Amor y Destino: Dos juegos prohibidos

By: Ennovi

NOTAS: Las frases en comillas son los pensamientos de los personajes, algunos capitulos tendran por titulo el nombre de una cancion, estos tendran trozos de la mismas dichos por los personajes y seran remarcados, agradesco a AnaGabi por sus reviews y a Alexis por permitirme distraerme en algo, espero les guste, ya que es algo diferente, dejen reviews.

INTRODUCCIÓN:

¿Qué es el destino?, ¿Es acaso un juego caprichoso con tintes de maldad y crueldad?, Tal vez.

Siempre pensé que no existía, que era producto de la imaginación y de la mediocridad de los seres humanos que no consiguen una vida provechosa. Pero para mi desgracia lo conocí y no de una manera muy agradable.

Nunca imagine que las vidas se entrelazaran caprichosamente, uniéndolas hasta formar un gran nudo difícil de desatar y destruyendo a todo aquel que quedara en el centro.

Tampoco creía que el amor existía y mucho menos que fuera compañero de juegos del destino, juntos son tan perversos y despiadados.

Pero en fin ya de nada sirve quejarse y lamentarse, lo que paso, paso y nada podemos remediar, ninguno, ni uno solo de los que nos vimos involucrados en este desafortunado juego, en el que ninguno de los participantes nunca tuvo la oportunidad de ganar.

CAPITULO 1: Una gran hermandad.

Los días soleados del verano tocaban su fin y el otoño se acercaba a pasos agigantados en aquel recóndito lugar de Japón, para ser exactos en el lejano y enigmático Izumo.

Y en aquella casa la paz y la prosperidad abundaban, sus habitantes, los Asakura, eran los más ricos y respetados de toda la región, todos los miembros de la familia eran queridos para los demás habitantes, pero no tanto como lo eran los dos integrantes más pequeños: los gemelos Hao e Yoh Asakura.

Ambos niños eran un ejemplo de sencillez y humildad, lo cual provocaba que todos aquellos que los conocían los quisieran desde el primer momento. Además los dos se llevaban de maravilla, era digno de verse como ambos se ayudaban en las faenas de la casa y siempre como inseparables compañeros de juegos. Sí sus padres se sentían muy orgullosos de tener semejantes hijos, que por cierto eran muy lindos y cuando crecieron esa belleza infantil se convirtió en algo sumamente atractiva y varonil.

A pesar de ser tan iguales, eran muy diferentes, a Hao siempre le encanto eso de llevar y hacer cuentas, amaba la justicia, era sumamente ordenado y algo autoritario, le gustaba vestir bien y elegantemente, aunque en un momento de rebeldía se dejo crecer excesivamente el cabello y a pesar de que su adolescencia paso, él siguió conservando el mismo largo de su cabellera por muchos años después. Por otro lado a Yoh, le gustaba observar las nubes, la luna y las estrellas, componía sorprendentes canciones y las interpretaba de igual manera, también tocaba y componía extraordinarias piezas en el piano. Las únicas peleas que sostuvieron fueron por la exasperación de Hao para con Yoh, le molestaba de sobremanera ese carácter tan despreocupado y tranquilo, así como esa manera tan fachosa de vestir, pero de ahí en fuera eran como uña y mugre, nunca se veía al uno sin el otro.

Los años de la niñez y de la adolescencia pasaron sin contratiempos, fueron grandiosos estudiantes y se graduaron con conmemoraciones especiales, Hao se convirtió en un gran abogado, mientras que Yoh llevó una gran formación artística, que lo llevó a ser un gran concertista de piano.

Y llegó aquel trágico día en el que sus caminos, que siempre estuvieron juntos, se separaron, llevándolos sin saber a una mutua destrucción.

-Ya es hora Yoh, tienes que partir- le dijo su hermano aquella mañana, y con una voz aunque amarga trato de parecer feliz agregó- Europa te espera.

-Lo sé, estoy muy nervioso, no creo ser lo suficientemente capaz y talentoso como para presentar un concierto en la filarmónica de Viena- y agacho tristemente la cabeza.

-No digas eso, sabes de sobra que eres muy bueno, además es una oportunidad que no debes desperdiciar, velo de este modo, tu primer concierto y lo inicias con el pie derecho, a ningún principiante se le da la oportunidad de tocar un concierto para el solo y tampoco creas que es cosa de todos los días que a los reyes austriacos se les ocurra invitar a un pianista desconocido a su país, créelo eres un gran prodigio y un maravilloso virtuoso del piano.

-Sí tienes razón, no soy tan malo, pero-su voz decayó- voy a extrañarlos a todos, a mamá, a papá, a los abuelos, pero en especial a ti, nunca hemos estado tanto tiempo lejos el uno del otro.

-Yo también voy a echarte de menos, pero aunque te quedaras sabes que la separación sería inevitable, yo también dentro de poco abandonare este hermoso y tranquilo Izumo, para partir hacía Nueva York para finalizar la maestría, aunque yo no estaré tan lejos de casa como tú, ya que cuando logre concluirla regresaré a Japón, claro esta que no retornare a Izumo sino a...

-Tokio para comenzar a ejercer como abogado en el famoso despacho de Komiyama & Cía.- lo interrumpió Yoh con un tono que recordaba a los niños cuando repasan la lección- Creo que esto lo has dicho más de un millón de veces.

-Yoh, hijo, el taxi que te llevara hacía el aeropuerto ha llegado- les interrumpió una mujer hermosa y alta, de cabellos largos negros y lacios y les sonrió- Apresúrate, no querrás perder el vuelo, ¿verdad?- y salió de la habitación.

-La hora ha llegado- suspiro y cogió sus maletas.

Ambos salieron de la habitación y se dirigieron hacía la entrada principal, donde su padre y su madre, sus abuelos y el chofer del taxi lo estaban esperando.

Después de besos, bendiciones y abrazos, subió al auto que lo llevaría a su primera gran aventura, solo y en un país desconocido. Bajo la ventanilla y le sonrió a su acongojada madre y abuela, el chofer encendió el motor y ya desde lo lejos alcanzo a escuchar a su hermano que le gritaba:

-Promete que me escribirás, porque yo sí lo haré, sabes mi dirección, suerte.

Yoh se acomodo dentro del taxi, no tenía que prometerlo, lo haría y Hao sabía que así sería.

CONTINUARA...

CAPITULO 2: Noticias inesperadas.

Era una tarde tranquila en la ciudad de Nápoles, el clima era extremadamente bueno, a pesar de estar en invierno, como le agradaba vivir en Italia.

Miraba sin ningún propósito por la ventana, le encantaba la maravillosa vista al mar y la imagen imponente del Vesubio, que se alcanzaba a divisar desde el balcón de su departamento, ubicado en plena ciudad.

Sí era hermoso, pero como echaba de menos a su querido Japón, ¿cuánto tiempo había pasado ya desde su partida hacía el viejo continente?, Frunció el ceño tratando de hacer sus cuentas, nunca había sido bueno en eso, pero conocía a alguien que sí lo era, aún recordaba como su hermano entraba a presentar sus exámenes por él, siendo gemelos ningún profesor se dio cuenta del engaño hasta mucho después cuando a su querido hermano le entro un arranque de locura y se dejo crecer su cabello, provocando desde ese día que todo mundo los reconociera y distinguiera, suspiro, como extrañaba a su hermano, a pesar de que se enviaban cartas muy a menudo, no era lo mismo que verlo y charlar de frente.

Ya habían pasado dos años, no le había ido tan mal, de la nada se convirtió en un aclamado y reconocido pianista, había trabajado en muchos lugares en Europa, tenía dinero a manos llenas, vivía donde y como quería y todos se desvivían por atenderlo, ya había terminado de componer su solo para piano y lo había vendido a muy buen precio, ¿ que más le podía pedir a la vida?, Era rico, famoso, exitoso y guapo (bueno en realidad él no se sentía así, pero muchas mujeres se lo habían dicho y en más de una ocasión rompió uno que otro joven corazón.) En eso estaba pensando cuando diviso a lo lejos la embarcación de comerciantes que acababa de llegar, y miro con atención, de él descendió una mujer del brazo de su galante marido, se veían muy felices, sonrió al ver como se daban un beso, sí eso le faltaba, le faltaba alguien que lo amara y compartiera con él sus éxitos y sus fracasos, jamás le había pesado la soledad, pero ahora en verdad que se sentía solo, negó con la cabeza, aún era demasiado joven como para amarrarse con alguien, ¡por Dios, solo tenía 20 años!, Aún le faltaba conocer, vivir y divertirse, se río de sí mismo, ¿cómo pudo pensar en casarse?, Nadie que él conociera estaba tan loco como para casarse tan joven, además él tenía a sus pies a muchas mujeres que darían lo que fuera por pasar tan solo una noche con él, sí a ellas les encantaba el éxito y él se sentía complacido, podía escoger con cual pasar un buen rato, sí, todavía faltaba para que él se rindiera ante los encantos de una sola.

Un llamado a la puerta lo saco de sus pensamientos, se dirigió perezosamente hacía ella, después de preguntar y descubrir que era el cartero, la abrió un poco apresurado.

-Boun giorno señore

-Boun giorno, que se le ofrece.

-Aquí le traigo una lettera.

-Tante grazie- le dijo al cartero y cerro la puerta.

Se sentó en la pequeña terraza que daba al Vesubio, y repaso con cuidado las dos cartas, sus ojos se iluminaron al notar en una de ellas la letra de su hermano, abrió precipitadamente el sobre y abrió enormemente los ojos al leer su contenido.

La carta decía más o menos lo siguiente:

“Querido Yoh:

Te escribo estas líneas desde esta hermosa ciudad de Tokio, espero que te encuentres bien de salud, hasta aquí nos han llegado las gratificantes noticias de tú éxito, sabemos que te encuentras muy ocupado, nuestros padres están sumamente orgullosos de ti, vaya, quien hubiera dicho que ese concierto en Viena te abriría las puertas a toda Europa, que por lo que veo es muy hermosa, a juzgar por las postales que has enviado, no sabes cuanto te envidio, yo por mi parte me encuentro muy a gusto trabajando en el despacho, sé que te ha de sonar aburrido, ya que casi no salgo, pero algo emocionante esta a punto de suceder.

Yoh, hermano, felicítame, voy a CASARME, sé que soy joven pero valdrá la pena, todos en casa están emocionadísimos y ya se están llevando acabo los preparativos para la boda, te preguntaras quien es ella, pues te diré que es la mujer más hermosa que hay en el mundo, se llama Anna Kioyama, la conocí por casualidad en una cafetería, ella trabaja ahí de mesera, sé que de seguro estarás poniendo cara de ¡¿qué, con una mesera? ¡
Pero no te ofusques, solo es temporal, ella también estudia derecho y trabaja ahí para poder solventar sus estudios, ya le falta poco para terminar y créeme sé que será una gran abogada, también tiene por hobbie un arte, mi prometida no toca el piano ni ningún otro instrumento, ella canta, su voz es tan hermosa que se iguala con la de un ángel, al igual que ella, creo que ya lo habrás notado, estoy profundamente enamorado y sé que ella también lo esta de mí, aunque no lo aparente, cortejarla fue un dulce suplicio, parecía tan fría que incluso creí que de verdad no quería nada conmigo, hasta que un día me decidí a robarle un beso y ella me correspondió, comenzamos a salir y ahora hemos decidido unir nuestras Vidas, es un gran ser Humano, y es muy Madura para su edad, bueno en realidad es de la misma edad que nosotros, pero no le gustan las Frivolidades por las que las demás chicas se preocupan, aunque si de cuestión de elegancia y sencillez se trata, ella se lleva todas las de ganar.

Me gustaría que vinieras a la boda, quisiera que estuvieras aquí en ese día tan especial, aunque sí no puedes entenderemos, pero por favor has todo lo posible por venir, a ella le encantara conocerte y sé que se llevaran muy bien, la boda será en Izumo, en la gran casa y se realizara el día 23 de mayo a las cinco de la tarde.

Me despido de ti, esperando que puedas venir.

Te quiere, tu hermano:

Hao Asakura.”

P.d: Ten la amabilidad de enviar una carta para avisar que vendrás, por favor.


Yoh no lo podía creer, su hermano iba a casarse, y él que pensaba que nadie era tan idiota como para casarse a los veinte, pero por lo visto se equivoco, ya que había dos personas de esa edad que estaban a cinco meses de unir sus vidas para siempre, y ese espectáculo sí que no se lo quería perder, además quería conocer a ese supuesto portento de mujer del que se había enamorado como un estúpido su hermano,”seguramente no es la gran cosa, a Hao siempre le encantó exagerar”, pensó mientras colocaba la carta sobre la mesa y tomaba la otra que tenía el sello real francés, la abrió lentamente y leyó:

“Su estimado señor Yoh Asakura: Por medio de esta carta le notifico que el Instituto Nacional de Música en Francia, se verá enormemente complacida sí usted tiene la amabilidad de fungir como jurado en la XV Muestra de Nuevos Compositores y Ejecutadores de Música en Piano, así como presentar una serie de conciertos en los principales auditorios del país.

También nuestro rey sé vera sumamente agradecido si usted tiene la amabilidad de tocar en la ceremonia de unión de su hija con el duque de Nevers a mediados del mes de mayo, y espera que lo tome como un favor personal, por el cual sé vera muy bien recompensado.

Esperamos ansiosamente su contestación, para poder enviar sus boletos de avión y preparar su estancia en nuestro país.

Sin más que decir, se despide de usted el Secretario de la Real Academia de la Música en Francia:

Piere Alexandro Peberau.“


Yoh doblo la carta con cuidado y volvió a introducirla en el sobre, movía rápidamente su pie, meditaba, miro otra vez hacía el Vesubio y decidió que es lo que haría, se levanto para dirigirse a su habitación, abrió el cajón y saco papel, pluma y dos sobres, se dispuso a escribir, cuando termino saco varios euros de una caja que tenía guardada y salió de su departamento para dirigirse al correo, pero antes se detuvo en una elegante tienda y compro una hermosa vajilla de porcelana para el servicio del té, pidió que la envolvieran en un elegante papel blanco y por ultimo con un listón plateado.

Dejo todo en la oficina postal y regresó caminando a su casa, en cuanto llego comenzó a preparar sus maletas, no sabía cuanto tardarían en llegar las cartas pero debía estar listo para cuando esos boletos de avión que lo llevarían a Francia llegaran, su hermano y su familia podrían esperar por lo menos unos meses más, primero tenía que trabajar.
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-Debes de estar muy emocionada- le decía una linda chica de cabellos azules a su amiga- quien lo diría estas a tan solo unos meses de casarte, seguramente te sientes sumamente nerviosa, ¿Anna?, ¿Estas escuchándome?, ¡Anna!.

-Ah... sí, que estabas diciéndome, disculpa estaba un poco distraída- le contestó una hermosa chica de cabellos rubios que no dejaba de darle vueltas con la cuchara a su café.

-Pero que diablos té pasa, ¿es que acaso no estas contenta?, Anna escucha, sí no te sientes lista no tienes que hacerlo, aún estas a tiempo- y le dirigió una mirada comprensiva.

-No digas tonterías Pilika, claro que deseo hacer esto, solo son nervios, con la escuela y los preparativos de la boda estoy hecha un desastre, claro que por esto ultimo casi ni me preocupo, los Asakura se están encargando de todo, solo que mi examen final esta muy cerca y pues me distraigo un poco, solo es eso- y su voz trato de parecer segura.

-¿Estas segura?, Yo te noto algo ida, extraña, incluso ausente, hoy tiraste el café por lo menos cuatro veces- y sostuvo el mentón de su amiga y girándolo suavemente le obligo a mirarle- lo ves, ni siquiera me pones atención, te conozco muy bien Anna y se que algo te pasa, no por nada soy tú mejor amiga.

-No tengo la menor idea de donde sacas todas esas absurdas ideas, no estoy rara, ni me pasa nada, solo son figuraciones tuyas y sí no te pongo atención es porque repaso mis lecciones y... pienso-y al notar una mirada sugestiva de su amiga agrego con prisa- pienso en Hao.

-Sí Anna como tú digas- y le dio un sorbo a su espumoso capuchino.

-Pues aunque no lo creas, sí pienso en mi prometido-argumento un tanto ofendida.

-¿A sí?, Y se puede saber ¿qué es lo que piensas?- y volvió a beber de su taza de café sin apartar la vista de su amiga, quien se quedo perpleja por la pregunta y desesperada trataba de buscar una respuesta mas o menos coherente.

-Pienso que es un hombre maravilloso, que me quiere y también me siento muy orgullosa de ser su futura esposa, sí eso es lo que pienso- y apuro rápidamente su café.

-Dime, ¿lo amas?- y sonrió modestamente al notar un leve rubor en las pálidas mejillas de su amiga.

-Pero ¿qué te sucede el día de hoy?, ¿Por qué me bombardeas con preguntas inútiles y sin sentido?, Claro que lo quiero, me comprende, me estima, lo soy todo para él, me hace compañía y sé que jamás va abandonarme-suspiró- Sabes que, estoy muy cansada, me iré a casa a descansar, toda esta charla me ha agotado más de la cuenta, ¿quieres que pague o...?

-No, yo invito hoy, vete a descansar que se nota a leguas que lo necesitas, ¿te veo mañana en el trabajo?

-Sí, hay estaré- iba ya de salida cuando regreso rápidamente con su amiga- lo siento, lo olvide, mañana no iré, Hao quiere que vallamos a encargar el banquete, podrías avisarle al jefe que estoy enferma o algo, por favor, nos vemos hasta el martes, ¿Vale?.

-Esta bien, no te apures yo le digo- y le sonrió.

La rubia salió de aquella cafetería sumida en profundos pensamientos, mientras que su amiga la miraba partir con expresión preocupada.

“Sé de sobra que algo le pasa, no esta segura, me ha dicho que quiere a su prometido, más no que lo ama”.

Apuro rápido su café y pago la cuenta, y ella también salió al frío de la noche.

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La chica cerro con estruendo la puerta y se dirigió sin encender la luz a su habitación, le dolía la cabeza, todo ese breve interrogatorio por parte de su amiga le había hecho pensar en exceso y lo último que quería era pensar, se tendió sobre la cama y cerro los ojos, para abrirlos de nuevo rápidamente, “si no estas segura no tienes que hacerlo”, esa frase rondaba por su mente haciéndola dudar.

Negó con la cabeza suavemente, no podía darse el lujo de dudar ahora, no cuando ya todo estaba listo, no deseaba lastimar a nadie, mucho menos a él, además eso es lo que quería y lo iba a hacer.

Y aunque quisiera no era tan despiadada como para decirle a su prometido que ya no deseaba casarse, después de todo él fue el único que le había brindado amor, la cuidaba, la mimaba y ella se sentía segura y protegida a su lado, si lo quería y sabía que eso era lo correcto, ya era hora de ser feliz, había luchado bastante para llegar a ser lo que era, ya era tiempo de dedicarse a ella, de formar una familia y que mejor si lo hacía al lado de un buen hombre que la amaba profundamente.

El sonar del teléfono la hizo salirse de sus pensamientos, suspiro cansada y se pregunto quien llamaría a esas horas, se levanto de un salto y contesto el teléfono.

-Bueno- dijo un tanto enfadada.

-¿Anna?, No me recuerdas, soy yo Tamao.

-¿Tamao?- en su confundida memoria trataba de encontrar a la dueña de ese nombre, hasta que la encontró- ¿Eres Tamao Tamamura?

-Vaya, sí me recuerdas, creí que me olvidarías, han pasado muchos años desde que fuimos compañeras de clase- le dijo alegre.

-Sí, muchos años- su voz parecía ausente, lo ultimo que le faltaba era conversar con una chica de la cual solo tenía vagos recuerdos, ni siquiera habían sido amigas.

-Te hablaba para felicitarte, sé que vas a casarte.

Anna se sobresalto, ¿cómo sabía ella que pronto contraería nupcias?

-Sí voy a casarme, perdona, ¿se puede saber quien te lo dijo?

-¡OH!, Claro, mi primo es amigo de un amigo de tu prometido, y él se lo dijo y después el me lo dijo a mí, cuando me entere no lo podía creer, debes sentirte muy afortunada, los Asakura son una gran familia, bueno, eso dice mi primo en realidad yo no los conozco.

-A sí una gran familia... muy afortunada- dijo Anna sin emoción alguna.

-También te hablaba para decirte que no voy a poder ir a tu boda, doy gracias de que aún no me halla llegado la invitación, lamentaría no poder asistir sin avisarte-dijo tristemente.

Anna abrió los ojos enormemente, ¡no lo podía creer!, Esa tipa a la que solo la había tratado durante un año en la escuela secundaria, pensaba que la iba a invitar a su boda, ella ni siquiera se había acordado que existía y aun no lograba comprender como había conseguido su numero telefónico.

-¿Anna, sigues ahí?

-Sí, perdona mi intromisión, ¿pero puedo saber porque no vendrás a la boda? Y si no es mucha molestia, ¿podrías decirme quien te dio mi numero de teléfono?.

-Claro que puedes saber, tu numero me lo dio Pilika, me la encontré hoy en el centro, y no iré a tu boda, porque me han dado una beca para ir a Francia a estudiar gastronomía, me voy la próxima semana, ¿no es genial?.

-Claro que sí, felicidades, disculpa pero tengo que colgar, mañana debo salir temprano para arreglar cosas de la boda y debo descansar- dijo un tanto hastiada.

-Por supuesto, no te preocupes, espero verte pronto y muchas felicidades, cuídate, bye- y colgó.

Anna dio un resoplido de alivio y regreso a su habitación, se quito el vestido y se puso la ropa para dormir, se recostó en la cama y pensó en esa tan rara e inesperada llamada, Pilika la escucharía, como se atrevía a darle su numero a una casi desconocida, la cual además de todo se había autoivitado a su boda por fortuna, se iría a Francia y no habría necesidad de invitarla a la fuerza. Por otro lado a ella le iba y le venía la vida de Tamao Tamamura, su llamada y su viaje no cambiarían para nada su vida, todo había sido un asunto sin relevancia, o por lo menos así lo creía.

Se tapo con las cobijas y se quedo profundamente dormida.

CONTINUARA...

CAPITULO 3: Días con sol.

-¿Qué es lo que acaba de llegar Keiko?- pregunto una anciana menuda pero enérgica.

-Es un regalo y una carta para Hao, madre, supongo que es de Yoh- suspiro con tristeza- no sabes cuanto lo extraño.

-Lo sé, es un inconsciente, ¿cómo se atreve a solo mandar cartas a su hermano y no a sus padres o a sus abuelos?, No cabe duda de que es un malagradecido- y frunció el ceño.

-Madre, no sea dura con mi pobre muchacho, él y Hao siempre estuvieron juntos, es lógico que lo extrañe más él que a nosotros, sabes de sobra que eran mas que hermanos.

-Por eso el muchacho es como es, siempre le tuviste más miramientos a Yoh que a Hao, eso nunca lo he podido entender, pero he ahí las consecuencias, tu querido hijo ni siquiera se toma la molestia de venir, seguramente ha de tener una vida licenciosa ahí en Europa y por eso no desea regresar, pero allá ustedes, no quiero que se quejen cuando regrese todo enviciado, porque de seguro ha de estar pasándosela de lo lindo, escudándose en que es un artista, patrañas, que artista ni que nada, como sí tocar el piano fuera tan difícil, mejor hubiera sido como su hermano, ve a Hao es un gran...

-¿Acaso hablan de mí?- la figura de un atractivo joven se percibió en el umbral de la entrada de la sala, interrumpiendo el discurso de la anciana.

- Hijo ya has llegado- dijo la primera mujer al recibir un casto beso por parte de Hao- y sí hablábamos de ti y de Yoh, ¿sabes?, Te ha mandado una carta y un obsequio.

El muchacho vio el paquete junto con la carta sobre la pequeña mesa del centro.

-Y no saben que dice- pregunto cogiendo la carta.

-No, tu madre no ha querido abrirla hasta que tu llegaras, también se ha puesto un tanto melancólica y todo por culpa del dizque artista de tu hermano.

-Abuela, cuando dejara de hablar mal de Yoh.

-Hasta que ese muchacho se digne a venir, o sí tan solo le mandara una carta a su pobre abuela- y con ojos llorosos salió de la habitación.

-Al parecer la sensible ahora es mi abuela- sonrió y abrió la carta.

-Vamos hijo, léela, ¿qué es lo que dice tu hermano?

Dice:

“Querido Hao:

He recibido tu carta y me has dejado bastante sorprendido, espero que hayas estado en tus cinco sentidos cuando le propusiste a tu ahora prometida matrimonio.

Por otro lado, me es imposible asistir a tú boda, se me ha presentado una gran oferta de trabajo en París y no puedo desaprovecharla, no sabes cuanto lamento esta situación, me hubiera encantado regresar aun que sea por un breve tiempo, no sabes cuanto los extraño, y cuanto siento no poder ir a divertirme un buen rato.

Pero en fin, junto con la carta te he enviado un pequeño obsequio que espero sea del agrado de tu futura esposa, también discúlpame con ella, ya en alguna otra ocasión nos conoceremos.

Dale besos a mamá y a la abuela de mi parte y unos fuertes abrazos a papá y al abuelo.

Esperando que seas muy feliz

Te quiere
Yoh.”


-Entonces, no vendrá, yo esperaba que por ser tu boda, se dignaría a venir- dijo tristemente, pero recuperando su buen humor agregó- tiene razón debe trabajar, le ha costado mucho poder llegar hasta donde esta y nosotros como familia debemos apoyarlo- y rápidamente cambio de tema- ¿has ido hoy con Anna a ver lo del viaje de bodas.

-Sí, pero no iremos a ningún lado, el examen de Anna es casi después de la boda y no tiene la menor intención de cambiar la fecha, le urge convertirse en abogada, desea ya salirse de esa cafetería y comenzar a trabajar, aunque yo no estoy muy de acuerdo con la idea, pero en fin, ya veremos que sucede después- suspiro- Bueno madre me voy a duchar y después al trabajo.

-Tan pronto, pero sí casi acabas de llegar- dijo tristemente.

-Lo sé, pero Yoh no es el único que tiene que trabajar, yo debo forjarme un porvenir, no solo para mí sino también para Anna- y salió con paso seguro de la habitación.
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Francia era un lugar diferente y muy interesante, jamás había viajado sola y tampoco estaría tan lejos de casa por tanto tiempo, hablaba un perfecto francés que maravillo a todos sus profesores y compañeros de clase, en especial a uno que parecía no entender ni una sola palabra de lo que se decía en clase.

-Disculpa, mira, no se como decirte, pero me gustaría que me enseñaras francés, ¿sabes?, Es muy vergonzoso no saber hablarlo, pero tuve que mentir para poder estudiar aquí, y ahora que lo he logrado, no me gustaría abandonar mi sueño- le había dicho un joven alto, de cabellos negros y peinados en un gran copete.

Ella al principio se mantuvo un poco renuente, pero cuando el pobre chico comenzó a llorar abundantemente, no le quedo otra que aceptar, pero no había sido tan malo después de todo, el chico que se llamaba Ryu, era compatriota suyo, había vivido en Tokio y su gran sueño era convertirse en un excelente chef, era una persona muy agradable y un tanto afeminado en sus maneras, pero después de unas semanas se volvieron muy buenos amigos.

-Tamao, dime la verdad, ¿crees que he avanzado en las clases de francés?.

-Por supuesto, ya hablas más y ya no cometes tantos errores con las recetas. A propósito de esto, hemos tenido tanto trabajo que no hemos tenido oportunidad de salir a dar un paseo- al decir esto se levanto y se dirigió hacía la ventana de su pequeño apartamento, el cual compartía con Ryu, y agrego melancólicamente- con las ganas que tengo de ir al Louvre, al Mouling Rouge, a los conciertos...

-Y hablando de conciertos, ¿te has enterado del concurso de piano, que va a haber?.

-Sí, he visto promociónales por toda la avenida, ¿pero eso que?, Yo no toco el piano y dudo que tú lo hagas- no le encontraba sentido a la pregunta.

-No digo que entremos, sino que vayamos.

-Pero como pretendes ir si tenemos un extenuante platillo que preparar, además no hay dinero para los boletos.

-Hay, Tamao, si no has leído bien los promociónales, para cuando se efectué el concurso nosotros estaremos ya en vacaciones, nos merecemos un descanso, además... -su voz sonaba divertida- tengo dos boletos en primera fila para ir- y le sonrió.

-¿Co... cómo, los conseguiste?, Esos boletos son carísimos. Ryu se sincero ¿no los has robado, verdad?- estaba sorprendida y emocionada, pero tenía que saber.

-Como crees, claro que no los robe, me los ha enviado un amigo mío, se llama Horo Horo y es participante del concurso, él vendrá para esa fecha y desea que yo vaya a apoyarlo, me ha enviado dos boletos para que fuera con quien yo quisiera, el pobre está súper nervioso, me ha dicho que un gran pianista estará en el jurado, un pianista que también es japonés un tal... Amadura, o algo así, bueno con decirte que el tipo es el mejor pagado de todos y en todos los países se lo disputan para que de un solo concierto.

-Pues habrá que verlo, yo no sé mucho de eso, pero no estará de más ver sí es un genio como dicen.

-Lo ves, será divertido, pero estamos perdiendo el tiempo, ¿has escogido ya una receta?

-Claro- se levanto y cogió un libro del buró- mira es un platillo griego, se llama vasilopita, se come solo en año nuevo, mira estos son los ingrediente- y señalo con su dedo una larga lista de aditamentos.

-Pues comencemos a comprarlos, toma tu abrigo y salgamos, entre más pronto mejor, no querrás estar en vacaciones con un trabajo extra y perderte el concierto, ¿verdad?.

-Por su puesto que no.

Y riendo alegremente se dispusieron a salir a las transitadas y hermosas calles de París.

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-¡No lo puedo creer!, Solo falta un mes, no es grandioso- y echando una mirada a su acompañante agrego- ¡hey!, ¿Qué sucede?, Ya sé, no te agrada la idea de quedarte sola, ¿verdad?

-No es eso, bueno en parte sí, no me agrada la idea que tú y mi hermano se vallan a un lugar tan lejos y por tanto tiempo, pero además aún estoy preocupada por Anna.

-Otra vez con lo mismo, amor, ¿hasta cuando vas a dejar a esa pobre mujer en paz?- se detuvo y la giro para que lo mirara- No crees que nuestra amiga ya esta lo suficiente grandecita como para tomar sus propias decisiones, deja ya de preocuparte, además tú eras la más emocionada con esto de la boda, ¿a qué se debe este cambio de actitud?- le pregunto mientras tomaba su barbilla con la mano y la acercaba lentamente para besarla, ella volteo rápidamente el rostro y le dio la espalda.

-Es que no esta segura, no deseo que ella cometa un error, esa es una importante decisión, pasara el resto de su vida con ese hombre, ya ha sufrido lo bastante como para que...

-¡Ya, basta!, Pilika, déjala vivir, sí es cierto que ha sufrido bastante, pero ahora se le ha presentado una oportunidad para ser feliz, conozco a Hao desde hace mucho, es un gran hombre y ama profundamente a Anna, así que deja de temer acerca de su seguridad- se cruzo de brazos y trato de tranquilizar sus alterados nervios.

-Len, comprende, yo no dudo que él la ame, sino vacilo acerca de los sentimientos de ella.

-Esta bien, pero contéstame, ¿sí Anna no amara a Hao crees que se casaría con él?, Tú sabes que no, conociéndola ella jamás se amarraría con alguien a quien no ama, yo estoy seguro que solo son nervios por su examen y la boda, creo que eso es normal- y abrazándola agrego- espero que tu no te comportes así cuando el día de nuestra boda llegue.

-Claro que no, yo siempre he estado segura de que te amo, solo que ahora lamento el hecho que ni tú, ni mi hermano estarán en la boda de Anna.

-Solo vamos para el concurso y en cuanto finalice regresaremos, claro esta sí tu hermano no gana, pero sí logra sorprender al jurado, pues tendremos que permanecer dos años allá, y entonces cuando regresemos, yo pediré tu mano en matrimonio a tus padres, ¿qué te parece?.

Por respuesta recibió un apasionado beso en los labios, se separaron al cabo de un rato, solo para recuperar el aliento.

-Al parecer, te agrado la idea, pero creo que la espera no será mucha, ya que dudo mucho que tú hermanito gane, es más estoy casi seguro de que lo eliminan en la primera ronda.

La muchacha se separo de él un tanto molesta.

-No entiendo porque le tienes tan poca fe a Horo, y más aún, no logro entender como fue a ti al que invito para acompañarlo al dichoso concurso, sí se llevan como perros y gatos- negó con la cabeza- eso es un gran misterio para mí.

-¿Sabes?, Yo tampoco lo sé, pero no siempre nos peleamos, además no es que no le tenga fe, simplemente es que irán muchos chicos talentosos como él, será una dura competencia, además he escuchado que el jurado es muy estricto.

-Sí yo también he escuchado algo, lo que me alegra mucho es que podrán volver a ver su viejo camarada Ryu, a veces me pregunto si de verdad le estará yendo bien.

-Te puedo casi asegurar que sí, aunque cuando lleguemos a allá, te prometo escribirte para contarte todo, ¿te parece?.

-Claro. No sabes cuanto te voy a extrañar- y lo abrazó con fuerza.

-Y yo a ti, pero no pienses en la separación, aún falta un mes, y este mes hay que aprovecharlo al máximo, Te amo y a pesar de que estaré lejos se de sobra que mis sentimientos hacia ti jamás cambiaran.

Ella le dedicó una hermosa sonrisa y así, abrazados como estaban se dispusieron a partir hacia su casa, mientras la luna llena era testigo del gran amor que se profesaban.

CONTINUARA...

CAPITULO 4: Acontecimientos.

La mañana estaba despejada, los pájaros trinaban una hermosa melodía y en la casa de los Asakura todos estaban vueltos locos, el gran día había llegado.

Se habían levantado desde temprano, la abuela y la señora Keiko para supervisar absolutamente todo, el abuelo y el señor Mikihisha charlaban alegremente con Hao, quien se hallaba sumamente nervioso, sentía un gran agujero en él estomago.

-Pareciera que eres tú la novia- le había reñido la abuela cuando tiro la taza de café sobre la mesa- cálmate, te aseguro que Anna no esta tan nerviosa como lo estas tú, todo saldrá bien, tu estate tranquilo.

La abuela no estaba tan errada en sus comentarios, ya que Anna se levantó de la cama como si aquel día fuera como cualquier otro, con la excepción de que Pilika le llevó un hermoso vestido blanco que ella misma confeccionó y la atavió con el, para después arreglar un hermoso peinado con orquídeas con su rubio cabello.
Pilika charlaba alegremente mientras la maquillaba lo más natural posible, en tanto que Anna solo se limitaba a contemplarse en el espejo y sonreír débilmente.

El reloj marco las doce, ella ya estaba completamente arreglada, su amiga la miraba embelesada y no era para menos, el ajustado vestido se ceñía muy bien a su figura esbelta y airada, era de estilo medieval, su cabello delicadamente atorado con las dos orquídeas en un moño, su maquillaje perfecto, parecía la digna reina de las flores.

Se escucho un claxon y ambas mujeres voltearon hacía la ventana, Anna sonrió aún más débilmente y salió de la habitación para dirigirse hacía la puerta entre tanto que Pilika cogía rápidamente el hermoso ramo de rosas rojas.

Subieron al auto, la novia sin emoción alguna, mientras que la amiga parecía que fuera ella la que iba a casarse, llegaron a las puertas de la gran mansión, bajaron cuidadosamente, las recibieron la abuela y la señora Keiko y las conducieron hacía el templo que se encontraba dentro de la mansión, al llegar a la entrada, Pilika le dio el ramo y la arreglo aún más, mientras se colocaba atrás de ella, Anna dio un gran suspiro y entró.

Había mucha gente, todos la miraron y soltaron murmullos de admiración, ella caminó con paso seguro, y en el fondo distinguió a su prometido, Hao llevaba un traje color negro con chaleco gris y corbata del mismo color con brocados en blanco, el largo cabello recogido en una larga cola de caballo y atado con un moño color gris, le sonreía embelesado, en cuanto se acerco y se coloco a su lado todos guardaron absoluto silencio.

No supo como sucedió pero al cabo de un rato ella ya era la señora Asakura y su ahora esposo la besaba con ternura, todos salieron alegremente y a la salida recibió besos, abrazos y felicitaciones por parte de familiares y amigos, ella sonreía y se veía muy feliz.

El banquete paso sin contra tiempos, se bailo y se disfruto enormemente, la hora de lanzar el ramo había llegado y arrojándolo a la tercera vez, la afortunada en quedárselo fue su querida amiga, mientras que derramaba tumultuosas lagrimas y decía:

-Es el destino, lo sabía, lo sabía, yo seré la siguiente.

Anna reía y se veía sumamente contenta, hasta que la hora de partir de los novios llego, se despidieron y Hao la llevó a un lugar apartado de la mansión.

Este se encontraba en los límites del bosque, él le explico que esa había sido la primera casa de su familia, ella solo admiraba el lugar, entraron, ella estaba nerviosa, sabía que era lo que sucedería a continuación, mientras que Hao sonreía orgulloso y seguro, la llevó a la habitación y comenzó a besarla suavemente mientras sus manos acariciaban la delicada figura, ella comenzó a sentir una sensación extraña y desconocida y ella también comenzó a acariciarlo y mientras la recostaba suavemente en el futón, el vestido blanco cayó.

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-¿Quisieras dejar de pasearte de un lado a otro?, Me estas crispando los nervios- dijo molesto un chico de cabellos azul marino.

-Lo siento, es que no puedo evitarlo, estoy sumamente nervioso- y continuo paseándose- maldita sea mi suerte, ¿porqué tenía que ser yo el primer participante?

-Deja ya de quejarte, en lo personal creo que ha sido lo mejor- y con tono sarcástico añadió- no soportaría él tener que tranquilizarte cuando pasaran más concursantes y escucharas como la multitud los ovaciona enloquecida.

-Gracias por el apoyo Len, no cabe duda de que eres sumamente optimista- le dijo el otro con una triste sonrisa.

-Vamos Horo Horo, no seas dramático, yo solo digo la verdad, aquí se han convocado a las diez más grandes promesas del piano, y tú estas entre ellos, has practicado duro, eres sumamente bueno, yo no sé que es lo que te preocupa.

-Pues por si no lo sabías el gran maestro esta dentro del jurado, su voto será decisivo en este concurso, y no es para menos sí el tipo es un gran pianista y compositor, todos los países Europeos se disputan su presencia, y le pagan millones por un solo concierto.

-¿Y?, Yo no dudo que el tipo sea bueno, pero no trates de convencer al “GRAN MAESTRO”, convéncete a ti mismo y al publico, solo toca con el alma, como siempre lo has hecho- y dirigió una mirada a su reloj- ya casi es hora, será mejor que me vaya a mi asiento como el resto del público-se levantó de su lugar y se dirigió hacia a la puerta, en cuanto llegó a ella se volvió solo para decir-¡suerte!, Horo Horo conmuévenos, haznos llorar- y salió.

Horo Horo suspiró y alcanzo a escuchar la voz del animador y la multitud que aplaudía con violencia, ya era la hora de la verdad, se miró en el espejo y se acomodó el moño, se sonrió a sí mismo y trato de parecer seguro.

ES MOMENTO DE PRINCIPIAR NUESTRO CONCURSO, NUESTRO PRIMER CONCURSANTE ES UNA DE LAS GRANDES PROMESAS DE JAPÓN, DE LA REGIÓN DE HOKAYDO, DÉMOSLE UNA CALUROSA BIENVENIDA A HORO HORO.

La voz del presentador resonó en su cabeza provocando que su corazón latiera violentamente, trago saliva y salió del pequeño camerino.

Se sorprendió al ver la cantidad de gente que se hallaba concurrida en el gran conservatorio, tembló levemente y lanzó un suspiro profundo, hizo la reverencia acostumbrada y se sentó frente al gran piano negro, tronó suavemente sus dedos y comenzó a tocar el concierto para piano y orquesta en la menor, opus 16 del compositor noruego Edvard Grieg, no fue conciente de lo que sucedió, en cuanto comenzó a tocar, la música fluyo en él instintivamente y lo envolvió en una atmósfera de éxtasis total.

En cuanto terminó, se sintió satisfecho, se levantó y agradeció, una oleada de aplausos y ovaciones lo acogieron, miro estupefacto a todo el auditorio y paso su mirada por el jurado, estos también aplaudían, pero no tanto como un joven, que calculó sería de su edad y que se encontraba sentado en el lugar que era del Gran Maestro y no pudo evitar sorprenderse al notar que el joven en cuestión lo miraba y le sonreía sinceramente.

En cuanto llegó a su camerino se sintió sumamente tranquilo, lo había hecho más que bien, se miró en el espejo y sonrió satisfecho, solo una interrogante pasaba por su cabeza, ¿qué hacía ese muchacho en el asiento del su venerado Yoh Asakura?, Estaba tratando de responderse cuando un fuerte ruido lo hizo volverse hacía la puerta y lo sacó por completo de sus pensamientos.

-Horo Horo, no sabía que tocaras tan bien-le dijo un sonriente Ryu mientras lo amarraba en un fuerte abrazo.

-Vaya que lo has hecho bien, hasta me sorprendiste, pero esta no la tienes todavía ganada, aún faltan otros ocho concursantes y te he decir que el que tu predecesor tocaba maravillosamente.

-Bueno, ya, hice lo mejor que pude y solo me queda más que esperar, pero mientras espero, alguien ¿podría decirme quien es esta hermosa muchacha?- y dirigió su mirada a una sonrojada Tamao que se hallaba rezagada en un rincón de la diminuta habitación.

-¡Oh!, claro, Horo Horo, te presentó a Tamao Tamamura, ella es mi compañera de clase, es una excelente cocinera y una gran estudiante.

-Creo que Ryu exagera, no soy tan maravillosa como dice, sin embargo usted si que es un gran maestro en el piano, es un placer conocerlo-y le tendió su delicada mano.

-No me hables de usted, llámame simplemente Horo Horo, ¿Vale?- y besó delicadamente su mano.

-Tu nombre, ¿sabes?, Me resulta muy familiar, dime ¿no nos habíamos conocido antes?- le preguntó Tamao

-No, no lo creo, yo jamás olvidaría un hermoso rostro como el tuyo- le contesto galantemente provocando un terrible sonrojo en las mejillas de la chica.

-Ya, ya, basta de coqueterías, será mejor que regresemos a nuestros lugares, están a punto de mencionar a los semifinalistas- dijo un tanto molesto Len, le fastidiaba de sobremanera que su cuñado coqueteara de esa manera con las chicas, en especial porque su novia le había pedido que cuidara a su hermano de “mujeres de cascos ligeros” y su querido cuñado no hacía otra cosa que flirtear con este tipo de mujeres, aunque dudaba que la tímida Tamao fuera una de esas.

Salieron del camerino y se sentaron a esperar, no tardo mucho en anunciar el presentador a todos los participantes, que salieron y se colocaron en una sola línea dando la cara al publico y al jurado, un señor de edad avanzada le entrego un sobre sellado al presentador quien lo abrió lentamente y aclarándose la garganta dijo:

-El jurado ha dado ya su veredicto, cabe mencionar que la decisión fue sumamente difícil ya que todos estos muchachos han demostrado su gran capacidad como ejecutantes. Bueno no hagamos esto más difícil, nuestro primer semifinalista es: DE ITALIA, la srita Franca Giannini (aplausos), DE ESPAÑA, el Sr. Manuel González (aplausos), DE ISLANDIA, el Sr. Belmont Sturluson (aplausos.)

Horo Horo comenzaba a temblar, ya habían mencionado a tres de los cinco, solo quedaban dos lugares, cruzo los dedos con fuerza y rogó a los cielos que el siguiente fuera él.

-DE FRANCIA, la srita Hedwige Moivre(aplausos) y por último- Horo Horo estaba a punto de estallar “que sea yo, por favor, que sea yo”, se decía, mientras esperaba como un inocente condenado a muerte- DE JAPÓN, el Sr. Horo Horo.

El aludido comenzó a dar saltos por todo el escenario, estaba a punto de llorar, a lo lejos percibió las figuras de Tamao y Ryu abrazándose de felicidad y la inexpresiva figura de Len con los brazos cruzados y esbozando una débil, pero sincera sonrisa.

El presentador anuncio que había una sorpresa, bajo del escenario a todos los participantes, quienes se sentaron a un lado del jurado, Horo Horo notó que el asiento del Gran Maestro estaba vacío, y también advirtió que el joven que le había sonreído tampoco estaba, no le dio importancia debido a que el presentador logro acaparar la atención de la murmurante multitud.

-Nuestra sorpresa de esta noche, es sumamente especial y nos llena de orgullo y felicidad, presentar en este humilde escenario, presentando tan solo una pieza, al gran maestro: YOH ASAKURA.

Horo no lo podía creer, aquel joven que le había sonreído estaba de pie y agradecía a la enloquecida multitud, se sentó en el piano y comenzó a tocar La Gavota en sol menor de Bach, de tal manera que hizo que sintiera como la emoción lo embargaba haciéndolo casi perder la razón.

Cuando Yoh terminó volvió a agradecer y desapareció por una de las laterales, Horo aplaudía de pie, ese joven era su tan reverenciado Maestro, tenía que conocerlo, tenía que hablar con él. Y si tan solo hubiera dejado su emoción a un lado y hubiera volteado a ver a sus amigos, habría notado en ellos una gran confusión y estupor, Ryu estaba al borde de la locura emocional, Tamao musitaba conmocionada “Asakura, Asakura”, tratando de recordar donde había escuchado ese nombre y Len tenía los ojos sumamente abiertos y estaba completamente sorprendido, pero no lo suficiente, ya que musito solo para él: Vaya con lo que me encontré, al hermano gemelo de Hao, y esbozo una gran sonrisa llena de sarcasmo.

CONTINUARA...


CAPITULO 5: ¿Casualidades?

Yoh caminaba tranquilamente por los campos Elíseos, se dirigía a la Plaza de la Concordia, respiraba un refrescante viento de primavera, mientras caminaba repasaba la partitura que tocaría en la boda de la hija del rey y no pudo evitar pensar en la boda de su hermano. “Ya me imagino a Hao vestido con frac y a su flamante esposa, que dudo sea una gran belleza, en esa horrible ceremonia tradicional, me hubiera gustado mucho reírme por un rato” y sonrió placidamente.

Iba completamente distraído, así que no noto que un grupo de cuatro personas lo venía siguiendo.

-No crees que se molestará- dijo uno del grupo, parecía asustado.

-Claro que no, pero ¿no les parece raro?- dijo el que parecía liderarlos.

- ¿A qué te refieres?, a mí me parece un tipo normal, se ve como cualquier otro, no tiene cara de asesino, ni nada por el estilo, en cuanto a sus preferencias sexuales, no lo conozco como para saber sí...

-Cállate Tamao, yo no me refería a eso, sino que es extraño que un gran artista como él no lleve escolta de seguridad.

-No seas idiota, si esto no es Hollywood, además esto es sumamente ridículo, no se como me deje convencer, porque no lo dejamos en paz, ya nos lo encontraremos en algún café o bar, no le encuentro sentido alguno a perseguirlo, y, Horo Horo, sí tantas ganas tienes de conocerlo, POR QUE DIABLOS NO VAS Y TE PRESENTAS- gritó el último del grupo bastante molesto.

Este grito provoco que una bandada de palomas emprendiera el vuelo apresuradamente y que Yoh volteara hacía el lugar de donde provenía y lentamente se dirigió hacía el grupo.

-¿Quieres callarte Len Tao?-y Horo se abalanzó a taparle la boca con la mano- No ves que puede descubrirnos.

-Pues yo creo que ya lo hizo- dijo la voz de Ryu bastante temblorosa.

-¿Qué?- dijo Horo Horo y volteó bastante confundido.

Se escucho un “Hola” y todos se paralizaron, Tamao se llevó las manos a la boca para ahogar un grito, Ryu se escondió tras ella, Len logro safarse de un estupefacto Horo Horo que tenía la boca muy abierta al igual que los ojos.

-¿Les sucede algo?- dijo un chico de cabellos castaños, se veía bastante preocupado.

-Pero, sí es... – dijeron tres al unísono y no pudiéndolo creer.

-Es Yoh Asakura- dijo tranquilamente Len.

-Vaya, veo que me conocen- dijo el aludido mostrando una hermosa sonrisa.

-Conocerte, más que conocerte, soy tu admirador numero uno, no sabes cuanto placer me da verte de cerca, eres mi ídolo, tocas maravillosamente- le decía un agitado Horo Horo mientras le estrechaba la mano con vehemencia.

-Yo te conozco, eres el chico del concurso, el que toco inspiradoramente, el chico del norte de Japón.

-Me reconoció, no puedo creerlo, me reconoció- y se llevó sus dos manos al pecho.

-Ves que fácil era, no teníamos que estar persiguiéndolo por todo París como si fuéramos su sombra- dijo Len que miraba la escena bastante hastiado.

-¿Perseguirme?, ¿Me estaban siguiendo?

-¡Oh!, sí joven, desde los jardines del Trocadéro, hemos estado viniendo atrás de usted- contesto Ryu.

-CÁLLATE RYU- y dulcificando su voz Horo agregó- eso no es cierto, solo seguíamos la misma ruta, ¿por qué razón lo perseguiríamos?

-Por qué tu deseabas conocerlo- contestó sarcásticamente Len- además fue idea tuya él seguirlo, tu deseabas hablar con él y no te atrevías.

Yoh sonrió.

-Sí solo deseabas platicar conmigo pudiste solo acercarte, a mí me gusta charlar con la gente, siempre lo hago.

-Tanto para nada, me duelen los pies y tengo mucha sed- dijo un tanto molesta Tamao.

Yoh por primera vez miró a la joven, la estudió con detenimiento de arriba abajo, los cabellos rosados atados en una cola de caballo, el rostro perfectamente delineado y blanco, los labios completamente rosas, la esbeltez de su figura, las piernas bien torneadas, una Venus en su opinión, cubierta con un vestido azul, llegó a la conclusión que era una de las mujeres más hermosas que él había visto.

Tamao por su parte se ruborizo al notar la mirada del pianista y desvió su mirada de la de él, no le desagradaba en lo absoluto, es más le gustaban esos hermosos cabellos castaños cayendo sobre ese rostro varonil, la gallarda figura alta y bien proporcionada, esa sonrisa tan tranquila y esa mirada llena de paz, lo hacían el hombre más atractivo sobre la tierra, o por lo menos para ella.

-¿Les gustaría tomar un café?, Yo invito- les dijo Yoh sobreponiéndose de la impresión causada por Tamao.

-No, como crees, sería una molestia, además se ve que llevabas prisa- dijo la figura de Len Tao, ganándose una mirada de odio por parte de Horo Horo.

-Sí no es molestia, además creo que tu amigo desea charlar conmigo- le contestó tranquilamente Yoh- vamos.

Y emprendieron el camino hacía Montmartre.

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Era extraño aún para ella, no se hacía todavía a la idea de estar casada y mucho menos estar viviendo con su marido, había dejado su viejo departamento y de trabajar en la cafetería, ya poseía su tan amado titulo de Licenciada en Derecho y ahora tenía un buen puesto en la empresa Oyamada, pero a pesar de tener una vida perfecta, ella sentía que le hacía falta algo, lo malo era que no sabía que era “eso” que le hacía falta.

¿Amor?, No eso no, Hao la amaba hasta los extremos, ¿Hijos?, Tampoco, habían decido esperar por lo menos unos tres años antes de encargar familia, y aunque los deseara, no tendría tiempo para cuidarlos, se devanaba el cerebro buscando él porque se sentía tan insatisfecha.

Se levantó del sofá donde se encontraba y se dirigió hacía la cocina a preparar un poco de té, fijo su vista en el juego de té de porcelana que el hermano de su esposo les había regalado, venía de Italia, o eso le había dicho Hao, también le dijo que cuidara ese regalo como su propia vida.

A pesar de no conocerlo sentía cierta apatía hacía él, no se había dignado a ir a su boda porque según él tenía trabajo, ¿qué clase de individuo no iría al momento más importante de la vida de la persona que según él más quiere?, No quería admitirlo, pero a veces sus pensamientos a veces coincidían con los de la abuela Kino, quizás el tan amado hermanito no era más que una fichita y un vicioso, como odiaba al tal Yoh, todos hablaban de él como la persona más maravillosa del mundo y no había día que Hao no lo mencionara, suspiró.

“Tal vez este celosa de él, tiene una familia que lo ama y lo espera, ha viajado por todo el mundo, y yo, yo solo soy una más en este mundo, a veces dudó de que sea un renombrado pianista, aún no me cabe en la cabeza que siendo tan famoso como dicen, aquí en su país de origen nadie lo conozca o por lo menos lo mencionen, tal vez es un pobre vagabundo que viaja errante por el mundo y engaña a su pobre familia, pero que cosas piensas Anna, no deberías, tú no lo conoces, quizás es una buena persona y tu dejando que esos malditos celos tuyos te traicionen, aunque no niegues que te encantaría conocerlo-se sirvió un poco de té, bebió un sorbo y continuo- sí Anna admite que te encantaría conocerlo, un pianista, tal vez hasta te componga una canción, sí le caes bien, aunque lo dudó, como fui yo la que le quitó a su hermano, seguro ha de odiarme, pero eso no lo sabré hasta que lo conozca, ¿me preguntó si se parecerá a Hao?, Seguramente, pero que idiota soy, sí son gemelos, pero alguna diferencia han de tener ¿o no?”

-Anna, ya llegue, cielo- y se sobresalto al escuchar la voz de su esposo.


Fue a recibirlo con una gran sonrisa, “como me choca que me diga cielo” y le dio un beso en la mejilla, pero él no se conformó con recibir solo un casto beso y tomándola por la cintura la acerco a él y la aprisionó en un apasionado beso,”aunque con eso lo perdono” y trato de corresponder de igual manera.

-Veo que hiciste té- le dijo sin soltarla- sírveme una taza y vallamos a la habitación, hoy hace frío- y le sonrió maliciosamente y se perdió escaleras arriba.

Ella se limitó a sonreír y a obedecer, se le olvidaron por completo sus inseguridades y pensamientos, “esta noche será muy larga”, y ella también subió.

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Un animado grupo se encontraba en el reconocido café L’ Auberge du Village, sus risas se escuchaban a través de toda la pequeña calle llena de bares y cafés.

-Y entonces él dijo que lo sentía- y todos soltaron una sonora carcajada.

-Sí que eres bueno contando chistes Horo Horo- dijo un animado joven de cabellos castaños.

-¿Verdad que sí?, Aunque a mi hermana y a Len no les hacen mucha gracia- y miro de reojo a su malhumorado cuñado.

-No nos hacen gracia, porque no somos unos simples como tu- dijo un tanto hastiado Len mientras que cruzaba los brazos.

-¡Bah!, Si Pilika es hasta más simple que yo- dijo riéndose.

Tamao se sobresaltó.

-Horo, ¿Dijiste Pilika?, ¿Ese es el nombre de tú hermana?- y lo miro expectativa.

-Sí, ella es mi hermana menor- miró a Tamao que tenía una gran cara de sorpresa.

-Oye Tamao, ¿Qué te sucede, porque tienes esa cara?- le preguntó muy preocupado Ryu.

-Es solo, que..., ya sé de donde te conozco Horo Horo- gritó y una sonrisa triunfal iluminó su rostro.

Todos se miraron, unos a otros, tratando de comprender.

-Ah... sí, ¿de dónde?- su voz tembló un poco.

-Te conozco porque soy amiga de tu hermana, ¡fuimos juntas en la escuela secundaria!, sí ella alguna vez me mencionó que tenía un hermano que estudiaba música, incluso creo que alguna vez te vi, por eso te me hacías tan familiar- y sonrió satisfecha de haber resuelto un enigma de los que su cabeza trataba de desenredar, ahora solo le faltaba uno.

-Vaya, qué gran casualidad, ¿no creen?- dijo Yoh sonriendo y provocando que Tamao lo mirara embelesada.

-No, casualidad, es que me haya encontrado con el hermano de Hao Asakura y este bebiendo café con él- dijo mordazmente Len.

Yoh se paralizó, al igual que los demás.

-¿Has dicho Hao Asakura?, ¿acaso conoces a mi hermano?- casi no podía articular palabra alguna, estaba sumamente sorprendido- Respóndeme, ¿Conoces a mi hermano, sí o no?- estaba perdiendo los estribos.

-Claro que lo conozco, fue compañero mío durante su maestría en Nueva York, me sorprendí mucho al encontrarme con que el Gran Maestro que tanto venera este tonto, fuera nada más y nada menos que el hermano de mi mejor amigo- dijo tan tranquilo como siempre.

Tamao soltó un grito que los hizo volverse a ella con prontitud, al mirarla notaron que balbuceaba sorprendida algo.

-Tú, Asakura, Anna, Hao, Len, Pilika- musitaba mientras cerraba los ojos tratando de atar cabos, todos la miraban preocupados, hasta que grito-¡ Lo tengo ya se quienes son todos ustedes!- y los señalo acusadoramente con el dedo.

Todos se miraron sin comprender, mientras que la gente los observaba con curiosidad.

-Querida Tamao, ¿Quisieras explicarte de una buena vez por todas?- dijo un Ryu bastante preocupado- ¿Qué quieres decir con que ya sabes quienes son?

-Elemental mi querido Ryu- y adoptó una actitud digna de un detective- Ya sé que relación tienen todos los presentes- todos se miraron sin comprender- Mira tú eres amigo de Horo Horo quien es el hermano de Pilika, esta es novia de Len y amiga de Anna Kyôyama, Anna es la esposa de el hermano de Yoh, Hao Asakura, quien es el mejor amigo de Len, y yo, yo los conozco a todos- y les sonrió

-¡AHHH!- dijeron los aludidos al unísono.

-Vaya que hoy ha sido un día de grandes encuentros, que casualidad que todos nos hallamos descubierto el día de hoy, ¿no lo creen?- dijo un Ryu bastante emocionado.

-Pues yo no le veo nada de casualidad, ha sido el destino- murmuro para sí Len Tao.

-Bueno, bueno, ahora que ya todos sabemos quienes somos, a divertirnos- gritó eufórico Horo Horo.

-Eres muy analítica Tamao, eres una mujer bastante sorprendente- le dijo Yoh al oído.

-Pero no tanto como lo eres tú- y le sonrió dulcemente.

Ambos se miraron perdiéndose en la profundidad de su mirada.

“DESTINO, todo es obra del Destino, como me voy a divertir”

Y por vigésima vez en todo el día la hermosa sonrisa sarcástica del Taoísta apareció.

CONTINUARA...

CAPITULO 6: Romances.

Estaba sentado en aquel café, esperaba a que llegara, se encontraba sumamente nervioso, aún no sabía porque sí la había conocido desde hace un año, y desde que la conoció la amo, ahora estaba ahí, sentado, esperándola para por fin declararle sus sentimientos, miró con insistencia su reloj, ya se había retrasado diez minutos, volvió a pedir una cerveza, para aplacar los nervios.

-Hola, lamentó la tardanza- dijo una voz femenina, él volteo para mirarla, ahí estaba tan linda como siempre, se veía sumamente bella con ese vestido campirano, sus cabellos sueltos y sujetados levemente con unos prendedores a los lados, le sonreía.

-No, no hay problema- trató de articular.

-Ahora bien- se sentó- ¿qué es lo que querías decirme con tanta urgencia?

-Bueno... primero no deseas algo de beber, te ves cansada- trataba por todos los medios darle largas al penoso encuentro.

-En realidad no estoy cansada, ni deseo beber nada, solo deseo escuchar lo que tienes que decirme, solo para eso vine, vamos, suéltalo- y lo miró un tanto fastidiada- ¿sabes?, Yo también tengo algo que decirte.

-¿En serio?, Entonces porque no comienzas tú.

-Por supuesto que no, tú me citaste, tú comienzas primero, vamos, no creo que sea algo malo, además ya no somos chiquillos como para que nos aventemos la bolita uno al otro, tú deseabas contarme algo, bien, ya estoy aquí, ahora di lo que tengas que decir- y frunció levemente el ceño, para después dulcificar su expresión con una encantadora sonrisa.

-Pues... bueno... la razón por la que te cite... Tamao... yo quería decirte... ¡Diablos!- gritó él ante su repentina timidez, nunca, ninguna mujer lo había puesto tan nervioso en su vida.

-¿Diablos?, Eso era lo importante, Horo Horo ¿té estas burlando de mí?- parecía realmente confundida.

-Oh, no, claro que no, solo es que... yo- estaba totalmente rojo “soy un idiota” pensó.

-Bien, entonces en lo que aclaras tus ideas, yo voy a contarte, prepárate para lo que voy a decirte, porque no lo pienso repetir, ya que me da mucha pena- y bajo su ruborizado rostro, él solo se limitó a mirarla, ¿ella se le iba a declarar?, Eso sí que sería buena suerte- lo que deseo decirte, es qué... ¿Horo somos amigos verdad?, Dime, ¿lo que te diga no afectara en nada nuestra amistad?

-Sí- murmuró él, tal vez ella dudaba porque no quería romper la amistad- Puedes decirme lo que quieras, no me molestaré en lo absoluto- y sonrió al ver que ella suspiraba aliviada.

-Bueno, tú serás el primero en saber que: Yoh Asakura me ha pedido matrimonio y que yo he aceptado.

A él se le cayó el mundo, la miraba perplejo, ¿Cómo?, ¿Cuándo?, ¿Porqué? Ellos habían iniciado una relación y nadie se había dado cuenta, apretó con fuerza los puños.

-Me parece perfecto- dijo casi sin emoción, pero ella no lo notó- Felicidades.

-Gracias, hace ya un año que nos hicimos novios, nadie lo supo, deseábamos una relación tranquila y ahora vamos a casarnos, quien hubiera pensado que se me declararía una semana después de que le hablamos por primera vez y todo te lo debo a ti Horo Horo, sí no hubiera sido por tú idea de perseguirlo, jamás nos hubiéramos cruzado y ahora no sería tan feliz- y le tomo las dos manos y las apretó cariñosamente- Ahora, ¿cuál es tu buena nueva?

Él se hallaba al borde del llanto, trataba de parecer feliz, pero ¿quien sería feliz sí el ser amado le dice que va a casarse con otro que no es uno?

-Olvídalo, lamento no decírtelo, porque yo lo he olvidado, con tú noticia me has dejado bastante perplejo y... –mintió- contento como para recordar cualquier otra cosa, tengo que irme, ya casi es hora de la presentación- y se levantó y trató de parecer el mismo de siempre.

-Esta bien, algún otro día me lo dirás, entonces vámonos, tenemos que arreglarnos, Horo, ¿puedo pedirte un favor?

-Por supuesto- contestó casi fríamente.

-No les digas a los demás, Yoh quiere que hagamos una cena y ahí comentar lo de la boda, gracias por ser tan buen amigo- y se levantó y salió tan hermosa y sonriente como siempre.

-Amigo, solamente un amigo- murmuró él cuando ella se marchó, pago la cuenta y él también se fue, sintiendo por primera vez el corazón partido.

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- Pero cuéntame, ¿cómo te ha ido últimamente?- decía mientras bebía de su soda.

- Ahí vamos, todo esta bien, es perfecto, soy feliz, que mas quieres saber- le contestó.

Ella la miró de reojo, tratando de encontrar algo, pero sonrió satisfecha al comprobar que su amiga decía la verdad, ella nunca la había visto tan contenta.

-¿Y tú?, ¿Te encuentras bien?, Te ves un poco triste.

-Solo un poco, ¿Sabes?, Jamás creí que Horo ganara el mentado concurso, bueno, al menos ya ha pasado uno de los dos años que estará en Francia.

-Pero yo dudó que extrañes tanto a tu hermano- y le dijo con voz infantil- Tú a quien extrañas es a Len- y rió divertida al ver un sonrojo por parte de su amiga.

-No te engañas Anna, sí lo extraño como nunca, a pesar de que nos escribimos a menudo, me cuenta cosas extraordinarias y me alegra que haya hecho amigos- dijo con tristeza en la voz.

-¿Amigos?, ¿Len Tao, haciendo amigos?, Vaya que noticia- dijo Anna muy sorprendida.

-En realidad fue mi hermano el que los hizo y pues Len se le unió, me ha dicho que París es un lugar entretenido y que con las personas que ha conocido va a divertirse mucho, parece contentó, en su ultima carta me dice que dos de sus amigos van a casarse y que este hecho le parece sumamente curioso y entretenido, ya vez como es él, le encanta analizar cada una de las situaciones, cambiando de tema, aún no puedo creer que ya tengas un año de casada.

-Ni yo, pero estoy muy contenta, la familia de mi marido me adora y he llegado a verlos como mi verdadera familia- y esbozó una cándida sonrisa.

-He escuchado que la abuela de tu esposo está enferma- y la miró con curiosidad.
Anna suspiró y su sonrisa desapareció.

-Sí, en efecto y todo por culpa del hermanito de Hao, sin conocerlo siento que me cae tan mal, la abuela se ha enfermado porque el muchachito no había escrito ni una sola carta en lo que va del año y ahora que lo ha hecho es solo para decirle a la familia que va a casarse, es un descarado- dijo molesta.

-Vaya, se nota a leguas que te cae mal, aunque no entiendo por qué, sí no lo conoces- volvió a darle un sorbo a su refresco.

-Para ser sincera yo tampoco lo sé, solo es que, como me harta que se la pasen diciendo: “Yoh esto”, “Yoh aquello”, “Cuando conozcas a Yoh”, “es un gran pianista”, “Es tan tranquilo y generoso”, no logro entenderlos, los hace rabiar y a pesar de todo le tiran flores, en especial la Sra. Keiko, ella habla maravillas de su “muchachito”- e hizo un gesto despectivo.

-Pues ya vez, así es esto del amor maternal- dijo Pilika en tono dramático.

Y ambas soltaron una sonora risa.

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En casa de los Asakura, el enojo y la preocupación se mezclaron formando una gran bomba de tiempo.

-Yo se los dije, les dije que ese muchacho se les iba a salir de las manos, ¿Y me hicieron caso?, Claro que no, lo dejaron partir al continente de la perdición- decía la anciana Kino mientras tosía.

-Madre, ahora no es el momento para regaños, bébase la medicina- decía Keiko tratando de calmar a la anciana señora.

-Tú no me vengas a decir lo que debo o no hacer, tú eres la culpable de que Yoh se halla criado a la mala, siempre le consecuentaste todo, lo consentías demás, ¿ no fuiste tú la que le pago las dichosas clases de piano?, ¿No eras tú la que lo dejaba comer naranjas hasta hartarse y comer doble porción de pastel de chocolate?, ¿ No fuiste tú la que le compro el desdichado perro que acabo con media despensa del refrigerador y la que le permitió tener a ese odioso gato que no paraba de orinarse por toda la casa?, Y ahí tienes las consecuencias, TÚ hijo querido va a casarse y quien sabe con que clase de muchachita, y en vez de decírselo a ustedes que son sus padres, se va por la tangente y se lo dice a su hermano, para que voz dulce él venga y nos lo diga, ahora no sabemos en que condiciones va a casarse, tenemos que prepáralo todo, aunque no se lo merece- y volvió a toser.

-Abuela Kino- el señor Mikihisha comenzó lo más despacio que pudo- es que...

-No, querido, no ves que mi madre esta muy mal- le interrumpió Keiko y le lanzó una mirada sugestiva a su esposo.

-¡Que me lo diga!, Ya más mal no me puedo poner, habla Mikihisha, di lo que ibas a decir.

- Sucede que Yoh no vendrá a casarse a Japón, se casara en Francia, al estilo Occidental- y miró de reojo a la anciana.

Kino abrió mucho los ojos y comenzó a toser compulsivamente, Keiko daba suaves palmadas a la espalda de su madre intentando calmarla.

-¡Esto es el colmo!- bufó la anciana cuando se repuso- Como se atreve ese inconsciente, va a casarse sin familia y sin tradiciones.

-Tal vez su prometida se lo pidió- se atrevió a decir Keiko.

-Sí claro, la muchacha es la culpable, ¿no?, Porque tu hijito no sería capaz, no sigas defendiéndolo, no creo que todo esto sea porque la tipa con la que va a casarse se lo pidió, no la conozco como para saber como es, pero me hago a la idea que también es una viciosa y quizás una “artista” como su prometido, pero sí conozco lo suficiente a Yoh como para saber que fue él el de la idea, nunca le gustaron las tradiciones y las reglas y como su madre le toleraba todo... Ya, déjenme en paz, todos a sus obligaciones, ya tuve suficiente por hoy- y giró para quedar de lado en su cama, los demás salieron silenciosamente.

“Ese niño, mi querido Yoh, espero que vengas pronto y conozcamos a la mujer que se llevará a un gran muchacho”, cerró los ojos y una lagrima resbalo por su rostro, le dolía aceptar que su nieto favorito fuera a casarse, le dolía aceptar que Yoh era ya todo un hombre.

CONTINUARA...

CAPITULO 7: Noches de Verano.

-¿Me podrías decir que es lo que hacemos en el aeropuerto?- pregunto un tanto molesta una chica de cabellos azules a su muy entusiasmada amiga.
-Espera y veras, té apuesto lo que quieras sí no lo reconoces- y parándose de puntitas busco entre la multitud.

La otra chica se limitó a sonreír débilmente y a cruzarse de brazos mientras su entusiasmada compañera seguía buscando entre la marabunta de gente que había salido de un avión procedente de Inglaterra.

“Len no puede llegar hoy, lo sé, aún falta para que él y mi hermano regresen, pero ¿a quién esperara Anna?”

Su duda mentalmente hecha fue respondida con un gran grito de su amiga seguida de una frenética agitación de sus manos.

-¡Lyserg!, ¡Lyserg!, ¡Aquí estamos!- gritaba Anna al tiempo que un joven de cabellos verde esmeralda sonreía y se acercaba al lugar donde se hallaban las chicas.

-Me da mucho gusto verte Anna, ¿desde cuando eres tan emotiva?, Que yo recuerde no eras así- le dijo el muchacho mientras le daba un fraternal abrazo.

-Es solo por la emoción de volver a verte, han pasado muchos años- y repentinamente agrego- mira Pilika vino también a recibirte.

El joven volteo y sus ojos se posaron en la hermosa muchacha que se hallaba totalmente distraída, fundida en sus profundos pensamientos, Anna tenía razón habían pasado muchos años, pero no lo suficientes como para hacerle olvidar...

-¿Pilika?- musito Lyserg, ella despertó de su ensoñación.

-Sí, dígame- lo miro confundida- ¿Quién es usted y como sabe mi nombre?, Anna ¿Conoces a este...? - su pregunta fue cortada por una carcajada burlona por parte de su amiga.

-Sabía que no lo reconocerías, vamos tonta no pongas esa cara, que no ves que es Lyserg.

-¿Lyserg Daithel?, el que era él...

-El pobre nerd del colegio- completo el joven y sonrió un poco amargamente.

-Perdón, es que..., pues... no te reconocí- y tratando de ser sutil agregó- sin tus gafas rotas y sin tu cara llena de barros- y se ruborizo enormemente.

-Descuida a todos les sucede lo mismo.

-Pues claro, ahora ese tímido chico se ha convertido en un hombre muy atractivo, casi nadie cree que este hombre tan apuesto sea Lyserg, así que Pilika deja de preocuparte y saluda a nuestro viejo amigo- le dijo Anna.

Ella se acercó y le estrecho la mano. “Viejo Amigo, pero solo tuyo Anna, Daithel nunca tuvo nada que ver conmigo”, pero le dio la razón a su amiga en cuanto al cambio, de ser un debilucho y feo muchacho, se había convertido en un hombre sumamente atractivo capaz de provocar reacciones extrañas en cualquier mujer, tan extrañas como las que en esos momentos ella misma estaba sintiendo.

-Vámonos ya, Lyserg ¿tienes donde hospedarte?- pregunto Anna.

-Sí en casa de mi prima Jean, vive aquí desde hace un año, le envié una carta diciéndole que llegaba, pero creo que olvido la fecha de mi llegada, no la veo por ningún lado- y echó una mirada a la multitud.

-No te preocupes, nosotras te llevaremos, ¿sabes la dirección?- esta vez le preguntó Pilika.

-Sí, gracias.

-Pues entonces vámonos.

Y salieron del aeropuerto, dos de los tres que eran completamente confundidos y mortalmente recordando cosas que aparentemente habían pretendido olvidar.

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Una pareja se encontraba parada en el puente de la Tournelle admirado un hermoso atardecer, sus manos entrelazadas y sus miradas perdidas en el horizonte.

-Yoh, pronto acabare la carrera, me pregunto que es lo que haremos después- dijo ella mientras recargaba su cabeza en el hombro del muchacho.

-Supongo que seguir viviendo- contestó él de manera despreocupada.

-¡Yoh!, Estoy hablando enserio, ahora que estamos casados lo que le suceda alguno de nosotros le concierne al otro, debo tener una respuesta concreta para saber exactamente como prepararme para el futuro.

-Tamao- le murmuró mientras la giraba y la ponía frente a él- eso no importa, lo importante es el presente, lo primordial es que me amas y...

-Que yo te seguiré hasta el fin del mundo y apoyare cualquier decisión que tomes, estaré a tu lado siempre como una buena esposa- completó ella totalmente hechizada por la mirada de su esposo, amaba en exceso a ese hombre y haría cualquier cosa por él, aceptaría totalmente todo lo que él hiciera o dijera, incluso le creería absolutamente cada palabra que él pronunciara, su vida entera le pertenecía a él, solamente a él.

Él sonrió y la beso tiernamente, quería mucho a esa mujer y no estaba arrepentido de haberse casado con ella, le agradaba su compañía, su manera de cocinar y esa manera tan poco ortodoxa de amarlo, pero tenía razón, se habían casado hace un año y a ella le faltaban dos semanas para concluir su carrera, tenía que pensar con detenimiento que es lo que harían, cuando lo recordó.

-Tamao- le dijo cuando dejo de besarla- ¿Dónde dejaste la carta que me enviaron la semana pasada?

-En tu escritorio, ¿Porqué?- lo miro extrañada.

- ¿No sabes quien me la envió?- y la miro con el ceño levemente fruncido.

-Claro que no, además tu dijiste que no la leerías, solo mencionaste que venía de Japón- le dijo un tanto molesta.

Él miro hacía el cielo y pensó por un breve momento, luego volvió a mirar a su esposa que lo mira totalmente confundida.

-¿Cuándo se van Len y Horo?- preguntó expectativo.

-Dentro de cuatro semanas, Yoh, dime, ¿qué esta sucediendo?- le dijo mientras lo abrazaba, él por su parte no devolvió el abrazo.

-Sucede que... - suspiró, “ya ha pasado bastante tiempo, yo creo que ya se les pasó el enojo, además siento que ya es hora de volver a mi hogar”- tenemos que irnos a casa tengo que escribir una carta- y separándola de él emprendió el camino.

-Espérame, no entiendo, una carta ¿a quien?- y corrió tras él.

- A mis padres, nos vamos Tamao, partiremos con Horo y Len, es hora de regresar a Japón.

CONTINUARA...

CAPITULO 8: Reencuentros.

Estaba sentado en aquella vieja banca del parque, los recuerdos atormentaban terriblemente a su memoria, ese sitio había sido testigo de muchas humillaciones y desprecios, meneó suavemente su cabeza tratando de borrar aquellas imágenes que se le presentaban como si hubieran sido ayer y le lanzó un suspiro al aire.

Era cierto, siempre había sido el pobre ñoño, el típico nerd que toda escuela tiene, nadie nunca lo acepto, las chicas lo miraban con desprecio, en tanto que de los chicos lo único que alcanzaba a mirar eran sus feroces puños estrellándose en su cara, y la única que le tendió la mano en aquellos terribles días, había sido la persona que menos esperaba, Anna, la fría y amargada Anna, la señorita de hielo, ella fue su primera y mejor amiga, ambos sufrían secretas penas, él su inadaptación y ella el abandono total de sus padres, se identificaron y comenzaron una tierna amistad, que a pesar del tiempo jamás se deterioro, él sabía que tenía razones suficientes para poder enamorarse de ella y lo hubiera hecho sí cierta persona no hubiera acaparado por completo su atención, sonreía siempre al recordar de quien se había enamorado, para unos podría ser la típica historia: el nerd que se enamora perdidamente de la hermosa chica popular, la niña con la que todos desean salir, pero para él había sido algo más que una ilusión provocada por las hormonas y la terrible admiración hacia una persona que era totalmente diferente a él, ella a pesar de los años seguía siendo el amor de su vida, jamás había logrado sacársela ni de la mente, ni de su corazón, a veces pensaba que hubiera sido más fácil amar a Anna, por lo menos con ella no hubiera sufrido tanto, y habría sabido olvidar ese enfermizo amor cuando se mudó, pero no, tuvo que fijarse en la mejor amiga de Anna, en la siempre sonriente Pilika.

A pesar de haberla visto en la actualidad, aún la recordaba con su uniforme de escolar, su hermosa sonrisa y esa facilidad con la que se relacionaba con la gente, siempre se preguntó porque nunca había salido con nadie, sí tenía a mas de cuatro atrás de su hermosa persona, tal vez había sido porque su hermano mayor tenía fama de golpear a todo aquel que se le acercara a su hermanita o porque simplemente nadie logró cautivarla.

Sonrió irónicamente, se le hacía gracioso el pensar que ni siquiera el gran Len Tao, el chico más guapo del colegio la hubiera cautivado y sonrió aún más al pensar que ese terrible bravucón jamás se hubiera atrevido a enfrentar al hermano de Pilika.

Su rostro se ensombreció un poco al recordar a Len, era su puño el que más veces se estrelló contra su cara y sus gafas, nunca entendió porque se ensañaba tanto con él, hasta que un día él propio Len le dio la respuesta y en ese mismo lugar, lo recordaba todo nítidamente, Len empujándolo hasta el charco de lodo, él cayéndose mientras que su agresor se abalanzaba sobre él golpeándolo con brutal fiereza, su débil voz pidiendo auxilio, la voz de Anna gritando y sus manos separando a un furioso Len:

-¡no vuelvas acercarte a ella¡- le gritó- ¡Pilika es mía, lo oyes, mía, la amo y ella será para mí, ningún tonto como tú me la va arrebatar!

Él no comprendió nada hasta que Anna dijo:

-Ya basta Len, Pilika ni siquiera sabe que Lyserg existe, ¿porque te preocupa el saber que él esta enamorado de ella?, Sabes de sobra que Pilika lo mira como un bicho raro y asqueroso que hay que aplastar, además a ti tampoco té presta atención, así que vámonos- y lo jalo con fuerza del brazo.

Pero antes de partir le había dicho:

-Ella será mía Diethel, yo nunca pierdo- y se marcharon dejándolo sucio y moralmente desecho.

Ahora estaba ahí sentado en el mismo lugar, esperando, no una golpiza, sino a su mejor amiga.

-Disculpa la tardanza- dijo una voz femenina y familiar.

Él volteó y se sorprendió al ver quien era la dueña de esa voz.

-¿Pilika?, ¿Y Anna?, Se supone que es a ella a quien vería esta tarde- murmuró tratando de no parecer demasiado sorprendido.

-Ella no pudo venir, dijo que tenía que resolver un asunto y me pidió de favor que viniera a avisarte para que no te quedaras toda la tarde esperándola, ya lo hice, así que adiós- y comenzó a caminar hacia el otro extremo del parque.

-Espera-le gritó- si no tienes nada que hacer, talvez podríamos charlar- y le señaló un lugar a su lado en la banca.

-¿Charlar?, ¿Acerca de que?- preguntó mientras se sentaba a su lado.

-Sobre los viejos tiempos- y le sonrió, ella se ruborizó un poco al mirar aquella sincera sonrisa que lo hacía verse aún más encantador.

-No creo que sean recuerdos muy agradables para ti, siempre te trataron mal, no eras una persona muy sociable y no creo que tengamos recuerdos en común- le dijo mientras fijaba su vista en el horizonte.

-Pues aunque no lo creas, si tengo bellos recuerdos, por lo menos uno, el que a pesar del tiempo nunca he podido olvidar, ya que ese recuerdo lo representa todo para mí.

-¿Enserio?- dijo al tiempo que giraba su cabeza y lo miraba a los ojos- ¿Cuál?

-El tuyo- le contestó mientras acercaba su rostro al de ella- jamás he podido olvidarte, ya que siempre he estado enamorado de ti.

Ella abrió enormemente sus ojos, estaba realmente sorprendida, nunca se lo hubiera imaginado, él comenzó acercarse aún más, amenazaba con besarla y ella asustada retiró su rostro de él y se levantó con prisa.

-Lyserg, yo... no puedo- le dijo mientras lo miraba sorprendida.

-Mira, yo sé que esto es repentino y sé que debes pensarlo, pero por favor solo estoy pidiendo una oportunidad- le dijo ansioso de una respuesta buena y contundente.

-Es que ni siquiera voy a pensarlo- le dijo firmemente.

-Pero, ¿Porqué?- la angustia lo estaba dominando.

-Porque de verdad no puedo, tengo novio- y lo miro compasivamente- lo lamento de verdad, pero podemos ser amigos, talvez si me conoces como soy realmente, te olvides de esa atracción que sientes por mí.
-Entiendo, sí, seremos amigos- y en su voz había un dejó de tristeza.

-Bueno, tengo que irme, no estoy huyendo, solo que mi novio y mi hermano llegan esta tarde de París y tengo que ir a recibirlos, nos vemos Lyserg- y emprendió el camino hacia su casa.

Él por su parte estaba desilusionado, “fue tonto pensar que porque cambie mi aspecto ella iba a amarme desde que me viera”, de pronto una duda salto a su mente.

-¡Pilika!- le gritó- Puedo preguntar ¿quién es tú novio?

Ella detuvo su camino y se volvió para decirle:

-Len Tao, adiós, nos veremos otro día- y se perdió por completo de su vista.

-Len Tao- repitió, al mismo tiempo que recordaba sus palabras dichas años atrás “ella será mía, yo siempre gano” y talvez había tenido razón, pero ahora él ya no era el mismo, iba arrebatarle lo que él primero le quito.

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-Otra vez tarde- le dijo con voz de reproche.

-Tenía mucho trabajo lo siento, era muy urgente, son cosas que tenían que resolverse- le dijo tratando de excusarse.

-Siempre es lo mismo contigo Anna, siempre tienes mucho trabajo, vamos arréglate que nos vamos ya al aeropuerto- le dijo aún molesto.

-¿Al aeropuerto?, ¿Para que?

-No me digas que lo olvidaste- y la miró con el ceño fruncido.

-¿Olvidar?, Que cosa, ¿se supone que tenía que recordar algo?- le dijo bastante confundida.

-¡Anna!, Como es posible, te lo vengo repitiendo desde hace dos semanas, ¡hoy es el día en que regresa Yoh ¡- le dijo tratando de controlar la furia que amenazaba con aprisionarlo.

-Oh, es cierto, lo lamento, se me pasó, con todo el trabajo que he tenido, lo olvide por completo- dijo serenamente.

-Como pudiste olvidad algo tan importante, sabes de sobra que hace mas de tres años desde que no lo veo y tú lo olvidas escudándote con tú trabajo, se nota que tu trabajo es mucho más importante para ti que tú familia- le grito.

-Hao, ya te dije que lo siento, y perdona que me preocupe por mi trabajo, pero eso no quiere decir que no preocupe por mi familia- trato de parecer serena, aunque comenzaba a perder la paciencia.

-Siempre la misma excusa, por eso, maldita sea, no quería que trabajaras, deberías quedarte en casa, con mi sueldo es más que suficiente para tener comodidades, en estos momentos podríamos habernos ido muy a gusto y sin pelear, ahora toma tu abrigo y vámonos, no quiero llegar tarde por mi hermano- le dijo de manera autoritaria.

Anna no se movió.

-Anna, te he dicho que vayas por tu abrigo, es hora de irnos- le repitió tratando de serenarse.

-No voy a ir- murmuró.

-¿Qué?, Déjate de niñerías y muévete- le ordenó.

-No son niñerías, no voy a ir, y perdona que no me entusiasme la idea de conocer al maravilloso de Yoh- le gritó, su cuerpo temblaba a causa de la rabia contenida.

-¿Qué te sucede?,,¿Cómo puedes decir semejante tontería?- comenzaba a perder por completo los estribos.

-Pero es la verdad, a mí no me interesa en lo más mínimo conocer a la maravilla de tú hermano, para mí es una persona común y corriente, ¡una persona que posee una familia que no se merece!- estaba completamente roja a causa de la ira.

-Pues yo pertenezco a esa familia, y él se la merece, porque es un gran pianista, un gran ser humano y tu no eres más que una pobre huérfana que ¡debería cerrar su boca e ir a recibir a un miembro más de la familia que la recibió!- le grito completamente fuera de sí.

Hao dio justo en el clavo, Anna comenzó a llorar, ¿porque tenía que ser tan cruel?, ¿Por qué tenía que recordarle su pasado?
-Por lo visto no vas a ir, mucho mejor, me avergonzaría que Yoh te conociera y se diera cuenta que tú no lo consideras una buena persona y que lo juzgas antes de conocerlo, pues bien quédate, yo ya me voy, nos vemos al rato Anna- y salió con su semblante dominante y un aire de absoluta altivez, mientras que Anna lloraba sobre el sillón, desde tiempo atrás habían comenzado a discutir, Hao no aceptaba el hecho de que trabajara y se realizara como profesionista, ese el tema común de sus peleas, además de que también solían pelear a menudo por otras pequeñeces, como el porque las camisas no estaban planchadas o el té ya servido cuando él llegaba, y siempre terminaban con un comentario despectivo de parte de él.

Mientras lloraba analizaba la situación, no quería reconocer que se había equivocado, no quería aceptar que talvez había sido un error casarse con Hao.

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El auto se estaciono frente a la gran casona, las mujeres fueron las primeras en bajar, seguidas de los varones que iban con ellas.

Respiró profundamente y admiró el lugar, estaba todo casi igual, casi nada había cambiado desde su partida.

Entraron al salón mientras que la servidumbre tomaba sus abrigos y les ofrecían copas con vino.

-Vaya, pensé que jamás regresarías- dijo una voz proveniente de una anciana.

-Ya lo ve abuela, ya estoy aquí y le presento a mi esposa- y tomo de la mano a una hermosa chica y juntos se acercaron al lugar donde se encontraba la anciana- Abuela Kino, ella es Tamao.

La anciana miró con detenimiento a la chica, no parecía mala persona, tenía un semblante un tanto tímido y nervioso.

-Tamao, vaya, tu también eres artista- le pregunto mientras la miraba inquisidoramente.

-No señora, yo estudie gastronomía, soy chef- le respondió segura.

-Por lo menos sabes cocinar.

-Aunque no es lo único que sé hacer, también lavo, plancho y estoy pendiente de lo que se le ofrezca a mi marido.

-Así es como debe ser una buena esposa- dijo un joven de cabellos largos desde el umbral de la puerta.

Todos se volvieron hacia el lugar de donde provenía la voz y miraron a Hao sonriendo.

Yoh corrió hacía donde se hallaba su hermano y ambos se fundieron en un fuerte abrazo.

-Yoh estas idéntico- y mirando a Tamao agregó- ella es tú esposa ¿verdad?- le estrechó la mano a la confundida señora de Asakura que lo miraba sorprendida “son como dos gotas de agua” pensó.

-Hermano, no sabes cuanto me alegra verte, pero ¿ pensé que vendrías con tu esposa?.

-Cierto hijo, ¿donde esta Anna?- pregunto la señora Keiko.

-Ella se ha sentido mal, madre, al parecer le dará una fuerte gripa-mintió.

-Pues dile que se cuide, esas cosas son de cuidado, en mis tiempos uno se moría de esa simple enfermedad- le dijo la anciana Kino.

-Vaya al parecer hoy no la conoceré, con las ganas que tengo de conocer a la mujer que le robo el corazón a mi hermano- dijo en tono burlón Yoh, quería ver si en realidad era bonita aunque conociendo los gustos de Hao, no pensaba que fuera una gran belleza.

-Bueno ya habrá otra ocasión-dijo Mikihisha- ahora pasemos a la mesa, supongo que traerán hambre, tu madre y tu abuela lo prepararon todo para tu llegada.

-Pero antes debo saber una cosa-le interrumpió Kino- ¿En qué condiciones se casaron jovencitos?

Tamao miró sorprendida a Yoh, que comenzó levemente a temblar, se avecinaba la tormenta.

-Pues veras abuela, nosotros nos casamos a la occidental, quiero decir que solo nos casamos por el civil- explicó y cerro sus ojos esperando algún grito o una reprobación.

La señora solo soltó un resoplido, mientras se notaba que trataba de contenerse.

-Pues entonces, espero que próximamente decidan casarse con las tradiciones, es decir en el templo, se ve que tu esposa es una buena mujer- dijo al fin.

Todos respiraron aliviados.

-Hijo, ¿te hospedaras con nosotros, verdad?- pregunto la ansiosa voz de Keiko.

-En realidad, antes de venir, compre una casa, cerca de la Hao, ya está amueblada, así que la ocuparemos lo antes posible- y al notar una mirada triste por parte de su madre, agregó-pero esta noche la pasaré aquí, en mi antigua habitación- el rostro de su madre se iluminó.

Y alegremente todos se dirigieron al comedor.

CONTINUARA...

CAPITULO 9: Celebraciones.

El destino preparó su divertido juego en una gran fiesta dada por la familia Asakura, celebraban la llegada de su ser más querido, además de presentar a su esposa a los familiares y amigos.

Durante dos semanas se hicieron los preparativos, para dar la recepción más grande y señorial de todos los tiempos.

Y esa noche todos los participantes del juego se hallaban reunidos en el suntuoso salón, esparcidos estratégicamente para poder unirlos inevitablemente.

La música sonaba alegre y la gente parecía estar por lo demás divertida, en un extremo del salón dos jóvenes elegantemente vestidos charlaban no muy animados, o por lo menos no uno de ellos.

-Vamos Horo Horo, ¿hasta cuando vas a dejar de pensar lo mismo de siempre?, Tienes que sobreponerte- le decía un chico de frac gris a rayas a su amigo.

- Ryu, Te juro que por más que lo intento no puedo, pero cambiemos de tema, se ve que la familia de Yoh es muy espléndida, ¿no lo crees?-le dijo intentando sonreír.

-Sí y muy rica, he escuchado que son gente sumamente importante- contesto el otro admirando el exquisito decorado del salón.

-No cabe duda que Yoh lleva la palabra éxito en su sangre, y hablando de él, ¿aún no lo he visto?.

-¿Con toda esta gente?, Ni yo mismo puedo verme, seguramente lo han de estar acaparando toda esta bola de gente lambiscona, porque de algo estoy seguro, no todos los presentes son gente amable- dijo Ryu mientras miraba de reojo a toda la distinguida multitud.

-Tienes razón, pero también ha venido gente que de verdad estima a Yoh y a su familia, ¿sabes? Me he engentado, que te parece sí vamos a tomar un poco de aire, creo que vi un balcón por allá- dijo mientras señalaba hacía el ala este del salón.

Comenzaron a caminar, parecía que Horo se animaba cada vez más, esto alegraba a Ryu, a pesar de que había pasado un año desde que Tamao lo rechazo de manera indirecta, él sabía de sobra que su amigo no la había olvidado, de pronto Horo Horo dejo de caminar, provocando que Ryu casi se tropezase y cayese estrepitosamente al suelo.

Estaba de pie, completamente ido, hipnotizado por la hermosa visión, Tamao había entrado al salón, llevaba un vestido de noche, sin mangas color lila, sus rosados cabellos sujetos en un estilizado chongo, los aretes largos y la gargantilla dorada completaban su atuendo, sonreía, caminaba un tanto nerviosa y respiro aliviada al ver a Horo y a Ryu, se acercaba lentamente a ellos.

-Horo Horo, Tamao se acerca, reacciona por favor- suplicaba el chico del largo copete- Pretendes que note todo lo que te gusta.

Con estas palabras el muchacho despertó de su ensoñación, justo a tiempo, ya que la chica había llegado ya a donde se hallaban ellos.

-Hola, que gusto verlos- saludó, provocando que Horo se sonrojara levemente al tenerla tan cerca, pero sobreponiéndose rápidamente y comenzó su parodia, la misma que había representado a lo largo de ese año, la que lo mostraba sonriente, seguro y feliz.

-Tamao que bien te ves, no cabe duda de que eres la más hermosa de toda la fiesta- le dijo.

-Tú siempre tan galante Horo, nunca cambias, pero así me agradas, no por nada eres mi mejor amigo.
El chico sintió como si lo hubieran golpeado en él estomago, sonrió débilmente.

-¿Hacía donde se dirigían?- les preguntó

-Íbamos a tomar aire al balcón, ¿vienes?- le dijo Ryu.

-No creo que sea buena idea, acabo de pasar por ahí hace un momento, justo cuando venía para acá, y vi a tu hermana, Horo, platicando con Len, no me parece propio ir a oportunar, mejor vayamos a sentarnos y a charlar un rato, en lo que logro encontrar a Yoh- y se dirigieron hacía una sillas que se encontraban cerca de ellos y alegremente se pusieron a platicar.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

La música llegaba hasta ellos, pero no parecían prestar atención, todo su mundo estaba concentrado en ellos dos.

Ella se encontraba recargada en el borde del balcón, con la mirada fija en su novio y el semblante serio, él la miraba sin emoción alguna, tratando de adivinar que era lo que pasaba por su mente.

-Lo prometiste- murmuró al fin ella, poniéndole fin al incomodo silencio.

Él se sobresaltó al escucharla, pero recobro la compostura.

-Otra vez con lo mismo Pilika- le dijo con desdén.

-Tú me lo prometiste Len, no logro entender él porque de tu forma de obrar, ¿por qué no deseas hablar de tu promesa, porque no lo has sacado a colación?- las lagrimas amenazaban con salir de sus ojos, “debo ser fuerte”, y apretó fuertemente la orilla del balcón.

-Entiende, no le encuentro sentido, esto es absurdo, además no sé en que estaba pensando cuando te dije eso, ahora porque no lo olvidas y me das un beso- y se acerco lentamente hacía ella, rodeo su cintura y sintió la suave piel de su espalda descubierta- ese vestido te sienta perfecto- le dijo mientras se inclinaba, de pronto sintió un intenso dolor en su mejilla.

Ella le había dado una fuerte bofetada, se aparto furiosa de él.

-¡Eres un descarado, un cínico y un patán!- le gritó- como te atreves a tocarme y querer besarme, cuando me acabas de decir que jamás te casaras conmigo- lo miraba con profundo desprecio.

-¡Té estas desquiciando!, ¡ Y sí, jamás voy a casarme contigo!, ¡Dime quien querría casarse con alguien como tú!- le grito con desprecio.

-Pues bien, se nota que lo nuestro no era más que atracción física, por lo menos por parte tuya, no sé como no me di cuenta antes, que ilusa fui al pensar que me amabas y que estupidez en querer pasar toda mi vida a lado tuyo, siempre fuiste así, conseguías lo que querías y luego lo abandonabas como sí fuera cualquier cosa- y agacho la mirada.

-Pues déjame decirte que de ti no conseguí mucho- dijo con profundo sarcasmo- nunca pasamos de besos y tiernas caricias, así que no creas que lo tuve todo de ti, además yo no te estoy botando, eres tú la que esta decidiendo irse- y se cruzo de brazos.

-Sí, soy yo la que se va, me voy con dignidad, de saber que no le di lo mejor que tengo a un sinvergüenza como tú, adiós Len Tao, espero que recuerdes que yo siempre te amé- y se dispuso a partir.

-¡Bien, vete!, Además, ¡Vas a regresar!, ¡Eres mía Pilika!- le grito, ella no volvió el rostro sino que salió corriendo de ahí- tarde temprano tienes que regresar-esto ultimo lo dijo en voz baja y con profunda tristeza, en realidad sí deseaba que regresara, deseaba no ser tan orgulloso e ir tras ella, deseaba no haber dicho todas aquellas palabras y en la oscuridad de la noche el dolor le gano al orgullo y lloró, como nunca antes lo había hecho.

Ella aligeró su paso, apenas era conciente de hacia donde se dirigía, se sentía sumamente dolida, el hombre que amaba en realidad nunca había sentido lo mismo por ella, quería irse, y con una vista nublada busco a su hermano por todo el lugar. Lo encontró platicando alegremente junto con Ryu y Tamao, se dirigía hacia ellos, cuando chocó inesperadamente con alguien.

-Disculpe, no me fije- dijo sin levantar la vista.

-No hay cuidado Pilika- contesto una voz varonil y dulce.

Levantó la vista y se encontró cara a cara con Lyserg.

-¿Lyserg?, ¿Qué haces aquí?- lo miraba confundida.

-Anna me invitó, me dijo que sería bueno distraerme un poco- y al notar lágrimas en sus ojos agrego- ¿Te encuentras bien?, si puedo ayudarte, no dudes en...

Fue inesperadamente interrumpido, ella se lanzó hacia él, abrazándolo por el torso mientras lagrimas silenciosas rodaban por sus mejillas, él reponiéndose de la sorpresa le correspondió el abrazo.

-Lo lamento, no debí hacerlo- le dijo al cabo de un rato.

-No te preocupes, no me has incomodado en lo más mínimo- le dijo con una sonrisa y le extendió un pañuelo- una chica tan bonita nunca debe llorar.

Ella solo se limitó a sonreír.

-Lo ves así te ves más bonita, ahora dime ¿por qué llorabas?

-Cosas tontas y sin sentido, no vale la pena recordarlo, mejor vamos con mi hermano y sus amigos, porque según me dijiste venías hacer amigos, así que vamos- lo tomo por el brazo y lo condujo hacía donde estaba Horo Horo.

Al llegar lo presentó y se unieron a la platica, sorprendiéndose al enterarse de cómo se habían conocido en París y como Tamao se convirtió en la esposa de Yoh, estaban por demás gustosos en la platica, hasta que una hermosa melodía comenzó a sonar.

-¿Te gustaría bailar?- le dijo Lyserg al tiempo que le tendía la mano.

-Claro- y le dedicó una tierna sonrisa.

Pasaron a la pista de baile y con suaves movimientos comenzaron a bailar, no notaron que alguien desde lo lejos los estaba observando.

-Bailas muy bien Lyserg- le dijo mientras recargaba su cabeza en su hombro.

-Gracias- le respondió con nerviosismo, cerro los ojos, siempre había deseado tenerla así, no quería que terminará nunca.

-¿Sabes?, he pensado en lo que me dijiste, aquel día en el parque- le murmuró

-¿Enserio?, y que has pensado- le dijo con voz anhelante.

-Que tal vez sería bueno intentarlo.

La separo un poco para mirar su rostro, no podía creer lo que estaba escuchando.

-Pero dijiste que tenías novio, que no podías.

-Hemos terminado, creo que nunca me amó. No vale la pena recordar cosas tristes- y lo miro dulcemente.

-Pues entonces pongámoslo a prueba- y la estrecho fuertemente contra su cuerpo.

Su hermano y su grupo de amigos miraban boquiabiertos la escena, no comprendían absolutamente nada, hasta que la persona de Len Tao apareció.

-Horo Horo, ¿dónde esta tú hermana?, Necesito hablar con ella- le dijo con voz fría.

-¿Ha sucedido algo entre ustedes?- preguntó Ryu con curiosidad.

-Sí, tuvimos una pelea y ella se marchó muy enojada, por eso es urgente que la vea, es necesario que me escuche- los presentes notaban su desesperación.

-No quiero ser aguafiestas, pero dudo mucho que Pilika quiera escucharte-dijo Tamao, todos voltearon a verla- No me vean así, yo solo digo la verdad y si no me creen véanlo ustedes mismos-y señaló el punto donde estaban bailando Lyserg y Pilika.

Voltearon en el justo momento cuando ambos jóvenes se fundían en un tierno beso, todos volvieron la mirada hacía Len, que se encontraba temblando de rabia, mientras que de sus ojos salían chispas de infinito odio.

-¿Quién es ese tipo?- dijo tratando de dominar el temblor en su voz.

-Es Lyserg, Lyserg Diethel- murmuro Ryu.

-Diethel- repitió, mientras recordaba al dueño de ese nombre y miraba la escena.

Y por primera vez en toda su vida sintió que el mundo se le caía.

Ahora creía que talvez en realidad Pilika jamás regresaría.

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Ajenos de todos los problemas amorosos que habían surgido en la fiesta, un grupo de cuatro personas, se encontraban sentados en unos cómodos sillones y observaban sonrientes a la multitud.

-Fue buena idea hacer la fiesta Kino- dijo un anciano señor.

-Ya lo sé Yomei, soy una persona bastante brillante- y sonrió complacida.

-Madre, ¿aún no ha llegado Hao?-dijo una señora de largos cabellos negros.

-Sí, ya llegó a de andar perdido entre la multitud junto con Anna. Yoh también ya llegó pero los señores Hiroshigue lo acapararon por completo, ha de andar también por ahí- le contestó la anciana señora.

-Keiko- dijo un hombre con mascara- Vamos a bailar.

-Encantada querido- y ruborizada partió hacía la pista de baile.

-¿Sabes Yomei?-dijo la anciana cuando la pareja de adultos sé marcharon- tengo la impresión de que algo va a suceder-se notaba preocupada.

-¿Tienes alguna idea de lo que pueda ser?

-No ninguna- dirigió su vista a todo el salón y suspiró- Esto no me gusta, no me gusta absolutamente nada.

-¿A que te refieres Kino?- pregunto curioso el anciano.

-No sé porque Yomei, pero siento que esto va acabar mal, muy mal.

Ambos se miraron con profunda tristeza.

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Estaba sentado aburrido, al fin había logrado safarse de aquellos señores y sin pensarlo le habían echado la soga al cuello al invitarlo a dar clases de piano en la academia de música, no le había quedado de otra, era eso o seguir charlando con ellos.

Miraba a la multitud, a lo lejos distinguía a su esposa charlando con Len, Horo y Ryu, de vez en vez lo miraba, le mandaba besos o le sonreía, miro a Pilika bailando con Lyserg y noto la terrible mirada asesina que les dirigía Len, entonces comprendió que aquella chica de cabellos azules era su novia, ¿pero que hacía bailando con otro?, Trato de encontrar la respuesta mientras miraba a sus padres bailar, ambos estaban sonrojados, como si fuera su primera cita en un baile escolar, sonrió al mirarlos, él también esperaba llegar a la edad de ellos completamente enamorado de su esposa, desvió su mirada y observo a sus abuelos que estaban enfrascados en una conversación bastante entretenida, luego busco con la mirada a Hao, desde que había llegado a la fiesta no lo había visto, se moría de ganas de conocer a su flamante esposa, tenía unas ganas locas de reírse en sus adentros y ver que clase de mujer se había agarrado su hermano.

Recorrió nuevamente con la mirada el lugar mientras su pie marcaba el ritmo de la canción, al no encontrarlo, desecho la idea, se estaba en realidad fastidiando, así que decidió ir hacía el lugar donde se hallaba Tamao y sus amigos, se levantó, iba ya a dar el primer paso, cuando la vio, y un choque eléctrico golpeo su pecho.

Era una mujer realmente hermosa, el vestido negro de mangas largas y pegado, mostraban una bien formada figura y la abertura en un pliegue de la falda daban a conocer que tenía unas bien torneadas piernas, tenía el cabello rubio y corto, sujetado solamente con una orquídea blanca en uno de los lados.

Inexplicablemente, se quedo ahí, mirándola, era la mujer más hermosa que había visto en toda su vida.

Anna se encontraba sola, su marido estaba platicando con uno de sus primos y ella se había quedado sentada esperando su regreso, ya que entre tanta gente no lograba encontrar a sus amigos.

Pensaba acerca de su matrimonio, desde la ultima vez que pelearon ya no habían vuelto a hacerlo y eso estaba bien, recordó que Hao le había pedido perdón de rodillas, hablaron y lograron aclarar las cosas, ya no creía que casarse con él había sido un error, ella nunca cometía errores, ella siempre tenía la razón y por lo menos en las dos semanas pasadas no habían vuelto a pelear y todo marchaba con absoluta armonía.

A pesar de estar inmersa en la profundidad de sus ideas, noto la fuerza de una mirada, levanto la vista y encontró al dueño de esa mirada.

Su corazón dio un vuelco en su interior cuando lo miró, era un hombre joven de cabellos castaños. Sus miradas se encontraron y cuando lo hicieron fue como si dos espadas hubieran chocado.

Yoh notó como una extraña sensación se apoderaba de él, poco a poco se iba perdiendo en esos ojos negros, en esa mirada profunda.

Anna sintió como el tiempo se congelaba mientras miraba esos ojos llenos de paz que la contemplaban, entonces se dio cuenta, el chico era idéntico a Hao, con la excepción de que tenía el cabello corto y una expresión despreocupada, su cuerpo era un poco más delgado que el de su esposo y su vestidura era un tanto fachosa, la camisa desabotonada hasta el tercer botón y sin fajar, el pantalón de vestir negro y un saco del mismo color eran su atuendo.

“No puede ser él, ¿o sí?”

Como si ella ejerciera un poder magnético sobre él, se fue abriendo paso poco a poco entre la multitud para llegar a donde ella se encontraba, Anna empezó a sentirse nerviosa y no sabía por qué, “Él es el hermano de Hao, estoy segura”.

Cuando llego frente a ella, su mente estaba totalmente averiada, ella se levantó de su asiento para quedar frente a él, sus corazones palpitaron al mismo tiempo y con la misma furia, y cuando sus miradas volvieron a cruzarse, sintieron que no había nadie más en ese lugar, solo ellos dos, que el tiempo era eterno y que no deseaban despertar del sueño, si es que en realidad era un sueño.

-Veo que ya conociste a mi esposa, Yoh- dijo una voz sacándolos de su ensoñación.

Ambos volvieron su vista hacía de donde provenía la voz, parado, cerca de ellos, Hao Asakura les sonreía animado.

-¿Tu... esposa?- murmuró sorprendido y volvió a mirarla una vez más, no lo podía creer, esa belleza de mujer era la esposa de su hermano, ella era de quien se iba a burlar, esta vez Hao no había exagerado.

-A sí es- la tomo de la mano y la acerco a él- Anna te presento a mi hermano Yoh.

-Mucho gusto-susurró, se miraban confundidos, a pesar de que ella ya lo sabía no pudo evitar sorprenderse, ya que la había hecho sentir diferente, había provocado que su corazón latiera violentamente, había averiado tanto su mente en tan breves minutos.

-El gusto es mío- y sonrió.

Ella se estremeció cuando lo miro sonreír, al parecer todos tenían razón, era una persona tan tranquila, tan mística, “ No, yo nunca me equivoco”

-Yoh, los chicos desean hablarte- dijo una voz atrás de él.

Tamao había llegado y miraba con curiosidad.

-Ah, Permítanme presentarles a mi esposa, Tamao, él es mi hermano y ella su esposa, solo es formalidad, ya que tú ya los conocías.

Anna se sorprendió en extremo, Tamao, la misma que le había llamado años atrás era la esposa del gemelo de su esposo.

-Anna, que gusto verte, que casualidad que ambas nos hayamos casado con un Asakura, ¿No crees?- le dijo mientras abrazaba a Yoh.

-Sí, que sorpresa.

-Entonces ¿ustedes ya se conocían?- preguntó Hao.

-Sí, fuimos juntas a la escuela y no asistí a la boda porque fui a estudiar a Francia, donde conocí a Yoh- contesto sonriendo Tamao.

-Pues que pequeño es el mundo, ¿verdad hermano?

-Sí muy pequeño- murmuro mientras él y Anna se miraban aún sin comprender.

Ambos sentían correr por sus venas una fuerza extraña, era como sí de repente se hubieran reconocido, como si se hubieran estado buscando durante toda su vida o se hubieran conocido desde tiempo atrás, era como sí ellos hubieran sido puestos en el mismo lugar para aprender el significado de la palabra amar.

Pero esos pensamientos fueron borrados por las voces de sus parejas y cada quién se fue con la suya, pero aún cuando se marchaban, les fue imposible evitar voltear y seguir contemplándose.

Se miraron por ultima vez, antes que la multitud los envolviera y los sumergiera nuevamente en su antiguo mundo.

El mundo que ambos habían decidido crear.

El mundo donde no existían los errores, donde el amor es una simple ilusión.

CONTINUARA...

CAPITULO 10: Conflictos.

Llegó al gran edificio, iba decidido, tenía que cambiar esa molesta situación, ese continuo malestar que le impedía seguir adelante y que le robaba la felicidad, al fin de cuentas nadie iba a enterarse, nadie, ni siquiera ella, nunca se enteraría que fue él.

Entró y fue saludado con el respeto que sabía se merecía, fue rápidamente conducido a la oficina del dueño de la empresa, pasando por elevadores y miradas curiosas, un asistente personal lo condujo hasta la entrada de la oficina, la secretaría lo anunció y en breves instantes se encontraba frente a uno de los más destacados empresarios del Japón.

-Señor Asakura, que grato es verlo- dijo un hombre de baja estatura y mirada chispeante.

-Vamos, Manta, amigo, conmigo no uses esas ridículas formalidades-le contestó el otro.

-Esta bien, ahora dime, a que debo la grandiosa visita de Hao Asakura en este viejo y aburrido edificio-y se levanto de su asiento tras el escritorio- pero siéntate, ¿quieres algo de beber?, ¿Un cigarrillo?, Dime cuales son tus deseos y yo con gusto tratare de cumplírtelos.

-No no deseo nada en especial, solo una cosa, que espero estés dispuesto a cumplir- y le miro de manera misteriosa.

-Esa mirada, no me agrada, pedirás algo que seguramente no me gustará- y volvió a ocupar su asiento- Al grano Hao.

-Lo que te pido es que despidas a mi esposa- le dijo de manera tajante.

-¿Qué?-gritó- ¿quieres que despida a tu esposa?- Manta no entendía absolutamente nada- Hao puedo cumplirte todo menos eso-suspiró y continuó- Anna es un elemento importante en la empresa, es una gran abogada, a sacado de mil apuros legales a la compañía, ¿por qué tendría que despedirla?- se incorporó de su lugar y se dirigió hacia el gran ventanal que daba hacía la ciudad- dame una buena razón.

-Porque su trabajo esta acabando con mis nervios y no esta atendiendo sus deberes como esposa, no me atiende como me merezco.

-Otro de tus ataques de egocentrismo- se volvió hacía él- Hao no puedo cumplirte tus caprichos, solo porque ella es exitosa y tu ego no te deja en paz, no puedo despedirla-comenzó a pasearse de un lado a otro- entiéndeme, no puedo despedir al miembro más importante de la empresa.

-No es egocentrismo, además tu le debes mucho a los Asakura, Manta, sino fuera por mi familia, estarías en la calle- y lo miró engreídamente.

-Lo sé, sé que le debo mucho a tu familia-comenzaba a ponerse nervioso, sabía de sobra que sí Hao se lo proponía las acciones que sostenían a su empresa se irían volando por la ventana- Solo deseo que entiendas que voy a perder mucho y solo por un acto de vanidad por parte tuya.

-Perderás más sino cumples lo que te pido- y se puso de pie, para que el hombre viera que tan pequeño era a su lado, no solo en estatura, sino en poder- Sabes de sobra que no me ando con rodeos, y también sabes que una palabra mía bastará para que mis acciones salgan de tu empresa, con las de Yoh no sobrevivirás por mucho tiempo- y rodeándolo agregó- pero soy un negociante y soy tu amigo, claro recibirás algo a cambio de tu pequeño favor.

-¿qué?- dijo el otro asustado y alejándose velozmente de él.

-Lo que pidas, yo solo pido que salves mi matrimonio, Anna no extrañara a la empresa, además ya le tengo una nueva actividad, claro, en casa.

El pequeño Manta medito unos instantes, negarle algo a Hao, era meterse con el diablo mismo.

-Entonces, ¿me darás todo lo que yo pida?

-Por supuesto, esta vez yo seré la fuente de tus deseos- y nuevamente se sentó.

-Quiero un elemento igual o mejor que Anna- y un brillo apareció en sus ojos.

-Nada más, eso es fácil, hay miles de personas que suplirían de maravilla a mi esposa- se puso de pie- bueno sí eso es todo, yo me des...

-Y quiero- lo corto el hombrecito- un par de boletos para el concierto de tu hermano, veras, pronto será el cumpleaños de mi hija, y con tanto trabajo olvide comprarle un obsequio, el cual era precisamente eso, unos boletos para ir a ver al gran Yoh Asakura.

Hao sonrió tranquilamente.

-Ten por seguro que tu hija tendrá esos boletos, claro está, si yo obtengo lo que pido, ahora sí me disculpas, tengo asuntos pendientes, fue un placer negociar contigo Manta Oyamada- y salió orgullosamente.

Manta Oyamada se dejo caer en el diván cercano a su escritorio, respiro aliviado e incorporándose tomo el teléfono.

-Señorita Megumi, llame a la señora Anna Asakura, la quiero en mi oficina ya, necesito hablar con ella, es urgente.

Ahora enfrentaría a una furia casi igual o peor que la de Hao.

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“¿Qué me pasa?, No logro entender esta sensación tan extraña, a pesar de que pasan los días y la conozco más a fondo y veo en ella a una persona fría y estoica, enojona y mandona, no logro sacar esta terrible sensación que esta carcomiendo mis sentidos, me esta haciendo dudar terriblemente y eso no me gusta, esta desatando emociones que ni yo mismo conocía- meneo ligeramente la cabeza, como tratando de apartar un mal pensamiento- No eso no es posible, yo quiero a Tamao, estoy casado con ella, lo que esa mujer provocó solo fue una terrible visión, una fugaz ilusión, lo que sentí cuando la vi fue simple atracción, vamos Yoh, reacciona, no te dejes llevar por una primera impresión, además será muy hermosa, pero tiene el genio de una fiera enjaulada, una mirada tan fría y una manera tan cortante de tratarme, se nota a leguas que me detesta, que me odia de manera inimaginable, ya me habían dicho que ella no me tragaría, mi madre me mencionó algo al respecto, sé que me tiene celos o algo así, pero por lo menos debería de fingir en mi presencia, no que me trata con la punta del pie, me contesta tan cortante y de manera tan tajante, además es altanera, orgullosa, prepotente, geniuda, mandona, engreída, pedante y presuntuosa, ella no tiene ni la mitad de lo que mi querida esposa tiene, como compadezco a mi hermano, que debe soportar a ese energúmeno de mujer, y hablando de mi hermano el me pidió algo esta tarde pero ¿que era?, Dijo que era importante, en realidad fueron dos cosas y a las dos dije que sí, ¿pero a que dije que sí?, Si tan solo no hubiera hablado a la hora de la comida le habría puesto más atención, a ver, tratemos de recordar, una era acerca de..., creo que eran unos boletos, ¡Ah, ya recuerdo!, Me pidió dos pases dobles para el concierto de dentro una semana, los cuales ya le envié y lo otro, ¿qué era?, Mencionó algo de su casa, un piano, ¿no sabía que Hao tuviera un piano?, A él nunca le gustó la música, ¿por qué tendría un piano y especialmente en su casa?, Ah, también dijo algo de unas clases particulares, supongo que de piano, pero, ¿será que a estas alturas de su vida se halla decido a estudiar música?, Pero según sé esta muy ocupado, entonces ¿a qué hora estudiaría y practicaría?, Dijo algo de en las tardes, a ver atemos cabos, se trata de unas clases de piano en las tardes en casa de Hao, pero ¿a quien demonios le voy enseñar, sí Hao esta siempre ocupado?”

-Profesor, disculpe señor, pero no me sale el solfeo.

-¿Qué?, Perdón, no te escuche- la voz de un muchachito lo sacó de sus pensamientos.

-Dije profesor que no me sale el solfeo, ¿podría ayudarme?- dijo un tanto molesto el jovencito.

-Claro Ken, vayamos al piano y te mostrare como hacerlo- y se dirigieron al gran piano de cola blanco- mira es sencillo, deja que el sonido te atrape, mira así- y comenzó a hacer el solfeo, que tocado por él parecía música bajada del mismo cielo-¿ lo ves?, Es fácil, ahora tú- el muchacho obedeció y comenzó a tocar y si bien no sonó igual
que a lo que había tocado Yoh, por lo menos no estaba tan mal.

-Muy bien jóvenes, la clase terminó pueden irse a casa y recuerden practicar, la próxima semana tendremos examen de solfeo, así que practiquen y pónganle esfuerzo, Japón desea buenos pianistas, hasta luego.

Los muchachos salieron estrenduosamente del salón, dejando a Yoh solo, quien se sentó en un banco próximo.

“No sé como me deje convencer, darle clases a niños es un gran suplicio, sino fuera porque me gusta trabajar con ellos y les tengo enorme paciencia, ya hubiera enloquecido, pero aquí tengo mucho potencial, muchos serán grandes artistas, no por nada están en la Nacional de música, pero estaba tratando de resolver un enigma- miro su reloj- todavía es temprano, dudó que Tamao ya halla llegado, así que, tocare un poco, a ver si con la música logro recordar”

Se incorporó y se dirigió hacía el piano, se sentó y comenzó a tocar la sonata para piano no. 32 de Beethoven.

“Esto es tan relajante, esta pieza es muy buena para calmar los nervios, es tan maravillosa y magnifica, es tan hermosa, con su cabellera rubia, su piel tan pálida, sus labios tan rojos que piden un beso a gritos, su figura tan soberbia y tan perfecta, Anna, Anna- cerró los ojos y suspiro, de repente un sobresalto lo acogió- pero ¡por dios!, ¿Qué estoy diciendo?, No, no y no, esa mujer es un demonio, no tiene nada que ver con esta melodía, ella es una egoísta, una persona que me odia, una alzada, una egocéntrica, una orgullosa- de pronto un repentino recuerdo abrazo a su mente- Anna, Anna- dejo de tocar, y coloco de manera desesperada su mano en la frente- No puede ser, es a ella, a ella es a quien le voy a dar clases de piano por las tardes, ya recuerdo, Hao dijo que Anna deseaba aprender a tocar el piano, ¡No puede ser, voy a darle clases a la mujer que me odia con toda su alma!, Pero no puedo retractarme ahora, a esta hora mi hermano ya le habrá dicho a su odiosa mujercita que yo he aceptado, pero ¿cuando es la primera clase?- se levantó y camino nervioso por todo el salón- ¡es cierto!, Es el viernes a las dos de la tarde, ¡maldición!, Estoy atrapado, completamente atrapado.”

Y era verdad.

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Estaba completamente furiosa, no lo podía creer, la habían despedido y sin ninguna justificación, de todas las personas que trabajaban en esa compañía, tenía que ser ella parte del recorte de personal, era tan humillante, trabajar tan duro para llegar hasta ahí y todo para que, para que de buenas a primeras, el enano cabezón de su jefe la despidiera.

Cuando llego a su casa se encontraba aún molesta, pero trato de dominar su rabia, se paro frente a la puerta y contó hasta diez antes de entrar, y cuando lo hizo el enojo se convirtió en sorpresa al ver una deliciosa cena sobre la mesa y a su esposo que la esperaba elegantemente vestido.

-Vaya, hoy has llegado temprano- le dijo mientras le daba un tierno beso en la mejilla.

-Hao, ¿qué significa todo esto?, ¿Que se supone que celebramos?- le preguntó mientras dejaba su portafolio sobre el sofá.

-Celebramos que me ascendieron de puesto en el despacho-y sonrió- y tú ¿qué tal tu día?- al decir esto sus ojos lanzaron un fulgurante brillo.

-Pues veras, ese tonto de Oyamada me despidió, puedes creerlo me corrieron, ¡yo que he hecho tanto por esa compañía!, Me esforcé tanto y todo lo que me regresa esa odiosa empresa es un adiós señora Asakura, fue un placer haber trabajado con usted- y se dejo caer de manera desalentadora en el sillón.

-Vamos, querida, no te desalientes, además ya era hora, ese trabajo te absorbía demasiado, te impedía tratarme como me merezco, pero ahora será diferente, alégrate, ahora podrás ser una buena esposa- y le sonrió cariñosamente.

-Pues al parecer, en vez de molestarte te alegra mi tragedia, pero esto no durará mucho, mañana mismo pienso buscar otro trabajo, vamos a cenar, la cena se enfría- e incorporándose se dirigió al comedor.

Cenaron en silencio, Anna estaba tan molesta, ya no solo por su despido sino por la falta de apoyo de su pareja, quien se alegraba de su despido, muy en su interior sospechaba que él había tenido que ver con su partida de la compañía Oyamada.

-Anna-le llamó cuando ella estaba a punto de partir hacía su habitación- ven siéntate, tengo que decirte algo.

Ella obedeció y se sentó a su lado en el cómodo sillón.

-¿Sabes?, He estado pensando, ¿por qué no mejor te tomas unas vacaciones?, Tómate, ¿cómo lo llaman?, ¡Ah!, Sí, un año sabático, en él puedes aprender otras cosas, algo artístico, algo cultural, yo te pagaré las clases y puedes tomarlas aquí mismo en la casa, ¿qué te parece?- y la miró con dulzura.

-Hao sabes de sobra que me molesta de sobremanera depender de alguien, no puedo permitir que me pagues clases de algo, sea lo que sea, además no quiero, deseo trabajar- y lo fulmino levemente con su mirada.

-Anna deja de ser tan orgullosa, y hazme caso, por una vez en tu vida trata de darme gusto ¿quieres?- y la abrazo fuertemente.

-Esta bien- dijo resignada, no quería discutir, no deseaba volver a pelear, no cuando todo estaba marchando de maravilla.

-Pues bien, tomaras clases de piano, estoy seguro que Yoh aceptara gustoso- dijo sonriendo.
-¿Qué?, clases de piano- no pudo evitar gritar- yo no dije que quería tomar clases de piano y mucho menos con tu hermano, yo deseo tomar clases de pintura, creo que es relajante y...

-Ya lo he decidido-la interrumpió- estudiaras piano, no puedes desairar a Yoh, yo pagaré esas clases, así que yo decido que estudiaras y he dicho que aprenderás a tocar el piano y eso es lo que harás, creo que es una buena idea, ya he comprado el piano y acondicioné una de las habitaciones para que ahí tomes tus clases, no deseo escuchar ni una sola protesta, no tengo ánimos para discutir y arrebatir tus infantiles argumentos, me voy a la cama te espero arriba- y subió directo hacía su habitación.

Sí bien antes había estado molesta, ahora estaba furica, no podía creer que Hao hubiera arreglado de esa manera su vida, se había impuesto aún en contra de sus deseos, y ahora estudiaría piano y con la persona con la que jamás hubiera tomado clases, con su cuñado.

Su apatía hacía él había crecido con el paso del tiempo y a la par de conocerlo, le molestaba su eterna sonrisa, su mirada cálida y llena de paz, su forma tan mística de ser, su forma tan confiada y tan segura de hablar, como odiaba al mentado Yoh, y no había hecho nada por demostrar lo contrario, y ahora tendría que pasar la mayor parte de la tarde con él.

Suspiró, en realidad lo odiaba por otra razón, no podía olvidar la deliciosa sensación que le hizo sentir aquella noche, soñaba cada noche con esa mirada que penetraba su espíritu, detestaba que hubiera despertado en ella sentimientos tan variados y tan contradictorios, había llegado a cambiar su mundo de manera tan repentina, ahora no podía dejar de ponerse nerviosa cada vez que lo veía, cada vez que sin querer se rozaban la hacía estremecer y cuando la miraba sentía que le desnudaba por completo el alma, no podía evitar pensar en él, y eso no le agradaba en lo absoluto, ella era feliz antes de su llegada, no entendía el porque había tenido que venir él a destrozar su mundo, confundiéndola y haciéndola sentir tan diferente.

Y ahora pasaría la mayor parte del tiempo con él, y si bien antes se había reprendido ella misma al notar que comparaba demasiado a Yoh con Hao, ahora con su cercanía lo haría más.

Percibía que al conocerlo más, su confusión se aclararía, sí, tal vez sería buena idea, lo más seguro es que de verdad conocería su verdadero yo y así descubrir que en verdad le desagradaba, solo así sentía que ella tenía el control, cuando alguien más era el que en verdad lo tenía.

CONTINUARA...

CAPITULO 11: Bajo la lluvia del corazón.

La seguía, desde hace cuatro cuadras atrás, tratando de encontrar el momento preciso, el momento exacto para abordarla, para hablar, deseaba que lo escuchara, anhelaba con toda su alma que ella lo volviera a mirar.

Ella se detuvo frente a un escaparate y él vio en ese momento la oportunidad que tanto esperaba, lentamente se acercó a ella y justo cuando sus labios iban a pronunciar palabras, ella suspiró y se retiró del lugar, él no resistió más esa molesta situación, nunca se había comportado de esa forma tan estúpida, pero ahora comprendía que haría cualquier estupidez con tal de volver a tener a su lado a esa mujer.

Logró alcanzarla en un instante y tomándola de un brazo la obligo a detenerse.

-Pilika, por favor, escúchame- comenzó.

Ella se volvió para mirarlo, en sus ojos había un frío destello y su rostro se mantenía serio.

-No tenemos nada de que hablar, Len, así que por favor suéltame y déjame en paz- y logró safar de un tirón su brazo e inmediatamente comenzó a caminar.

Él logro alcanzarla nuevamente y adelantándose se interpuso en su camino.

-Es necesario que me escuches, por favor, solo esta vez, debemos aclarar lo que sucedió aquella noche- su voz denotaba suplica y una amarga desesperación.

-Ya te dije que no hay nada que decir, ni que aclarar, que pretendes, volver a hacerme daño, no Len, ya no más-lo miraba de manera inflexible- ahora, sí no es mucha molestia, podrías quitarte de mi camino-y empujándolo levemente trato de apartarlo, él reacciono tomando nuevamente su brazo y la forzó a mirarlo a los ojos.

-Quiero que me escuches, no puedes dejarme así como así, ni cambiarme de buenas a primeras por un pelmazo cualquiera, eres mía Pilika, aún me amas, lo veo en tus ojos, no me resigno a que te hayas marchado, me perteneces, eres mía, solo mía.

-Lo ves, nunca vas a cambiar- y sé soltó-sigues siendo el orgulloso de siempre, no soy un objeto Len y no soy de tu propiedad, soy libre de ir a donde yo quiera y estar con quien me plazca, una vez yo estaba dispuesta a ser tuya, pero tú te negaste, así que deja de comportante de esa manera tan arrogante y déjame en paz de una buena vez- y comenzó a alejarse de él.

-¡Pilika!- le grito- ¡regresa!- y bajo la voz- te necesito, regresa por favor.

Pero ya era tarde, ella se había marchado, se alejó, dejándolo, sin haberle permitido explicarle, pero él no podía resignarse, no podía, pediría ayuda y bien sabía con quien acudir.

Dio media vuelta y cruzó la calle, le hizo la parada a un taxi y se dirigió hacia casa de Horo Horo.

Llegó alrededor de las dos de la tarde, toco el timbre y la figura somnolienta de Horo salió a abrir la puerta.

-¿Len?- dijo tallándose los ojos-¿qué demonios haces aquí y a esta hora?

-Me vas a dejar pasar ¿o que?- le contesto fríamente- Además holgazán ya son las dos con diez.

El otro muchacho abrió enormemente los ojos y miro el reloj de pared, era cierto, ya era muy tarde, él otro chico aprovechó este momento de sorpresa para pasar a la pequeña estancia, a Horo Horo solo le quedó cerrar la puerta.

-Pues bien, ¿a qué debo el honor de tu visita?- comenzó mientras se sentaba en el mullido sofá.

-Necesito que me ayudes- le dijo el otro y al ver su cara de sorpresa agregó- ¿qué té pasa, porque pones esa cara de imbécil?

-Es que jamás imagine que llegaría este momento- y sonrió complacido- el orgulloso Len Tao me pide ayuda.

-Horo Horo déjate de niñerías y contéstame, vas ayudarme ¿sí o no?- dijo el otro con una mueca de despreció, su ex cuñado tenía razón, él tampoco se había imaginado el momento en el cual tendría que pedirle ayuda.

-Todo depende de que se trate y cuanto pueda hacer- y se levantó del sofá- voy por una taza de té, ¿quieres que te traiga una?, Te ves muy tenso.

-No, no quiero nada, gracias- se sentó y cruzó sus brazos.

-Bien, dime ¿de qué se trata?- le dijo Horo volviéndose a sentar y dándole un sonoro sorbo a su té.

Len no pudo evitar hacer una mueca de asco y Horo al parecer, disfrutaba haciéndolo rabiar.

-Se trata de tu hermana- comenzó muy despacio Len- Quiero que me ayudes a hablar con ella.

-¡Uy!, Eso va estar bien difícil, Pilika no quiere saber nada de ti.

-Has el intento, por favor, necesito que me escuche, necesito explicarle- y comenzó a temblar levemente.

Horo Horo dejó la taza en la mesa del centro y sonrió un tanto amargamente, comprendía a la perfección los sentimientos de Len.

-Mira Len, yo no sé ni me interesa que haya pasado esa noche, eso solo es cosa suya, pero sí te puedo decir que mi hermana esta sumamente enfadada y no desea ni verte, ni hablarte y mucho menos escucharte, yo podría hacer algo, pero sería meterme en terreno peligroso.

-Entonces, ¿no vas a ayudarme?- dijo con voz desesperanzada.

-Te voy a confesar que me sorprende mucho esta actitud de Pilika- y volvió a tomar de su té- nunca la había visto tan molesta y tan terca, déjame decirte que intente por todos los medios que hablara contigo, pero se negó rotundamente, así que, esto lo deje por la paz, comprendí que este asunto les concierne solamente a ustedes.

-Entonces, ¿no vas a ayudarme?- volvió a repetir y el brillo de sus ojos se apagó.

-Y ahora ella sale con Lyserg, ese chico es un buen muchacho, y mi hermana se ve tan contenta, que no creo que ni tú ni yo debamos interponernos en su felicidad, ambos la amamos y siempre he sabido que cuando se ama de verdad lo importante es la felicidad del ser amado, aunque nos duela o creamos que lo que esa persona quiere no sea lo que mejor le conviene- sus palabras sonaron amargas, él más que nadie comprendía el significado de sus expresiones.

-No vas a ayudarme, ¿verdad?- y se puso de pie, lentamente se dirigía hacia la puerta.

-Lo lamento, pero no puedo, no debo meterme en los asuntos de mi hermana- y al ver a Len abrir la puerta le dijo- sí de verdad la amas déjala que sea feliz, sé que duele y tal vez con el tiempo lo superes, trata de rehacer tu vida y deja a mi hermana en paz.

Len se limitó a asentir con la cabeza y salió, jamás pensó que Horo se negaría, ahora tendría que recuperar a Pilika él solo.

No haría caso de las palabras de su amigo, él nunca se resignaría, tenía que luchar por su felicidad, amaba a esa mujer y sabía que ella a él, no, nunca le cedería a Pilika a ningún otro.

La lluvia caía internamente sobre su corazón, ella regresaría, no sabía como le haría, pero ella volvería y se quedaría con él para siempre.

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-¡Que sorpresa!, Me da gusto verlos-dijo una joven de cabellos rosados mientras se dirigía hacía la mesa donde se encontraban dos muchachos charlando.

-El gusto es nuestro, vamos Tamao toma asiento- dijo uno de ellos y se levanto para acercarle una silla.

-Muy amable- se sentó- bien, ¿qué hacen aquí?

-Venimos a comer, me encontré con Ryu por casualidad en el centro, platicamos un rato y cuando nos dimos cuenta ya era hora de la comida, así que decidimos venir a este restaurante- y el joven de verdes cabellos le sonrió.

-Y tu Tamao, ¿qué te trae por estos rumbos?- le pregunto un chico peculiarmente vestido.

-Aquí trabajo, saluden a la chef de este restaurante- dijo haciendo una graciosa pose de comercial.

Ambos chicos rieron de buena gana.

-¿de que se ríen, acaso no me creen?- pregunto confundida.

-No es eso Tamao, es que hiciste una pose y pusiste una cara, que... - trato de tranquilizarse- bueno, no importa, es todo un honor tener en nuestra mesa a tan buena chef.

-Lyserg Diethel, eres un adulador- e hizo un gesto gracioso.

-Bueno, bueno, sí eres la chef, ¿por qué no estas en la cocina trabajando?- le preguntó el chico de largo copete.

-Sucede Ryu, que solo trabajo medio tiempo, veras, los martes y jueves trabajo hasta el medio día y los demás días estoy hasta que cierra el restaurante, a eso de las ocho, y como hoy es viernes me toca trabajar hasta en la noche, solo que parece que llegue muy temprano- consulto su reloj- son las dos y media, yo entro a las tres.

-Vaya, pues pasa el tiempo que te sobra con nosotros y dinos, ¿cómo esta Yoh?- pregunto Lyserg.

-Bien, esta trabajando en la escuela de música, le da clases a los niños, y ahora le dará clases también a la esposa de su hermano.

-¿y te da tiempo de verlo?- le preguntó Ryu.

-Sí, él trabaja en las tardes, así que lo veo al medio día, excepto dos días a la semana que lo veo en la noche, él llega a casa a eso de las 10, por sí algún día gustan ir a visitarnos- y les sonrió.

-Gracias, lo tomaremos en cuenta- contestó Ryu con ojitos soñadores.

-Y, Lyserg, cuéntame, ¿cómo vas con Pilika?

-Bien, al parecer la relación marcha de maravilla, Horo es un gran chico y me permite verla a altas horas de la noche, me siento muy contento, ya que es la primera vez que salgo con alguien y era justo con ella con quien siempre había deseado tener una cita- y se sonrojo débilmente.

Los otros dos sonrieron abiertamente.

-¿Y no has sabido nada de Len Tao?- le preguntó Tamao, la sonrisa del chico desapareció y su rostro se ensombreció.

-No, nada y espero que por el bien de todos se aleje de mí, de Pilika y de nuestra relación, él le causo mucho daño a ella y ruego fervientemente por que se lo haya tragado la tierra- su mirada destellaba rencor.

Tamao y Ryu se miraron sorprendidos y decidieron callar, Lyserg no tenía porque enterarse que Len aún rondaba a Pilika, se veía tan contento que era preferible que siguiera creyendo que Len se había resignado, aunque no fuera cierto.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Miraba constantemente el reloj, cada minuto de espera le parecía una eternidad, una eternidad llena de nervios y fastidio.

“Que desconsiderado, llegar tarde a mi primera clase, ¿qué tipo de profesor es?”

Estaba sentada en el sofá, movía insistentemente su pie, no podía entender él porque se sentía tan nerviosa, sonaron las tres y junto con las campanadas de su reloj el timbre de la puerta sonó.

“¡Dios mío, ya llegó!- se dirigió al espejo más cercano que tenía-“¿me veo bien?, ¿No estaré muy despeinada?, Pero que diablos, no sé porque me preocupo por mí aspecto, si solo es mi cuñado, pero, ¿le pareceré bonita?, Anna, por Dios, deja de pensar estupideces”- llamaron con más insistencia.

-Ya voy, ya voy- se detuvo frente a la puerta, tomo aire y abrió.

Frente a ella, un joven despreocupado apareció, llevaba puesto una camisa negra semiabrochada y un pantalón de mezclilla azul y el aire jugaba con su desordenada cabellera, Anna no pudo evitar quedarse boquiabierta y sonrojarse levemente, se veía tan atractivo y varonil, pero al darse cuenta de la molesta situación en la que estaba, aparto esos terribles pensamientos de su cabeza y la fría Anna de siempre, apareció.

-Pasa, buenas tardes- le dijo de manera indiferente.

-Gracias, en verdad lamento llegar tarde, pero tuve...

-No necesitas explicarme nada Yoh, a lo que viniste, por aquí esta el piano- y lo invitó a que lo siguiera.

Yoh soltó un leve resoplido, “ y pensar que estaré con ella por tanto tiempo, es insoportable”.

Llegaron a una pequeña pero espaciosa habitación, en ella se encontraba un bonito piano negro, la luz entraba a torrentes por las grandes ventanas con cortinas azules, Yoh se acercó al piano y lo toco con suavidad, era una belleza, toco unas breves notas y comprobó que estaba bien afinado.

-Bien, pues siéntate- y señalo un lugar junto a él.

Anna se quedo parada completamente pasmada, “pretende que compartamos el banco”

-¿Sucede algo?- pregunto un tanto preocupado, al notar que ella no se movía y lo miraba fijamente.

-Sí, sucede que el banco es muy pequeño como para que quepan dos personas- dijo molesta.

Yoh miro el banco y se sorprendió al comprobar que ella tenía razón, bueno en realidad si cabían dos personas pero muy juntas una de la otra.

-Yo no puedo hacer nada, a menos que nos alternemos, yo te enseño primero y tú observas de pie, y luego cambiamos y así sucesivamente- dijo despreocupadamente.

-No, mejor no, perderemos mucho tiempo- y con paso decidido se acercó y con mucha seguridad se sentó.

-Supongo que te sabes las notas, do, re, mi, fa...

-Por supuesto que sí, que crees que estoy idiota- lo interrumpió al tiempo que lo miraba ofendida.

Yoh solo suspiro cansado, iba ser más difícil de lo que había pensado.

-No, yo no creo eso, bien, en el piano se toca así- y comenzó ágilmente a sonar las notas una por una.

Inevitablemente al levantar el brazo para tocar, rozo la suave piel de Anna, provocándole un delicioso escalofrío en su interior, ella, por su parte se estremeció con el contacto.

-Ahora tú- dijo un tanto nervioso, la cercanía de la mujer le estaba estropeando la mente.

Ella lo miró fijamente y su mano temblorosa se poso en las teclas y un tanto torpemente hizo lo que le pidió.

-Eso ha estado bien- la felicito al tiempo que le regalaba una sonrisa sincera, ella volvió el rostro hacia otro lado al notar que se sonrojaba inevitablemente.

-¿te molestaría si voy por un vaso de agua?- le pregunto tratando de disimular el temblor en su voz.

-No, claro que no, yo te espero- le respondió él volviendo a sonreírle.

Se levanto del asiento con mucha prisa y camino con pasos rápidos, “pero ¿qué me esta pasando?”. Él por su parte la miraba confundido, y no pudo evitar mirarle las piernas y su manera de caminar, “ese vestido rojo le sienta muy bien”.

Sirvió dos vasos de agua y trato de tranquilizarse, “Otra vez esa maldita y extraña sensación” y volviéndose a armar de valor regresó a donde él se encontraba.

Yoh miraba todo a su alrededor, tratando de olvidar la deliciosa sensación que sintió cuando su piel tocó la de ella, pero por más que intentaba, no podía, esto era algo más fuerte que su fuerza de voluntad o que sus pensamientos concientes.

-Ya regresé, toma- y le extendió de manera violenta el vaso.

-Gracias, no te hubieras molestado- trataba de parecer amable.

-No quiero que pienses que soy una grosera- le dijo con frialdad.

-Bueno, pues veremos ahora el..., ¿pero que estas haciendo?- gritó al ver que Anna colocaba el vaso encima del piano.

-¿Qué estoy haciendo de que?- y ella también le gritó.

-No deberías hacer eso, el vaso puede volcarse por las vibraciones y arruinar las cuerdas del piano- la miraba completamente indignado.

-Pues para lo poco que me importa, además yo ni siquiera quería tomar estas ridículas clases- dijo mordazmente.

Yoh se levantó molesto del banco.

-¿Sabes?, ¡Yo tampoco quería darte clases!, Ya sabía yo que esto no funcionaría, además no sé de que estas hablando, Hao me dijo que tú deseabas aprender- y trato de serenarse.

-¿A sí?, pues él a mí me dijo que tu estabas encantado con la idea- y lo miro confundida- No puedo creerlo...

-¡Nos engaño a los dos!- gritaron al unísono.

Se miraron confundidos, Yoh por su parte respiro profundo y volvió a sentarse.

-Que te parece si empezamos de nuevo-le dijo tranquilamente mientras sonreía.

Ella se turbó al escucharlo, estaba molesta, su marido la había engañado cruelmente, ahora comprobaba sus sospechas, Hao había tenido que ver con su injustificado despido, y no solo eso, sino que también había engañado a su tan querido hermano, pero por más que lo analizaba no podía entender porque Yoh no estaba molesto mientras que ella libraba en su interior una batalla con su rabia contenida.

-Yoh, dime ¿por qué diablos no estas molesto con toda esta situación?- le grito, un poco de furia salió.

-¿Porque tendría que estarlo?- le contesto de manera tranquila.

Esta reacción provoco que la ira de Anna se incrementará y se desbordara de manera inevitable.

-¡No puedo creerlo!, Tu hermano nos engaño a ambos y tu estas tan tranquilo como si nada hubiera pasado- comenzó a pasearse violentamente por toda la habitación- No es posible que te prestes a los caprichos de Hao, ¡no puedo creer que me haya engañado de esa manera!

-Anna, trata de calmarte, Hao siempre ha sido así, por eso no me molesta- le dijo despreocupadamente.

Ella se detuvo y lo miro perpleja, no entendía como alguien podría ser así, con tanta tranquilidad y despreocupación, alguien que llevaba un aura de paz en su interior.

-Vaya, así esta mejor, ahora dime, ¿te gustaría continuar?, Claro sí no quieres no, yo no te puedo obligar- y la miro tiernamente.

Anna se acercó lentamente y se sentó de la misma manera, “calmo mi furia con tan solo unas palabras y una mirada, nunca conocí a nadie así”.

-Sí, deseo proseguir con las clases, de nada sirve enojarse, además no deseo molestar a Hao- su voz volvió a sonar tranquila e indiferente.

-Bien, ahora te enseñare a hacer un solfeo- iba a comenzar a tocar cuando Anna lo interrumpió.

-Yoh- su voz sonaba distinta a la habitual- podrías tocar una pieza, siempre he querido escuchar como tocas.

Él solo se limitó a sonreír, trono sus dedos y comenzó a tocar Los cuadros de una exposición, del compositor ruso Modest Músorgski.

Y mientras tocaba, Anna acepto por primera vez que se había equivocado con respecto a Yoh, “Tal vez, él es más de lo que imagino”

Y en aquel momento ambos quedaron inevitablemente unidos.

CONTINUARA...

CAPITULO 12: Vientos del Norte.

Sentada, esperando, escuchando y pensando, parecía ausente, la suave brisa jugaba con su larga cabellera azul, miraba a los niños correr de un lado a otro por todo el parque, se respiraba irremediablemente una atmósfera de paz.

Rodeando sus hombros, unas manos la sujetaban con dulzura, y de vez en cuando la acercaba a su cuerpo como si quisiera protegerla ahora, mañana y siempre.

-¿Te sucede algo?- le preguntó al notar su mirada ausente.

-No, nada-y le regalo una tierna sonrisa-¿por qué lo preguntas?

-Es que parecías tan lejana de este mundo- beso su mejilla.

-Estaba simplemente pensando.

-Puedo saber en que- y la estrecho fuertemente.

“En Len”

-Sí, en nosotros-mintió.

-¿Sabes Pilika?, Jamás había sido tan feliz como lo soy ahora.

-Lyserg, ¿puedo preguntarte algo?- y se separó ligeramente para mirarlo a los ojos.

-Por supuesto- le dijo mientras acariciaba con suavidad su mejilla.

-¿Sales conmigo porque me quieres, verdad?- lo miraba expectativa.

A él lo sobresalto la pregunta.

“En parte porque te amo y en parte para vengarme de Len Tao”

-Sí, pero no solo te quiero, te amo- y sosteniéndole la barbilla rozo delicadamente sus labios.

Ella enlazó su labio inferior con el de él y lo beso de manera apasionada.

“Debo de dejar de pensar en Len, él no me quiere, me ha dañado profundamente, mientras que Lyserg me ama de manera inimaginable, él me gusta y me siento bien a su lado, con él no hay tortura y vanidad, simplemente amor”

Cuando se separaron se miraron con ternura, él se incorporó y le tendió la mano para ayudarla a levantarse.

-Vámonos, tu hermano nos espera.

-Esta bien- murmuro al tiempo que lo abrazaba.

“Lo que daría porque me vieras ahora Tao, me encantaría preguntarte quien es ahora el ganador”

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

-Has mejorado notablemente-y una sonrisa ilumino su rostro.

-Gra... gracias- y trato de sonar segura.

-No sabes cuanto me sorprendes Anna, en estas tres semanas que llevamos de clases has avanzado de manera considerable.

-Tengo a un buen profesor.

-Oh no, eso no es cierto- y un leve sonrojo afloro en sus mejillas- siempre he creído que todo el crédito se lo llevan los alumnos, el profesor solo trata de enseñar lo poco que sabe.

-Tal vez, y tú eres una prueba viviente de ello- y sonrió débilmente.

-¿Por qué?

-Por que supongo que superaste a tu propio profesor de piano.

-No, yo nunca seré como el maestro Tohishiro- su voz sonó triste y en sus ojos la chispa alegre se esfumo- él era todo un gran señor, yo no soy ni la mitad de lo que él era.

-Eso no es cierto, eres muy bueno, llenas conciertos, los países europeos se disputan tu presencia, tienes éxito- no entendía como él mismo se menospreciaba de esa manera.

-Pero eso, Anna, no lo es todo en la vida- la miró fijamente.

Ella se quedó pensativa por un instante, no comprendía el porque de sus palabras, dando pauta a un incomodo silencio.

-Bueno, pero esa es otra historia-suspiro y su mirada alegre regresó- en lo que nos quedamos, hoy ibas a tocar tú primera canción.

-Yoh-murmuro- Aún no estoy lista, me gustaría ensayarla un poco más. “La verdad es que ni siquiera he escogido una”

-Entiendo, bueno pues entonces me voy- y se levantó del banco.

-Oye, espera, Hao regresara muy tarde- lo miraba expectativa-podrías quedarte y charlar.

Yoh abrió enormemente los ojos, era su imaginación o ella en realidad le había pedido que le hiciera compañía.

Desde aquel incidente en el cual ella perdió los estribos, ambos se habían comenzado a tratar con cordialidad, ella ya no le hablaba con frialdad ni lo barría con la mirada, nunca habían sostenido una platica larga, se limitaban a hablar lo mas indispensable, se sentía una atmósfera extraña cada vez que estaban cerca pero que los hacía sentirse extremadamente bien, por eso evitaban hablar no querían que ninguno sonido acabara con esa débil y momentánea felicidad.

Ella comenzó a molestarse al notar que el chico no hablaba y solo la miraba con cara de incredulidad.

-Entiendo, sí tienes cosas que hacer- dijo con frialdad.

-No, no, para nada, será un honor.

-Gracias, pasemos a la sala, aquí es muy incomodo- se levantó y comenzó a caminar hacía la habitación continua, mientras que Yoh la seguía muy de cerca, todavía muy confundido.

Se sentaron en el cómodo sofá de tres asientos, lejos el uno del otro, miraban fijamente hacía el horizonte y el silencio invadió el lugar, ninguno sabía como comenzar una conversación.

-¿Qué te parece sí?- dijeron al unísono.

-No, no, a ver empieza tu- repitieron al mismo tiempo.

Se sonrieron al notar su mutua incomodidad, así que Anna se armo de valor y comenzó.

-Hao me ha dicho que has viajado mucho, ¿qué países has visitado?- se ladeo un poco para quedar frente a él.

-Al primer país que viaje fue a Austria, después viaje a Rumania, España- fijo su vista en el techo al tiempo que contaba con los dedos-Portugal, Inglaterra, Mónaco, Italia y por ultimo a Francia.
-¿Sabes?, Yo siempre he querido viajar, me encantaría conocer Francia-se abrazó ella misma- hace un poco de frío, ¿quieres una taza de té?

-Sí, por favor- y se acomodo en el sillón.

Anna se levanto y se dirigió a la cocina, lleno la tetera y la coloco en una charola plateada junto con dos tazas, alzo con cuidado la charola y regreso a la sala donde la coloco en la mesa de centro, y se dispuso a servir el té.

-¡Pero sí es el juego de té que compre en Italia!- grito sorprendido.

Ella pasó su vista de él hacía la vajilla, sin darse cuenta había utilizado el precioso juego de porcelana blanco con pequeñas florecitas pintadas en dorado.

-Por lo que veo sí te gusto, lo compre pensando en ti sin haberte conocido, supuse que te agradaría y veo que ha sido así- y sonrió complacido.

-Oh, sí claro- se apresuro a decir, en realidad en todo lo que llevaba de casada con Hao, esa era la primera vez que lo utilizaba.

Le extendió una taza y ella tomó la suya y volvió a sentarse cómodamente en el sofá.

-Entonces te gustaría conocer Francia- comenzó él reanudando la conversación.

-Sí, me parece un país por demás interesante- y le soplo delicadamente al té para que se enfriara.

-Y lo es, es muy bello, es un lugar muy bohemio, sus calles, sus cafés, todo él te envuelve atrapándote en una atmósfera un tanto melancólica y romántica- sus ojos brillaban intensamente al recordar.

-Ahora entiendo porque te enamoraste ahí de Tamao- trato de disimular el tono un tanto amargo de su voz.

-Te equivocas, no fue por eso, ella es una gran persona, es muy inteligente y cocina deliciosamente, creo que por eso me case con ella, porque sabe cocinar, me conquisto a través de mí estomago- y río de una manera peculiar- Aunque a veces quisiera que se comportará de otra manera.

-¿Qué quieres decir?- a Anna le había picado el molesto gusanito de la curiosidad.

-Mira, yo sé que esto no te importa, pero a veces necesito a alguien que me escuche-su voz sonaba nerviosa- sucede que ella es tan tranquila que ha llegado incluso a molestarme esa forma de ser- tragó saliva y abrió su corazón-Yo siempre soy él que habla dice y opina, ella solo acata mis ordenes, no piensa por ella misma, esta atada a mis decisiones y a mí no me gusta parecer el jefe del ejercito, a veces me gustaría que se opusiera, que me dijera que lo que pienso o digo esta mal, que ella expresara sus deseos y su forma de pensar, pero no, nunca lo hace y eso provoca una explosión en mis nervios y en mi paciencia, pero no sabes cuanto me gustaría que cambiara- y sonrió melancólicamente.

-Eso mismo me pasa con Hao-y su rostro se ensombreció- él siempre dice, hace y ordena y quiere que me someta a su voluntad y a sus decisiones, no comprende que también tengo mis propias ideas y mi propia manera de pensar, que tengo anhelos muy distintos a los de él, nunca comprendió mi entusiasmo por el trabajo, él solo quiere que lo atienda, y no es que no quiera hacerlo solo es que tengo otro tipo de pensamiento- su voz sonó triste-yo siempre he luchado en la vida, soy huérfana y desde muy pequeña supe que el estudio y el trabajo eran lo que me sacarían adelante, con mucho esfuerzo logre sacar mi titulo en derecho y justo cuando había alcanzado un buen puesto y estaba realizándome de la forma que siempre había soñado, Me despiden-una mirada de rencor apareció en sus ojos- me dolió saber que el responsable de mi despido había sido mi propio marido.

Ahora Yoh entendía porque era tan fría, había tenido una vida difícil que la había hecho volverse así.

-Sé que mi hermano no tiene perdón por eso-sonrió- y con lo que voy a decirte no quiero que pienses que trato de justificarlo pero Hao siempre ha sido así, siempre tan exigente y meticuloso con sus cosas.

-Sí, ya lo sé, por eso he tratado de vivir así, aunque a mí también me gustaría que cambiara, me gustaría que fuera más tolerante y más flexible-y le dio un sorbo a su té.

Él le sonrió y también bebió un poco del contenido de la taza, de pronto un de los ojos de Anna comenzó a parpadear violentamente mientras que ella dejaba la taza en la mesa y se comenzaba a tallar con desesperación.

-¿Te ocurre algo?, ¿Estas bien?- y dejando su taza también se apresuro a acercarse.

-Me ha entrado algo en el ojo, me arde y no puedo abrirlo por completo-se quejó.

-A ver, permíteme-y le retiró delicadamente su mano y con una suya abrió por completo el ojo de la chica- No te muevas, es solo una pelusa de polvo- la muchacha obedeció, él abrió aún más el ojo y soplo, la pelusa voló y se perdió en el espacio- Ya esta.
Anna parpadeo y comprobó que ya estaba mejor.

-Gracias-le dijo y le sonrió.

Él aún mantenía su mano en la mejilla de ella y ambos se percataron de lo cerca que estaban, temblaban nerviosamente mientras se miraban fijamente, podían sentir el suave y tibio aliento del uno sobre el otro, Yoh rozó con suavidad su mejilla y Anna se estremeció bajo la caricia, ella comenzó a acercar su rostro al de él de manera inevitable y él a su vez también comenzó a acercarse, la distancia entre ellos era casi nula, sus ojos lentamente se iban cerrando en tanto que sus labios se acercaban de manera peligrosa...

Y justo cuando ambos iban a alcanzar la gloria, la puerta de la entrada se abrió estrenduosamente.

-¡Anna!, Ya llegue- gritó una voz masculina, provocando que ambos jóvenes se separaran abruptamente y se miraran confundidos mientras se alejaban violentamente el uno del otro.

Él hombre entró y sonrió.

-Yoh, hermano, ¿qué haces aquí tan tarde?- y estrecho la mano de su hermano.

-La clase se prolongo un poco más, pero ya me iba-contesto un poco aturdido.

-Que lastima, yo que esperaba que te quedaras a cenar-y lo miro decepcionado.

-Sí, lo siento, pero creo que ya es tarde y aún tengo que ir a la Nacional de Música- estrecho la mano de Anna y la miro directo a los ojos, buscaba una respuesta, cuando la encontró la soltó y le sonrió después se dirigió a su hermano y también le estrecho la mano-Hao, Anna, adiós.

Y salió a la calle con una idea clara en su mente.

-Anna, ¿qué hay de cenar?, Me muero de hambre-le dijo mientras se estiraba y se dejaba caer el sillón a lado suyo.

Pero Anna no lo escuchaba, estaba confundida, en su interior encontró la respuesta que tanto ansiaba y que no le gustaba.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Caminaba de regreso a su casa cuando una voz la llamo a lo lejos, se volvió lentamente y sonrió al ver a un joven alto y un tanto musculoso de cabellos azules acercarse.

-Tamao, que sorpresa encontrarte-le dijo y sonrió.

-Sí desde la fiesta no te había vuelto a ver, ¿qué ha sucedido contigo?

-¿Vas a casa?-la muchacha asintió con la cabeza- Es una lastima, podría haberte invitado un café y ahí platicar-y agacho tristemente la mirada.

La joven consultó su reloj, no le gustaba verlo triste, él era su mejor amigo, además de que hacía mucho que no lo veía.

-Aún es temprano, talvez pueda quedarme un rato.

-Pero, ¿Yoh no se molestará si llegas tarde?-dijo preocupado.

-No, él llega más tarde, da clases en la escuela de música y no llega hasta como a las diez, ahora Horo Horo, ¿vas a invitarme ese café?- trato de parecer hastiada y se cruzo de brazos.

Él lanzó una sonora carcajada y entraron al café más cercano, el que estaba a tan solo media cuadra. Se sentaron en los cómodos asientos color rojo y pidieron sus cafés y en tan solo unos instantes ya se encontraban enfrascados en una interesante conversación.

-Entonces, tú también das clases de música- recibió su café-gracias-volvió a su conversación-solo que en una escuela particular.

-Así es, y tú, es grato saber que eres la chef de un lujoso restaurante-bebió de su café express.

-Dime, ya has encontrado novia-lo miro pícaramente.

-No, no, aún no-contesto nervioso mientras un rojo afloro en sus mejillas- En realidad estoy enamorado desde hace tiempo de una.

-¿Enserio?, Pues ha de ser una muchacha muy afortunada, tú eres un gran ser humano, debe de sentirse muy orgullosa de que alguien como tú se halla fijado en ella, pero cuéntame, ¿ella te corresponde?-le dijo mientras sorbía la espuma del chocolate.

-No, ella no lo sabe-y agachó con tristeza la cabeza.

-Y que esperas Horo Horo para decírselo-lo miraba molesta- Toma valor y declárate.

-Es que no hace falta, ella ya esta con otro-en su voz había melancolía.

-Ya veo-suavizo el tono de su voz-pero aún así deberías decírselo, así cuando no se sienta querida por lo menos recordara que en algún lugar hay un gran hombre que la quiere.

-¿Tú crees?, Y, ¿sí ella se ofende?-en su voz había expectación.

-No lo creo, a las mujeres nos gusta que nos digan que nos quieren, aunque estemos con otro- y bebió con prisa el chocolate- ya me voy, no quiero que llegué Yoh y no me encuentre.

-Sí, esta bien, nos vemos Tamao.

Ella se levantó y se dirigió hacía a la puerta, pero antes de salir le dijo:

-Sigue mi consejo Horo, veras que sí funciona- y salió de la bulliciosa cafetería.

“Algún día lo seguiré Tamao, algún día te confesare todo lo que mi alma siente por ti”

CONTINUARA...

Capítulos

-Prologo.

-1.Una Gran Hermandad

-2.Noticias inesperadas

-3 Días con Sol

-4 Acontecimientos

-5 ¿Casualidades?

-6 Romances

-7 Noches de Verano

-8 Reencuentros

-9 Celebraciones

-10 Conflictos

-11 Bajo la lluvia del corazón.

-12 Vientos del Norte

 

 


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