-No, no le paso nada a Yoh, solo que creo que tu problema ya se soluciono-dijo con tranquilidad Len.

-¿Cómo lo saben?

-A mí parecer todo el mundo ya lo sabe, creímos que Yoh ya había llegado y hablado contigo, por eso venimos de visita, pero al parecer tu no tienes razón de nada.

-¿Y que se supone que debo saber?

Len no le contesto, se dirigió hacía el televisor y lo encendió, cambio de canal y cuando lo encontró se retiro para que tanto su novia como Anna pudieran mirar.

Yoh aparecías rodeado de micrófonos y miles de flashes brillaban a su alrededor, Anna distinguió a la escuela de música al fondo.

-Señor Asakura, ¿es cierto que su familia lo ha desconocido, humillado y exiliado del país?-pregunto de pronto una reportera.

Anna se llevo las manos a la boca y ahogo un grito, el problema estaba resuelto, pero a ella, a ella que castigo le dieron.

Len y Pilika se miraron con desconcierto al ver la mirada de horror en el rostro de Anna, ellos pensaban que eso la haría feliz.

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Rodeado de miles de cámaras de televisión, invadido por miles de preguntas y deslumbrado por la cantidad de flashes a su alrededor, Yoh caminaba tratando de no perder la calma.

Todo esto le era sumamente difícil y no ayudaba el hecho de que se lo recordaran, y menos ahora cuando también lo habían despedido de su trabajo.

El director de la escuela lo estaba esperando, él había ido para presentar su renuncia pero se encontró con la novedad de que los directivos se le habían adelantado, no le quedó otra más que aceptar, subió, tomo sus cosas y se despidió de los niños, como le habían partido el corazón todas esas caritas tristes, le pidió de favor a la nueva profesora que los cuidara mucho, pero en respuesta recibió una fría y despectiva mirada por parte de ella.

-Señor Asakura, ¿es verdad que su jefe lo despidió por inmoral?-escucho una voz masculina que le preguntaba muy cerca de su oído.

Sí, era verdad, su jefe había dicho que él era un mal ejemplo, un hombre sin ética y sin escrúpulos, que no debía enseñar a un par de niños inocentes el arte de la mentira, de la injuria, también le había dicho que lamentaba que un gran genio resultara un inmoral y que apoyaba la decisión de su familia.

Había salido de ahí desecho, por todo, por todos y justo cuando volvería al lugar donde se sentía en paz una bandada de reporteros le habían caído encima, como sí llovieran por toda la calle.

-Por favor señor Asakura respóndame-insistió uno de ellos-¿Es cierto que su esposa lo dejó por otro?

-¿Es verdad que usted y su cuñada se veían en el salón de música?, No le parece que los niños pudieron haberlos visto.

-Aclárame, ¿El hijo que espera su cuñada es de su hermano, el reconocido abogado Hao Asakura o es suyo?

-¿No cree usted que su cuñada solo jugo con los sentimientos de ambos y que el hijo que espera no será de otro?

Esa pregunta fue el colmo para Yoh.

-¡Déjenme en paz!-grito.

-Pero señor, respóndanos-dijo uno mientras le sacaba numerosas fotografías.

-Déjenos hacer nuestro trabajo-argumento una joven reportera.

-No responderé nada, ahora déjenme pasar-dijo un poco más tranquilo.

Suspiró al ver que llegaba al hotel, de inmediato el equipo de seguridad les cerro el paso a cada uno de los reporteros e Yoh pudo al fin respirar.

Subió por el ascensor y entro a la habitación que compartía con Anna, le sorprendió ver a Len y a Pilika ahí.

-¡Oh, Yoh!, Me enterado de todo por televisión-exclamo ella mientras se arrojaba a sus brazos.

Len tosió.

-Nosotros nos vamos, creo que tienen mucho de que platicar-tomo a Pilika de la mano y juntos salieron silenciosamente de la habitación.

-Tranquilízate Anna, no ves que le va a hacer daño al bebé-dijo tranquilamente mientras acariciaba con dulzura su espalda, oh sí, eso era la paz absoluta, ella y él abrazados, respirando su delicioso aroma.

Ella seco sus lagrimas, se separo de él y se sentó en la cama.

-Tienes razón, solo que no se que va a pasar conmigo, ¿cuál fue mi castigo?-pregunto al tiempo que le dirigía una amarga mirada.

Yoh se acerco a ella, la tomo por la cintura y recargo su cabeza en su pecho, ella estaba sorprendida.

-Yoh... ¿cuál fue mi castigo?-repitió.

Él levantó el rostro y la beso con suavidad, probando una vez más de ese delicioso néctar que le hacía perder los estribos y le pareció que sabía aún mejor que antes, ya no tenía el amargo sabor de la culpa.

-Tú castigo es quedarte conmigo para siempre-le murmuro.

Recargo su frente en la de ella y la contemplo por un muy largo rato.

CONTINUARA... Subir

CAPITULO 35: Sí tu supieras.
Pago la comida y se retiro del restaurante, no sabía él porque se empeñaba en visitar todos los lugares en los que había estado con ella.

Camino por las bellas calles del centro, aquellas que pronto abandonaría, faltaba tan solo una semana para regresar a Inglaterra, quería estar alejado de la marea que bien sabía había provocado su querida primita.

No había querido darle la cara a Anna, ¿Y como podría?, Después dé todo Jean fue una de las responsables de todo el horroroso caos que había surgido en Tokio, y lo que más le molestaba era el hecho de que su prima se dejara tomar fotografías y concedía entrevistas sin ton ni son, y la muy descarada se jactaba de ser una de las favoritas para casarse con el ahora divorciado Hao Asakura, lo decía de tal manera que parecía que estuviera en una ardua competencia, que de adeveras enamorada del ex de Anna.

Él propiamente decidió lavarse las manos y hacerse a un lado, no quería verse inmiscuido en dimes y diretes de la sociedad, lamentaba no poder ayudar a su mejor amiga, veía con rabia cada reportaje, cada entrevista, cada nota llena de morbosidad.

“Es como estar en Holliwood”, había exclamado una vez, al ver por T.V, como una gran muchedumbre armada por micrófonos, grabadoras y cámaras fotográficas perseguían a Yoh a través de la ciudad.

Sentía pena ajena cada vez que miraba a Anna por televisión, siempre oculta tras unas cortinas rosadas, y se llenaba de indignación al ver como los Asakura y en especial Hao manejaban la situación, siempre tranquilos, calmados, como sí nada hubiera pasado, como sí Anna e Yoh hubieran dejado de existir.

Se detuvo frente a un aparador y miro con desilusión los bellos vestidos de novia que exhibían en ese lugar, sería por estas fechas en la que él estaría contrayendo matrimonio, lanzo un suspiro y decidió marcharse de ahí.

-¡Hey Lyserg!-escucho que gritaban, volteo y se encontró cara a cara con Pilika y Len, la pareja que justamente no quería encontrar.

-Hola-dijo sin emoción y haciendo un gesto de desdén con la mano mientras miradas de odio eran intercambiadas tanto por él como de parte del menor de los Tao.

Pilika casi tuvo que arrastrar a Len para llegar a donde estaba Lyserg, para ella todo era tan fácil, su carácter alegre y hasta a veces impetuoso no le hacía ver que algunas situaciones eran sumamente incomodas, en especial para aquellos que les es difícil olvidar.

-Cuanto tiempo sin verte, ¿qué ha sido de tu vida?-pregunto con aquella candorosa sonrisa que la caracterizaba.

-Nada interesante, regresare a Inglaterra en pocos días, mi familia me necesita.

-¿Problemas?-pregunto con cara de preocupación.

-No, no para nada, solo que me extrañan y desean verme, es todo.

-Además Pilika cualquier problema es diminuto en comparación con el que se ha suscitado en este lugar-esta vez Len hablo, había fastidio y sarcasmo en su voz-No te culpó Diethel por quererte ir de aquí, te ha de dar vergüenza como tu prima se exhibe como una cualquiera, como una trabajadora de esquina-y rió con ironía.

-¡Cállate Len!-le reprendió la chica-No le hagas caso Lyserg.

-No Pilika, esta vez tiene razón-Len abrió los ojos enormemente por la sorpresa y Lyserg disfruto ese momento como nunca-El comportamiento de mi prima no es lo más moral que digamos, yo me he opuesto a que de entrevistas y se catalogue a sí misma como la mejor candidata para ser una Asakura, que yo sepa no es un concurso.

-Pues Hao lo ha puesto así, le ha dolido tanto lo que sucedió que busca con quien olvidar sus penas, él muy iluso cree que le esta dando celos a Anna-rió divertido-Me da pena, sí él supiera que Anna esta de lo más contenta, te apuesto lo que quieras que ya se habría casado con la primera idiota que se le aventara y le besara los pies.

-¡Len! No deberías hablar así-le dijo Pilika.

-Vamos cariño, esa es la verdad, le pese a quien le pese es la verdad, ¿no crees Diethel?

-Sí, por muy dura que sea la realidad una la tiene que aceptar-suspiro-En fin, ¿han visto a Anna?, ¿Cómo esta?

-Esta bien, al igual que el bebé, Yoh ha procurado que nada de esto le afecte, pronto ellos también se irán-dijo con tristeza la chica de cabellos azules.

-¿Adónde?

-Nadie lo sabe, no han querido decir nada, ya sabes, para evitar a todo ese enjambre de reporteros que parecen perseguirlos como si ellos fueran el panal-dijo con tranquilidad Len.

-Ya veo, ¿quién diría que todo terminaría de esta manera?, Jamás creí que la vida diera tantas vueltas.

-Es el destino Diethel, él siempre se divierte con las personas, las separa, las destruye, las vuelve a juntar, es un ser caprichoso y cruel y jamás intentes desafiarlo, en especial cuando se mete en los asuntos del corazón, lo mejor es aceptarlo.

-Pero el destino se puede cambiar-filosofeo Lyserg.

-Sí así es, pero solo con sus elegidos, él tiene una vida determinada para todos desde que nacemos, solo a sus favoritos les da la oportunidad de cambiar, solo a aquellos que creen fielmente en él tienen la oportunidad de cambiar, de modificar, sin en cambio a los que nunca creyeron en él, les hace ver su existencia de la forma más dura que se le ocurra, un caso es Anna, ella fue victima de él, pero de cierta forma le esta agradecida.

-¿Por qué?, Le quito su posición, su marido, su reputación, ¿por qué esta agradecida?-pregunto confundido.

-Es simple, porque le entrego al amor de su vida, le dio la oportunidad de volver a ser feliz, la destruyo sí, pero al igual que el fénix, le dio la oportunidad de resurgir de las cenizas-dijo con una gran sonrisa Pilika.

-Sí, tal vez tenga razón-miro a la pareja con detenimiento-¿saben?, Creo que el destino me ha ordenado algo.

Pero antes de preguntar de que se trataba, Lyser extendió su mano hacía Len, Pilika lo miraba perpleja.

-Borrón y cuenta nueva-le dijo con una sonrisa sincera.

Len dudo por instantes pero después extendió su mano y estrecho la de Lyserg con fuerza.

-Fue todo un placer competir contigo, tenías razón, tu siempre ganas.

-Así es y es porque...

-Eres un favorito del destino-rió Lyseg.

-¿Alguien me puede explicar que esta sucediendo aquí?-pregunto una muy confundida Pilika.

Ambos chicos se miraron y rieron con sorna.

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-Yoh, Yoh-dijo con lentitud mientras movía al chico que tenía a lado-Yoh, despierta.

-Mmmm, ¿Qué?, ¿Qué sucede?-dijo el chico todavía entre sueños mientras trataba de incorporarse, se talló los ojos y dijo-¿Te ocurre algo?, ¿Te sientes mal?

-No, en realidad... –se sonrojo.

-¿Qué sucede?, Vamos, dime-dijo el muchacho comenzando a preocuparse.

-Es que tengo antojo de un pastel de limón, melón con crema chantilly y nueces de la india-lo miro con ternura-¿Podrías salir y comprarme lo que te pido?

-Amor, ¿no te has dado cuenta de que horas son?, Por sí no lo habías notado son las tres de la mañana, ¿de donde pretendes que saque todo eso?

-Ya sé, pero es lo que TU hijo quiere-hizo un gracioso puchero.

-No, no, eso no, no hagas eso Anna-ella profundizo su gesto-Nunca puedo contigo-y le dio un beso en la punta de su nariz.

-¿Entonces sí vas a ir?-pregunto.

-¿Me queda otra opción?-se levanto y comenzó a vestirse-En verdad Anna no se como le haces para que te cumpla tus caprichos.

-Los míos no, los del bebé-se levanto y lo abrazo por la espalda-Además lo haces por que me quieres, si tu también tuvieras antojos en la madrugada yo iría por ellos-rió –por fortuna los hombres no sufren de ese mal.

-¿Eso crees?-pregunto divertido-pues déjeme decirle señora que esta usted muy equivocada-se volteó para quedar frente a ella-yo también sufro de antojos y casualmente me ha llegado uno en este instante.

-¿Cuál?-pregunto confundida.

-Este-la tomo por la cintura y la pego a él, y antes de que ella pudiera reaccionar se encontraba fundida en un placentero y quemante beso.

Yoh profundizo el beso explorando cada parte de la dulce fruta que era la boca de Anna, ella se dejo guiar y lo abrazo por el cuello.

-¿Contento señor?-le pregunto con una sonrisa cuando se separaron.

-Sí, ahora ya puedo ir por tus encargos.

-¿Sabes?, ya no quiero nada, ahora se me antoja-puso su mano en su barbilla e hizo el gesto de que pensaba-Se me antoja que te quedes junto a mí y me abraces.

-Eso es fácil-dijo, se recostó e invito a Anna a hacer lo mismo, cuando ella estuvo junto a él la rodeo con sus brazos de manera protectora-¿Así esta bien?-le pregunto cuando la tuvo bien sujeta.

-Sí, así esta mejor-recostó su cabeza en el pecho de Yoh-Mi amor, ¿cuándo nos vamos a ir de aquí?

-Cuando tu quieras y dispongas-contesto acariciando con suavidad su mejilla.

-Pues yo quiero irme lo antes posible, ya no soporto más esta situación.

-Entonces, sus deseos son ordenes señora-dijo riendo alegremente.

-En tal caso, iré por mis cosas a casa de Hao.

-¿Estas loca?, No claro que no, tu no vuelves a esa casa-la sujeto con más fuerza-No quiero que te vuelva a pegar como aquella vez, no, no iras-dijo tajantemente.

-Yoh, amor, escúchame-se levanto un poco para mirarlo a los ojos-En esa casa hay muchas cosas que son mías, que yo compre con esfuerzo y con mi dinero.

-No, ya te he dicho que no, yo te daré todo lo que tu quieras, te comprare todo lo que me pidas pero no regresaras.

-No se trata de eso, yo sé que tu me comprarías Venecia si pudieras, pero no, ese no es el caso, hay cosas muy valiosas que he tenido desde chica y no voy a dejarlas a merced de Hao, son recuerdos, además ahí tengo la partitura que me regalaste en Navidad, quiero ir Yoh, nada me pasara-separo un mechón de la cara de su amante-Hao no hará nada, y esta vez yo no me voy a dejar.

-Esta bien-dijo con resignación-Sí esa es tu decisión yo no te voy a detener, confío en ti.

-¡Por eso te adoro!-exclamo y le dio un beso fugaz en los labios, se separo y lo miro con ternura para después tomarlo de la nuca y acercarlo a ella apoderándose de sus labios en un beso aun más intenso que el anterior.

-Yoh-murmuro cuando terminaron.

-¿Dime?

-¿Sabes?, En verdad no voy a poder dormir.

-¿Por qué?-pregunto sonriendo

- porque de verdad quiero pastel de limón-dijo en un lindo tono infantil-Ve por favor.

Yoh sonrió resignado, termino de vestirse y después de darle un corto beso a Anna salió de la habitación.

-Tu padre es un gran hombre, nos traerá el pastel que tanto quieres-dijo mientras pasaba su mano por su vientre y daba un gran bostezo, se recostó pensando en su rico pastel de limón.

Cuando Yoh regreso con el pastel a eso de las cuatro de la mañana, encontró a una Anna profundamente dormida y completamente destapada, suspiro cansado para después sonreír con satisfacción, ahora ella dormía junto a él.

Dejo el pastel en la mesa, se cambio de ropa y se acostó a su lado.

Tomo las cobijas y las coloco encima de ellos.

-Todo lo que hago por esta mujer-dijo divertido al tiempo que le besaba sus rubios cabellos-Duerme bien amor, y tu también hijo mío, mañana comerán su pastel-la abrazo por la cintura y cayó profundamente dormido.

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Horo Horo llevaba días sin salir de casa, todos esos reporteros lo volvían loco con sus preguntas sin sentido y los flashes de las cámaras lo hacían enloquecer, como odiaba las fotografías.

-Yo él otro, bah, eso es lo más estúpido que he escuchado en mi vida, ¿cómo pueden creer que Tamao le sería infiel a Yoh conmigo?, sí eso solo ocurre dentro de mis sueños guajiros-se tiro sobre el sofá-sí de eso pido aunque sea tan solo un poco, ella nunca va a fijarse en mí, pobre Tamao, a pesar de todo a ella también la han molestado con sus entrometidas y nada profesionales preguntas, por eso nunca quise ser artista, siempre metiéndose en la vida de uno, que sí ya te casaste, te divorciaste, te volviste a casar, ¡patrañas!, Yo hubiera preferido irme y llevarme a Tamao antes de todo esto estallará, sí tan solo hubiera tenido el valor para enfrentarla, para decirle, ¡Oh Tamao!, *Sí tu supieras que tu recuerdo me acaricia como el viento*, aquellos días en Francia, el día en que te conocí, tantos momentos, tu siempre confiando en mí, siempre viéndome como un amigo, nunca te has percatado de *que el corazón se me ha quedado sin palabras para decirte que es tan grande lo que siento *, pero soy un cobarde, debería estar de frente diciéndotelo, no aquí a solas en mi habitación donde jamás podrás oírme, como me gustaría que llegaras, abrieras la puerta y me dijeras: Horo Horo *Sí tu supieras como te ansia cada parte de mi cuerpo *, pero no, nunca lo harás, tú aún amas a Yoh, pero Tamao, yo, yo te haría olvidar...

-¿Olvidar que?-dijo de pronto una voz que por poco lo mata de un susto.

-¿Tamao?-pregunto confundido.

-¿A quien esperabas?, ¿A Nicole Kidman?-pregunto con burla.

-No, pero ¿Qué haces aquí?

-Solo venía a visitar, Pilika iba de salida y me dio permiso para subir y aquí estoy, ahora dime, ¿qué es lo que tu me harías olvidar?

Horo Horo comenzó a temblar, era ahora o nunca, estaban solos, ella ya era una mujer divorciada, libre, ahora ya podía confesar sus sentimientos.

-Siéntate-le pidió, la chica ocupo una silla cercana-Lo que voy a decirte lo he pensado mucho, de verdad mucho, y es muy difícil para mí, te pido que no hables ni digas nada hasta que yo haya terminado, ¿de acuerdo?-tomo aire y continuo-Veras Tamao yo desde hace mucho quería decirte, decirte, tantas cosas-estaba muy nervioso-cosas *como palpitan tus recuerdos en el alma *-golpeo con fuerza el piso con su pie al percatarse que esa frase no tenía nada de sentido, pero la chica ni se inmutó-No sabes lo que siento *cuando se queda tu presencia aquí en mi pecho *, es una sensación que ahoga, que aprieta, yo quiero decirte... –tomo más aire y grito: *Ven entrégame tu amor *-la chica saltó, pero evito emitir sonido alguno, lo había prometido-Sí, así es, yo te amo, te amo Tamao desde el primer momento en que te vi, me gustaría que tu me dijeras lo mismo *para calmar este dolor de no tenerte *, pero yo sé que no lo harás, pero de verdad no sabes lo feliz que me harías sí tan solo lo dijeras *para borrar con tus caricias mis lamentos *, *para sembrar mil rosas nuevas en tu vientre *.

Se acerco a la chica y tomo sus manos entre las suyas.

-Tamao, *ven entrégame tu amor *, ¿es que acaso no puedes ver *que esta mi vida en cada beso para darte *?-la miro con ternura- *y que se pierda en el pasado este tormento *, por que has de saber *que no me basta el mundo entero para amarte *

La chica no contestaba simplemente temblaba, jamás se había imaginado que Horo Horo tuviera tan profundos sentimientos hacía ella.

Él se levantó y comenzó a pasearse por la habitación mientras hablaba.

-*Sí tú supieras que es como un grito que se estrella en el silencio * el no haberte dicho desde hace mucho todo esto que siento, *este vacío de tenerte solo en sueños *, no sabes cuanto tiempo he sufrido con este amor callado, me he reprochado una y mil veces por no habértelo dicho en el momento oportuno *mientras me clama el corazón por ser tu dueño *, debí de habértelo dicho aquel día en la cafetería, cuando aún estábamos en París, pero tú me diste la noticia que sin saberlo nos derrumbo a los dos.

-Horo, yo-se levanto y lo miro a los ojos.

-No digas nada, *sí tu supieras como desangran en tus ojos mis anhelos *, cada vez que te veo, *cuando me miras sin saber que estoy muriendo por entregarte la pasión que llevo dentro *

-Por favor, ya no sigas-suplico y desvió su mirada-Creo que lo mejor es que me marche

Se dirigía hacía la puerta cuando el joven del norte la tomo de un brazo y jalándola la envolvió en un fuerte abrazo.

-No, no te vallas, no otra vez, ¿no ves *que sin medida estoy dispuesto a enamorarte *?, Yo te daré tiempo, sé que lo necesitas, yo te prometo que te haré olvidar a Yoh, por favor dame la oportunidad, *borra por siempre de mi vida, todas las lagrimas que habitan en cada noche sin tus besos, en el rincón de mis lamentos *, no ves cuanto sufro y cuanto has sufrido tú, permíteme hacerte feliz, *ven y entrégame tu amor *-Ambos comenzaron a llorar en un grito desesperado por volver a ser feliz, por volver a confiar-Tamao te juro *que no me basta todo el tiempo para aparte *

La chica logro safarse del abrazo y miro a aquel chico siempre alegre y confiado llorando amargamente, suplicándole un poco de amor, él se lo merecía y tal vez ella también, después de todo podía aprender a amarlo.

-Horo Horo yo, yo te daré una oportunidad-murmuro.

Al joven se le iluminaron los ojos de felicidad, abrazo a la chica y deposito un suave beso en sus labios.

-No pudiste haber tomado una decisión mejor.

Le dijo para después besarla con infinita pasión.


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CAPITULO 36: Tal vez.


La llevó en su auto y le prometió esperarla afuera, por ningún motivo y bajo ninguna situación iba a dejarla sola, confiaba en ella, sí, pero no confiaba para nada en su hermano y en su violencia.

Anna se quitó las gafas oscuras y saco de su bolso las llaves de su antigua casa, todo por fin había acabado, las maletas en el auto, los boletos comprados, los papeles de divorcio firmados, solo faltaba recoger todos sus bellos recuerdos de aquella casa que alguna vez fue su hogar.

Entró con cautela, aunque sabía que no había nada que temer, era mediodía por lo tanto Hao estaría resolviendo sus importantes problemas de trabajo.

Suspiro, pero una ronca voz la hizo estremecer.

-¿Qué haces aquí?, ¿No me digas que Yoh te repudio y haz venido a ver sí te acepto otra vez?

Giro su cuerpo y se encontró cara a cara con el mismísimo Hao.

-No, solo he venido por lo que me pertenece-contesto, tratando de sonar fría aunque el recuerdo de la violencia de Hao la llenaba de miedo.

-Que yo sepa, aquí nada te pertenece, aquí no hay nada tuyo, ahora hazme el favor de largarte-dijo con odio.

-No, no me iré, aquí hay cosas que yo compre, que yo traje conmigo cuando me case contigo-dio media vuelta y se dirigió hacía las escaleras.

-¡No te atrevas Anna Kyôyama!-corrió con violencia hacía ella-No me obligues a sacarte a la fuerza-dijo mientras la tomaba de uno de sus brazos.

-¿Te atreverías?, ¿Serías capaz de volverme a pegar?- su voz sonaba dura, soltó con fuerza su brazo-Yoh esta afuera, esperándome, con uno solo de mis gritos él va entrar y te aseguro que ya a ninguno de los dos nos importan las consecuencias-lo miro con frialdad-Ahora hazme el favor de dejarme ir por mis pertenencias.

-¡Descarada!, Mira que traer a tu amante-resoplo con desagrado y mirando como ella se perdía escaleras arriba.

Suspiró y se asomó por la ventana, sí, en efecto, Yoh esperaba recargado en el auto, sus ojos cubiertos por gafas de sol y sus cabellos volando por el viento.

Envidiaba tanto a su hermano, él se había quedado con lo que más había querido en su vida, el tan solo verla le hacía hervir la sangre de pasión y de amor, tal vez podría arreglar la situación, tal vez podría solucionar su error, tratar de convencerla, tratar de hacerle entrar en razón, así que decidió que eso era lo mejor, lo intentaría, hablarían y quizás ella regresaría.


Yoh esperaba pacientemente, su mirada fija en la casa, sus pensamientos un tanto intranquilos, miro como Hao se asomaba por la ventana y se sobresalto, quiso correr entrar y llevarse Anna, pero no, él le había prometido esperar, pretendió que no había visto nada. “Todo saldrá bien”, se repitió una y otra vez por su mente.


Anna recogía con mucha prisa cada una de las cosas que sabía eran muy suyas, quería marcharse de una buena vez de ese lugar, acabar de una buena vez con esa pesadilla, doblo con cuidado su ropa y metió hasta debajo de su maleta el pequeño trozo de papel pautado que Yoh le había dado en Navidad, estaba en eso cuando su mirada se poso en una fotografía en especial.

Se acerco y la tomo en sus manos, era la foto de su boda, en la cual posaba sonriente a lado de un Hao que sonreía satisfecho y optimista, la miro con cuidado, aquel día le había prometido amarlo y respetarlo cada uno de sus días, ¿pero como hacerlo sí por él no sentía más que profundo cariño?

-Sí tan solo hubieras sido más comprensivo, hubiera podido llegar a amarte-dijo en voz alta y dejando la fotografía en su lugar.

-Aún no es demasiado tarde para cambiar-escucho que le decían por atrás.

Parado en el umbral de la puerta de la habitación Hao la miraba con una sonrisa tímida en su rostro.

-No, ya no, nunca lo has hecho y nunca lo harás-dijo volviendo a su atareada tarea.

-Anna, por favor, hablemos-se acerco a ella y la miro suplicante-por favor.

-No, ya no-desvió la mirada.

-Sí, *tal vez será, que esta historia ya tiene final *-su voz sonó triste y se sentó en la cama.

-¡Vaya!, Hasta que lo entiendes-dijo ella con ironía.

-*No sé porque, hoy te siento tan distante de mí *, sí siempre pudimos charlar.

-¿Acaso será porque ya no hay nada entre nosotros?-suspiro con impaciencia-Hao no le encuentro caso a todo esto.

-Es que yo no me puedo resignar, *y a pesar que lo intento de nuevo, tal vez llegue tarde, ya no hay nada que hacer *-tomo una de sus blusas y aspiro el penetrante aroma de su piel.

-Exacto-dijo mordaz-Ya no hay nada que hacer, No insistas, ¡Ya no hay nada entre nosotros!, ¡Porque no entiendes que ya no te amo, que nunca lo he hecho y que nunca lo haré!-y le arrebato con violencia su prenda.

-Es que no puedo resignarme *y no puedo creer que el tiempo que hemos tenido tal vez se nos gasto *-acerco su rostro al de ella.

-Pue créelo, porque es así, ¡Entre nosotros ya no queda nada!, Entiende, ¡Nada!-y sus ojos fueron témpanos de hielo.

Hao suspiró y se recostó sobre la cama, Anna prosiguió sacando cosas del armario y guardándolos en su maleta.

-Anna ¿recuerdas cuantas noches pasamos aquí?, Dime recuerdas cuantas noches te ame con infinita pasión y amor-se recargo en uno de sus brazos para mirarla.

-Sí, sí me acuerdo-dijo desviando la mirada y sonrojándose levemente al recordar cada una de las veces que fue su mujer.

-Lo ves, ¿entonces?, Porque no puedes, porque no quieres.

-Porque no-lo miro a los ojos-y para que enteres muchas veces tuve que fingir, casi nunca quedaba satisfecha, siempre faltaba algo, ¡Me faltaba sentir amor para poder disfrutar el acto sexual!-su voz se suavizo al ver la cara pálida de quien fuera su esposo-Lo siento no debí decir eso, de verdad lamento no haberte dado una noche entera y placentera-desvió la mirada y prosiguió con su labor.

-¿Y supongo que mi hermano te satisface en todos los sentidos?-le pregunto recostándose totalmente y mirando hacía el techo, su voz tenía un toque de amargura e ironía.

-¿De verdad quieres saber?-lo miro y Hao emitió un leve sonido en señal de asentimiento-Pues sí, con él me siento llena, plena y no te diré más.

-Te aseguro que yo tampoco quiero saber más, ni siquiera sé porque me tome la molestia de preguntarte, eso se nota a simple vista, la prueba viviente de tus palabras es ese niño que esperas de él.

-Basta ¿quieres?, Esto ya no tiene sentido-miro con atención el armario-Me faltan los cajones-se agacho y comenzó a revolverlos.

-¿Sabes?, No te culpo Anna, porque *tal vez fui yo quien no te dio una noche entera *

-¿Qué me tratas de decir?-pregunto sin dejar su labor.

-Eso, que yo siempre estaba trabajando, siempre ocupado, fuera de casa, he pensado que *tal vez nunca te he dado lo que tú esperabas *, y no me refiero a lo material-Ella no respondía iba del armario a la cama y así sucesivamente, parecía que no lo escuchaba o más bien que no quería escucharlo, sin embargo él prosiguió- *No estaba cuando me necesitabas *, siempre dándote la espalda, debí ser más paciente, más cariñoso, *tal vez no te escuche *

-En eso tienes toda la razón, nunca, nunca en todo lo que estuvimos casados me pusiste la más mínima atención a lo que decía a lo que quería, ¡Siempre queriendo hacer tu maldita voluntad!-apretó sus puños y acomodo una parte de su ropa interior.

-Lo siento y no sabes cuando, he sido un estúpido, *tal vez me descuide * y por eso preferiste buscarte a alguien que llenara todos aquellos huecos que yo jamás supe llenar-su voz amenazaba con quebrarse-*Tal vez se me olvido que yo te amaba *

Anna no contesto siguió con lo que estaba, aunque le parecía increíble escuchar al soberbio y orgulloso Hao Asakura suplicar, y reconociendo ante ella sus errores.

-*Tal vez será que por ahora ya no hay nada que hablar *, lo hecho, hecho está y ya no lo podemos remediar, yo jamás podré borrar de tu memoria todo lo que te dije aquella noche y la manera tan cruel con la que te trate, *tal vez esta vez, necesitemos tiempo para pensar *

-Yo no lo creo, ya no hay nada que pensarse, o por lo menos yo ya no tengo nada, absolutamente nada que pensar, mi futuro y mi destino los tengo muy claros-se paro y lo miro con compasión-Hao deberías resignarte de una buena vez.
-¡No puedo!, Que no entiendes que yo todavía te amo-buscaba un buen argumento-ya sé *yo por mi parte propongo intentarlo de nuevo volver a empezar -la miro con la esperanza en sus ojos- que no te das cuenta *que por más que lo pienso no encuentro una sola razón para vivir sin ti *-suspiro con tristeza.

-No Hao, ya no, no intentaremos nada, yo amo a Yoh, me iré con él a otro país, cumpliremos el castigo que nos impuso tu abuela, además aunque quisiera ya estamos divorciados, tu familia no volvería aceptarme, buscas a una nueva esposa y yo voy a tener un bebé que no es tuyo, así que por favor deja de insistir-metió la ultima prenda.

-Pero eso podemos arreglarlo-se levanto de un salto y tomo las manos de ella entre las suyas-Yo podría pasar por el padre del bebé, la abuela casi no opondrá resistencia, ya que te quería de matriarca y podemos casarnos una vez más, con una sola orden todo quedara olvidado, el escándalo, todo.

-He dicho que no-y separo con brusquedad sus manos-Entiende, no te amo, estoy profundamente enamorada de Yoh, ¿por qué tu cabeza no lo puede entender?-cerro la maleta.

-No, no te vayas, todo esto fue *tal vez porque me sorprendió la vida por la espalda *-la detuvo, ya que Anna bajo la maleta al suelo-todo esto fue un enredo *y tira y tira y se rompió la cuerda *, pero podemos volver a unirla.

Estaba desesperado sentía que se moriría si ella se iba, pero Anna continuaba renuente, para ella todo estaba muy claro, se iba a ir con el hombre que amaba, se soltó de Hao y camino hacía las escaleras.

-Anna por favor-la siguió, Anna ya llevaba un buen tramo de la escalera-*Tal vez nunca entendí lo que eras para mí *-dijo mientras se asomaba por el barandal de la escalera y corría para alcanzar a la chica que recogía sus llaves y su bolso, muy cerca de la puerta.

Milagrosamente la alcanzo.

-Escucha, por favor-suplico mientras le cerraba el paso-*Tal vez yo nunca supe a quien amaba *, sí a ti o a mí, pero ahora sé que es a ti, no me dejes, podemos arreglarlo, cambiare, te lo juro.

Anna lo miro de arriba abajo con compasión.

-No Hao, ahora déjame pasar me voy con el hombre a quien amo y que me ama-lo separo con lentitud-Que seas feliz-y le sonrió.

-No, No-musito al silencio, Anna había cerrado la puerta, ella se había ido para siempre.

Corrió hacía la ventana y miro como Anna se arrojaba a los brazos de Yoh, quien la abrazó cariñosamente, vio como metieron la maleta en la cajuela y se subían al auto con una sonrisa en los labios, escucho arrancar el auto y los miro partir dejando a su paso la terrible desesperación de estar solo.


-¿Por qué tardaste tanto?-le pregunto mientras tomaba su mano.

-Hao, trataba de convencerme de que me quedara-murmuro.

-Supongo que le dijiste que no.

-Amor, ¿por qué haces preguntas tontas?-rió-Eso esta más que claro, si no fuera así no estaría contigo ahora, dentro del carro, con tu mano entrelazada en la mía y sintiéndome como la mujer más feliz del mundo.

-¿Te arrepientes de todo esto?

-Claro que no, nunca lo haré, esto es lo más maravilloso que la vida y el destino me pudieron dar.

-Me alegra escucharte, ahora en dirección al aeropuerto-dijo con una gran sonrisa.


Cuando llegaron para su sorpresa no había ningún reportero a la vista.

-Ya me encargue de ellos-dijo una voz fría y varonil atrás de ellos.

Volvieron la cabeza y se encontraron a Len Tao acompañando de Pilika.

-Pero, ¿cómo?-pregunto un Yoh muy confundido.

-Ya vez, mi querido Len tiene sus mañas, eso no importa, es como decirlo así... -pensó un momento-su regalo de bodas por adelantado, como no estaremos presentes en tan importante evento, pues que este sea nuestro regalo, ¿por qué se casarán, verdad?

-Por supuesto Pilika, yo no descansare en paz hasta que este hombre tan atractivo sea todo mío, totalmente mío-miro a su amiga y ambas se sonrieron.

-Y yo por mi parte tampoco descansare hasta que esta hermosa mujer sea mi esposa, duerma y amanezca en mi cama y llene de dicha todo lo que me queda de vida-y apretó con fuerza su mano-te prometo hacer inmensamente feliz a tu amiga.

-Más te vale porque sino... te meterás en un gran lío, Yoh Asakura-y los miro con ternura-Anna por favor escríbeme, cuando llegues a donde quiera que vayas, por que sino ya no me vas a encontrar para darte mi nueva dirección.

-¿Tu también te vas?, ¿Adonde?

-Conmigo, nos regresamos a China-contesto Len-Esta linda mujer se convertirá en una Tao.

-Pues felicidades-dijo Yoh y Anna abrazó a su amiga.

-Anna, promete que escribirás y que me mandaras una foto de tu boda y de tu bebé en cuanto nazca ¿De acuerdo?

-Por supuesto y tu harás lo mismo, en cuanto se casen, se junten o lo que sea y también quiero fotos de sus bebes ¿eh?-Pilika enrojeció con las palabras de la chica-Te voy a extrañar.

-Y yo a ti, en cuanto todo se calme tal vez puedas viajar a China y visitarme, y tal vez yo podré hacer lo mismo.

-Prometido-y volvieron a fundirse en un tierno abrazó.

-Anna, es hora de irnos-musito Yoh.

-Sí-contesto separándose de su amiga.

-Adiós y gracias por todo-les agradeció Yoh.

-No fue nada, váyanse, los dejara el avión-los apremio Len.

Ambos asintieron con la cabeza, se dieron un ultimo abrazo, cuando se separaron se despidieron en definitiva y avanzaron a la zona de abordaje.

-¡Yoh!

Escucharon que gritaron.

Voltearon y miraron a una mujer que corría hacía ellos.

-¡Madre!-exclamo Yoh con asombro-¿qué haces aquí?

-No, no podía... -dijo con voz agitada a causa de tanto correr-no podía dejar que te fueras así.

-Pero tú no debes estar aquí, te lo prohibieron, vete mamá, no quiero que te hagan nada por mi culpa.

-No, no lo harán, he sobornado a mí informante y nadie se enterará-miro con ternura a Yoh-no podía no venir a despedir a mí pequeño y muy querido hijo.

-Mamá-le reprocho, para después sonreírle y abrazarla con ternura.

-Te quiero y te deseo todo lo mejor-lo soltó y miro a Anna-Hazlo feliz, te lo encargo.

-Le juro que lo haré señora, yo por su hijo daría mi vida-dijo con solemnidad.

-No es para tanto, tu vida dala por ese ser pequeño ser que vive en ti, que puedo asegurar que será hermoso-extendió un paquete que llevaba bajo el brazo-ten, es para el bebé.

Anna lo tomo.

-¿puedo?-le pregunto.

-Claro, tu se lo pondrás.

Anna abrió el paquete y encontró una hermosa chambrita tejida en color azul.

-¡Es hermosa!, Gracias señora no se hubiera molestado.

-No es nada, si es para mi nieto, tengo el presentimiento de que será un varón-suspiro-No los entretengo más, creo que es hora de partir, pero antes...

Tomo la mano de Anna y la Yoh, lentamente las junto y las unió, se inclino y musito una breve oración, ambos jóvenes sintieron una gran paz recorrer sus cuerpos.
-Ya está, tienen mi bendición y mis buenos deseos, su unión será efectiva y honrada, ahora váyanse o perderán el avión.

-Gracias mamá-dijo Yoh volviendo a abrazarla.

-Señora-y Anna abrazo a su suegra.

-Dime mamá-le susurro en el oído.

-Esta bien, adiós mamá.

La soltó y emprendieron de nuevo su camino.

-Haré lo que pueda para enviarte una foto del bebé-dijo Yoh mientras agitaba frenéticamente su mano en señal de despedida.

Encuanto se perdieron de vista tanto Len y Pilika; y su madre, bajo su mano y abrazo a Anna por la cintura.

Abordaron el avión y se sentaron cómodamente con las sus manos entrelazadas.

-Te amo y lo haré por siempre-dijo ella y recargo su cabeza en su hombro.

-Y yo a ti, ahora por fin vamos hacía la felicidad eterna-y beso sus cabellos-Duerme amor, que el viaje será largo pero muy placentero.

Encuanto el avión despego dejo atrás no solo Japón sino también todo lo malo y lo sufrido.

Y emprendió un viaje hacía donde el amor y el destino ya no son ningún juego prohibido.

FIN. Subir


Capítulos

-Cap del 1-12

-Cap del 13-23

-24 Recital de Navidad

-25 Año nuevo, dificultades nuevas

-26 En busca de una alianza. 

-27 Mientes tan Bien

-28 Te sigo amando

-29 Pequeños inconvenientes

-30 Temblando

-31 Rumores

-32 La Verdad sale a la luz

-33 Un buen perdedor

-34 El Recuento de los daños

-35 Sí tu supieras

-36- Tal vez

Epilogos

 


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